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Reportaje
Mujeres indígenas invisibilizadas por Morena
Mientras la “Cuarta Transformación” asegura que trabaja en favor de las mujeres indígenas, en los hechos, éstas carecen de empleo, acceso a la salud y a la educación.


Mientras la “Cuarta Transformación” asegura que trabaja en favor de las mujeres indígenas, en los hechos, éstas carecen de empleo, acceso a la salud y a la educación, y no están debidamente representadas en las demandas de los que investigadoras indígenas han denominado feminismo “de Estado”, “de gobernanza”, que se cuida de cuestionar el orden social y la lucha de clases, proclama “el año de las mujeres indígenas” mientras militariza y devasta su territorio y mantiene sobre ellas una doble explotación.

En septiembre de 2024, la administración anterior publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma al Artículo 2° de la Constitución, en la que se les reconoce como sujetos de derecho público, a definir sus propias formas de gobierno y preservar sus lenguas.

Las mujeres indígenas, el pilar de sus familias, han desempeñado un rol definitivo en las luchas por la autodeterminación y la conservación de las culturas originarias; pero hoy sus derechos humanos permanecen discriminados y violentados por las actuales autoridades.

En sus comunidades, o aún fuera de sus lugares de origen, no sólo están al cuidado de los familiares más cercanos, sino también de sus vecinos, del agua, de los caminos, de los cultivos y de los bosques.

La difusión de su cultura ha dependido de ellas y ésta es la razón por la que académicos, colectivos feministas, servidoras públicas y autoridades comunitarias han alzado la voz para que les reconozcan la función social básica en México.

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha creado becas y pensiones para las mujeres; éstas en “algo ayudan”, pero se requiere “una política pública que hable desde las mujeres indígenas para las mujeres indígenas, no desde las otras que nos nombran”, reveló a buzos Gloria Isabel Figueroa Gómez, doctora en Estudios feministas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco).

Sobre las actividades cotidianas de muchas de ellas, la académica destacó “no sólo los cuidados que brindan a sus familiares, sino a toda la comunidad”, cuyos ejemplos citó entre los efectuados en varios centros de salud.

Con respecto a las mujeres que migran desde sus comunidades de origen, Figueroa Gómez explicó que “es una responsabilidad tal vez doble o triple, porque significa mantener la cultura y producir cultura desde otro lugar. Su participación resulta muy importante, pero no se ha visibilizado lo suficiente”.

En la política o en los puestos públicos que toman decisiones, la académica destacó la existencia de cada vez más mujeres indígenas que están luchando por participar en la defensa de sus derechos.

Cuestionada sobre la representación de la mujer indígena en la celebración del Día Internacional de la Mujer en México este ocho de marzo (8M), Figueroa sostuvo que “cuando hablamos del 8M, pareciera que las luchas que están ahí que son bien válidas, creo que lo menos que debemos hacer es separarnos.

“Sí nos ha dado mucho; hemos ganado mucho con el feminismo hegemónico, nos ha dado mucho por los derechos de las mujeres, mucho se ha caminado; sin embargo, ésa no es la lucha de todas las mujeres”.

La experta en planteamientos del feminismo en México estima que esa fecha no reivindica las demandas de este sector –del que ella forma parte, al reconocerse indígena– pues “tenemos la sospecha de que nos minimiza”. Esto se debe, en parte, a que, por su formación y cultura, muchas indígenas no se asumen feministas.

La académica, de raíces nahuas y huastecas, precisó que las mujeres indígenas tienen su propia agenda. “Reivindicamos diferentes cosas que, desde mi perspectiva, no se pelean (con el feminismo hegemónico), sino que se complementan; porque como feminista, no podría decir o descalificar a las mujeres que han abierto brecha.

“El feminismo ha abierto brecha, ha logrado mucho; sin embargo, las indígenas estamos poco o nada representadas ahí. Por eso es la lucha de las comunitarias. Las luchas comunitarias son luchas en las que seguimos nuestra propia agenda, nuestra lucha. Pero al menos yo no descalificaría al feminismo hegemónico, al contrario, lo veo como complementario. Pero efectivamente, tenemos una posición incómoda”.

Cifras y criterios contradictorios

En agosto de 2022, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) informó que una de cada 10 mexicanas era indígena; es decir, que en ese año había alrededor de seis millones; y agregó que, de éstas, el 56 por ciento estaba casada. Para esa institución, una persona indígena es la que pertenece a una familia con ascendencia y lengua indígenas.

En 2020 había en el país, según el Censo de Población y Vivienda del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), siete millones 364 mil 645 indígenas, de los cuales 51. 4 por ciento, es decir, tres millones 785 mil 427 eran mujeres.

Por otra parte, el Gobierno Federal, con datos generados por una encuesta aplicada en 2023 determinó, en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que el número de mujeres indígenas se acercaba a los 6.4 millones.

Mientras que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que de 39.2 millones de personas de tres años y más que se identificaban como indígenas, sólo 7.4 millones hablaban alguna lengua originaria.

Estos 7.4 millones, que representan el 5.6 por ciento de la población nacional, están repartidos principalmente en cinco entidades: Oaxaca (26.3 por ciento), Yucatán (24.3 por ciento), Chiapas (22.4 por ciento), Guerrero (13.5 por ciento) y Quintana Roo (12.9 por ciento).

En educación, el Inegi reveló que la población indígena de 15 años y más tuvo 4.1 grados menos de escolaridad que la no indígena (6.5 de 10.6 grados), brecha que es más amplia entre las mujeres, cuyo promedio era de 4.4 grados (6.1 de 10.5 grados).

En relación con este problema, la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) reportó que la inasistencia a las aulas se profundiza en los indígenas, porque el 24 por ciento de las mujeres de este sector faltaba a clases frente al 12.3 por ciento de las no indígenas.

Esta situación se debe, sobre todo, al círculo de la pobreza extrema, a la lejanía de las escuelas, las barreras lingüísticas, a las tradicionales tareas domésticas y, además, a la doble discriminación que sufren por ser mujeres e indígenas.

Estos problemas, según la investigación Mujeres indígenas, de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos (CIDH), perpetúan el rezago educativo y la falta de oportunidades en las mujeres.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) México sostiene que la población indígena en el país tiene mayor riesgo de no asistir a la escuela y no terminar su educación básica obligatoria debido, entre otras causas, a la falta de acceso y el alto grado de marginación de las comunidades indígenas y de sus escuelas.

“Mientras que el promedio nacional refleja que una de cada 20 personas es analfabeta y que una de cada cuatro personas sólo hablan una lengua indígena y no saben leer ni escribir”.

Una encuesta del Inegi aplicada en 2023 estimó que la brecha entre los indígenas analfabetos y los no indígenas de 15 años y más correspondía al 16 por ciento, porque el analfabetismo entre los indígenas era del 19.1 por ciento y el de los mestizos del 2.8 por ciento.

El analfabetismo según el sexo reportó una diferencia de 21.1 puntos porcentuales entre mujeres indígenas (24.2 por ciento) y no indígenas (3.1 por ciento).

El documento Desigualdad en cifras, del Inmujeres, publicado en 2022, evidenció también la gran desigualdad que viven las mujeres indígenas en contraste con las no indígenas; mientras el 32.5 por ciento de las indígenas son jefas del hogar, el 25.7 por ciento de las no indígenas realizan labores domésticas en sus casas.

Además, los ingresos económicos del 49.4 por ciento de las indígenas jefas del hogar son menores o iguales al 27.9 por ciento de las no indígenas.

Sobre su integración en la economía, hubo mayor participación de la población indígena que la de la no indígena; en 2023, el 64.6 por ciento con edades mayores a los 12 años realizaba alguna actividad económica frente al 61.8 por ciento de la población no indígena.

Los principales trabajos ejecutados con mayor frecuencia por las indígenas se centran en el ambulantaje, las labores domésticas y agrícolas; mientras que sólo el 11.5 por ciento es profesionista.

¿Qué dice el gobierno?

En 2025 fue instituido el Año de la Mujer Indígena por el Gobierno Federal para hacer valer la lucha por los derechos y la cultura de los pueblos originarios y honrar el legado y liderazgo de las mujeres indígenas en la historia de México.

El 31 de enero del año anterior, la Presidenta invocó “una razón histórica de justicia social, de justicia para las mujeres indígenas que han sido históricamente las más discriminadas y las menos reconocidas; ahora estamos reivindicando a todas las mujeres y de inicio a quien tenemos que reconocer es a la mujer indígena”.

Entre las acciones que el gobierno de Sheinbaum anunció para sacar del rezago a las poblaciones indígenas, específicamente a las mujeres, destaca el programa asistencialista Pensiones Mujeres Bienestar, destinado a las que tienen edades entre 60 y 64 años.

En este grupo tienen atención prioritaria 176 mil 571 mujeres indígenas y afromexicanas; y la traducción de la Cartilla de Derechos Humanos en 35 lenguas indígenas para que conozcan sus derechos.

Asimismo, se organizó el Foro Construcción Comunitaria del Programa Integral para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres; y el Foro de Aportaciones para la infraestructura social de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas para que las mujeres de esas comunidades administren tales organizaciones.

Sin embargo, “tenemos problemas de violencia, seguimos teniendo falta de reconocimiento de los derechos de las mujeres, tenemos problemas de discriminación, de racismo; por un lado, van los derechos humanos y van avanzando; surgen esfuerzos de mujeres indígenas organizadas; pero donde menos se concentra o donde menos llega, es en las comunidades de origen. Ahí todavía hay rezagos muy importantes; ahí sí ha habido problemas que ya se creían superados, pensando en todas las violencias hacia las mujeres”, denunció la académica Gloria Isabel Figueroa.

Las comunidades indígenas se rigen por usos y costumbres en los que la mujeres tienen un papel importante. La asamblea es la máxima autoridad y ahí, desde “nuestros propios sistemas normativos internos, decidimos los caminos a donde queremos llevar a nuestra población. Es importante lo que se hace con nuestros territorios, lo que queremos hacer. Sin embargo, falta difusión, organización y faltan muchas cosas para avanzar; y las mujeres indígenas no estamos del todo contempladas en esas políticas. No se trata de que sólo nos den apoyos; nos hace falta que realmente se abran más espacios donde podamos colocar lo que pensamos desde nosotras; que se nos deje de hablar de nosotras sin nosotras; porque es increíble que veamos foros donde no están las mujeres indígenas; eventos donde se habla de las indígenas, pero no están. ¿Qué política pública puede ser ésa en donde no estamos convocadas y no participamos?”, sentenció.

Sobre la designación de 2025 como el Año de la Mujer Indígena, la académica Diana Palacios, en su texto 2025, el Año de la Mujer Indígena: feminismo de Estado y la instrumentalización de las de abajo”, el 21 de septiembre pasado difundió que tal conmemoración pertenece a una operación ideológica propia del feminismo liberal-burgués, que no busca una transformación estructural, porque reproduce una política centrada en la producción simbólica, superficial y funcional al capital; en la que la figura de la mujer indígena es despojada de su dimensión histórica, política y social y convertida en un ícono decorativo, solamente útil para legitimar al régimen y no para cuestionarlo.

Se trata de un “feminismo de gobernanza”, un discurso que se apropia del lenguaje de los derechos para sugestionar poblaciones, limpiar la imagen del gobierno y evadir cualquier disputa con el orden social y de clases existente.

“… se proclama un año en nombre de las mujeres indígenas mientras sus territorios son militarizados y sujetos de políticas extractivistas en provecho de las trasnacionales; sus derechos colectivos negados y profundamente explotadas, si no es que en las peores condiciones laborales del país”.

Para la doctora en temas feministas Gloria Figueroa, “no basta con discursos ni proclamas que reconozcan a las mujeres indígenas como tales; se necesitan acciones y la inclusión de las mujeres en la toma de decisiones. Se necesita que abran espacios para la participación y que se respete lo que las mujeres indígenas quieren, no lo que quieren las feministas, las otras; que se nos consulte a nosotras en cuanto a mujeres, y que nosotras podamos decir qué queremos. 

“Sí queremos educación, pero con pertenencia cultural. Sí queremos derechos a la salud, pero con pertenencia cultural. Sí queremos una cuestión de empleos, pero bien pagados. ¿Cuántas compañeras tenemos como empleadas del hogar y cómo batallan?

“Las mujeres que estamos en la academia, pues estamos batallando todos los días; damos una lucha ahí para que seamos reconocidas, que seamos vistas; porque se nos mira a ver si somos capaces; tenemos que hacer un doble esfuerzo”, demandó Gloria Isabel Figueroa Gómez.

Para avanzar en las acciones a favor de las mujeres indígenas del país, un primer paso –de acuerdo con la investigadora– es que sean consultadas y, mientras, abrir espacios de participación en las tareas destinadas a favorecer a las mujeres en sus comunidades.

En el Colectivo “no pensamos en las mujeres indígenas solas; siempre nos pensamos en relación con nuestro pueblo, nuestras parejas, nuestros hijos; lo que logramos es para todos porque venimos de un lugar de opresión que, si bien somos más oprimidas que otros, pues caminamos juntos, y eso es algo que muchas veces no se entiende”. 


Escrito por Citlali A. Ramírez M.

Periodista


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