Los niños de México ya no corren ni juegan ni socializan porque están expuestos a celulares y tabletas, cuyo uso excesivo les causa problemas de atención, concentración y desarrollo físico y mental, según los expertos.
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De un día para otro, miles de migrantes se quedaron en la incertidumbre y varados en las distintas ciudades fronterizas; Tijuana es una de ellas. Se desconoce incluso cuántas personas se encuentran en esta situación en Baja California, pues no existe una estadística oficial.
Un 20 de enero de 2025, la administración del presidente Donald Trump eliminó la aplicación CBP One, una herramienta gratuita de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (EE. UU.), que permitía a las personas programar citas para solicitar asilo político o un permiso humanitario.
En enero de 2025, el gobierno estadounidense anunció la cancelación del programa de citas CBP One, con el que cientos de miles de personas en contexto de movilidad habían solicitado asilo desde enero del 2023, cuando el presidente Joe Biden implementó esta medida para un ingreso ordenado al país vecino.
En las afueras de los puntos fronterizos entre México y EE. UU., familias enteras se quedaron a un paso de ingresar para comenzar su proceso de asilo. Con esta medida, quienes salieron de sus lugares de origen para huir de contextos de violencia y pobreza, vieron truncadas sus esperanzas.
Yoselin, una mujer de 31 años y originaria de El Salvador, tenía su cita para el cinco de febrero de 2025. Ella salió de su país con sus dos hijos menores de edad por la violencia que les arrebató a familiares cercanos y por el régimen implementado por el actual gobierno y con el que personas inocentes fueron arrestadas. Vendió todos sus bienes y se encaminó hacia México para pedir asilo y comenzar una nueva vida.
Con sus hijos, de 12 y ocho años, vivió nueve meses en un albergue de Chiapas mientras realizaba los trámites para obtener estatus de refugiada en México, luego se trasladó a Saltillo, Coahuila, donde pasó otros nueve meses también.
En ese lapso obtuvo un empleo y sus hijos entraron a la escuela mientras conseguía una cita mediante la aplicación CBP One. Después de varios meses de intentar, el 17 de enero obtuvo la aprobación, por lo que vendió los bienes que había acumulado; empacó maletas y compró un vuelo a Tijuana con fecha del 22 de enero.
Sin embargo, dos días antes de llegar a Tijuana, el gobierno de Donald Trump anunció la cancelación de solicitudes de asilo. Sin otra opción llegó a la ciudad fronteriza de Baja California y se instaló en el albergue Espacio Migrante.
“Justamente acabábamos de comprar nuestros vuelos cuando nos metemos al Facebook a ver; y salía que, el 20 de enero, Donald Trump agarraba su poder y todo eso; y no lo podíamos creer porque pensamos que era fraude… Pero, el día que llegamos aquí –Tijuana– todo fue, no sé ni cómo explicarlo, muy duro, lo sentí muy duro”, lamentó Yoselin.
Recordó que no fue un proceso sencillo solicitar la cita con CBP One, ya que había fallas con la aplicación, por lo que tuvo que pagar para que alguien la asesorara. Desde hace un año vive en Tijuana, los primeros nueve meses en el albergue Espacio Migrante, pero, posteriormente salió a rentar un pequeño departamento. “Lloramos varios días; pero yo pensaba: ¿Qué voy a hacer ahora? Me sentía estable en Saltillo, pero y ahora ¿Qué vamos a hacer?”, contó para buzos de la noticia.
Además, compartió que los primeros días, una vez en Tijuana, acudió con abogados migrantes que les informaron que, por el momento, sería imposible solicitar asilo. Fue a partir de ese momento que decidió quedarse en la ciudad para comenzar desde cero; pero la experiencia le resultó compleja.
“Sí ha sido muy difícil lo del empleo por ser salvadoreña… nunca pude conseguir un trabajo. Porque dejo mi solicitud y sólo ven de dónde soy, pues no sé por qué la discriminación, siento yo, por ser salvadoreña”, explicó.
En la actualidad, Yoselin subsiste con sus hijos a partir de pequeños trabajos de limpieza que realiza en casa de una de sus vecinas, y de algunos apoyos que le envía un familiar desde EE. UU.; la falta de empleo le genera “bajones” emocionales, pero volver a El Salvador no es una opción.
Para ella, vivir en Tijuana, una de las ciudades varias veces catalogada como violenta, le genera una mejor oportunidad, según relató. Pero para llegar a EE. UU. ya no existe esperanza. Hoy sólo confía en conseguir un empleo que le permita ofrecer una mejor vida a sus dos hijos.
Paulina Olvera, directora del albergue Espacio Migrante, lugar que se dedica a otorgar asilo a familias en contexto de movilidad, opinó que uno de los impactos más importantes, luego de la cancelación del CBP One, ocurrió en la salud mental de los solicitantes.
“Hubo diferentes reacciones; para todos fue un gran impacto, sobre todo en la salud mental; en tener que replantearse qué harían ahora”, detalló Olvera.
En su experiencia, algunos de los integrantes de las familias pudieron conseguir un empleo más rápido que otros, lo que les dio un sustento para buscar dónde vivir; sin embargo, no todos corrieron con la misma suerte, todavía hay familias que apenas buscan cómo salir del albergue e instalarse en la ciudad.
Reportó que las principales afectadas fueron las madres autónomas, que en su mayoría conformaban los núcleos familiares que vivían en el albergue. Entre las reacciones que se produjeron hubo cuadros de depresión y ansiedad. Dado que eran varias madres de familia con sus hijos que viajaban sin la compañía de una pareja y se reunieron de forma autónoma para compartir renta, como una medida estratégica.
Por otra parte, las decisiones de quienes se vieron sin la posibilidad de un asilo en EE. UU. fueron diversas. Mientras unos se quedaron en Tijuana, otros viajaron a la Ciudad de México, pero también hubo familias que decidieron arriesgarse y cruzar irregularmente.
Olvera refirió que, en 2025, fue notoria la disminución de personas o familias que solicitaron un espacio en el albergue. Aunque tiene capacidad para recibir a unas 35 personas, en 2025 no era posible instalar a nuevos integrantes porque las familias con citas para asilo canceladas estaban en espera sin saber qué hacer.
A pesar de esta situación, la llegada fue menor comparada con otros años, cuando se produjo una crisis migratoria por las listas de espera, situación que ya no ha ocurrido.
Con respecto a otras alternativas para la solicitud de asilo, destacó que, luego de la cancelación del CBP One, abogados en temas migratorios que suelen brindarles asesoría informaron a la comunidad que vivía en el albergue y que no existía alguna posibilidad para solicitar asilo como ocurrió años atrás.
Incluso, reconoció que, en algunos casos urgentes, por cuestiones de seguridad o salud, no fue posible conseguir que los recibieran en EE. UU. “Tuvimos que reenfocar eso y empezar a brindar más información sobre cómo pedir refugio en México, qué opciones había”, subrayó la directora de Espacio Migrante.
Emprendieron estas últimas acciones porque había migrantes que no solicitaron refugio en México porque estaban enfocados a contar con una oportunidad de asilo en EE. UU. El problema para quienes no eran mexicanos fue que el tiempo para solicitar refugio en México se les terminó y debían apelar y buscar más opciones.
Además, estimó que el contexto predominante en las fronteras entre México y EE. UU. es nuevo para la comunidad migrante. Esto se debe a que, en administraciones pasadas, aunque la política migratoria tenía el objetivo de disminuir los ingresos y alargar la espera con programas como el Migrant Protection Protocols (MPP) o “Quédate en México” o el Título 42; el primero, una política migratoria estadounidense (iniciada en 2019), devuelve a México a solicitantes de asilo no mexicanos para esperar sus audiencias judiciales.
“La principal población que tuvimos durante el año fue mexicana desplazada; y pues ellos ahorita están como en el mismo país de donde están huyendo, no se está respetando su derecho a solicitar asilo en otro país. Entonces, por ejemplo, para ellos ha sido el tema de seguridad”, sentenció la también activista.
Por otra parte, indicó que detectaron a algunas familias que sí cruzaron antes de que Donald Trump asumiera el cargo como presidente y tomaron la decisión de regresar a México ante el miedo de ser deportados, por lo que volvieron a Tijuana para establecerse.
El número de personas migrantes que llega a Tijuana para solicitar asilo o intentar cruzar de manera irregular disminuyó debido a las políticas migratorias estadounidenses para inhibir esta dinámica social, destacó Rafael Fernández López, profesor-investigador del departamento de Estudios Sociales del Colegio de la Frontera Norte (Colef).
“Esto ha venido sucediendo con diferentes disposiciones que me parecen otros cambios relevantes en el sentido de que hay un discurso abierto, declarado y hostil contra la presencia de personas migrantes y refugiadas que buscan ingresar a EE. UU.”, destacó el especialista, quien consideró que la campaña de deportaciones –existente, aunque no similar a las cifras de otros años– es un factor para que las personas sientan temor y no busquen la manera de llegar a EE. UU.
Sobre el destino de la comunidad migrante que salió de los albergues al ver truncada la posibilidad de solicitar asilo en EE. UU., señaló que algunos se quedaron en las ciudades donde efectuaron la solicitud, otros cambiaron la residencia a entidades que les daban mejores alternativas de vida y unos más volvieron a sus países de origen.
“Pero también se encuentran con la dificultad de acceder a algún otro mecanismo legal formal aquí en México para regularizar igualmente su situación migratoria. Entonces, esto los pone en una situación de indefensión y de irregularidad terrible que dificulta sus condiciones de vida”, apuntó el profesor investigador del Colef.
“México te abraza”, el programa implementado por el gobierno actual y del que está a cargo la Secretaría de Gobernación, reportó que, entre el 20 de enero de 2025 y el 18 de marzo de 2026, han recibido a 189 mil 830 mexicanos repatriados de EE. UU. Octubre y diciembre mostraron un mayor número de repatriaciones con 16 mil 621 y 16 mil 230 respectivamente.
En contraparte, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP en inglés) informó que la Patrulla Fronteriza deportó a 55 mil 644 personas de diversos países entre enero del 2025 y febrero del 2026.
En cuanto a las detenciones diarias –en la frontera con México– de personas sin documentación que los acredite como ciudadanos estadounidenses, se estimó que van 11 mil 295 en el mismo periodo.
Uno de estos casos de repatriación es el de Eusebio, de 44 años, quien nació en el Estado de México, pero, desde 2007 a enero de este año, vivió en Nueva York, cuando fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés).
Compartió que el ingreso fue de manera indocumentada. En Nueva York trabajó y formó una familia; pero su esposa es de nacionalidad estadounidense y buscaron la manera de regularizar su estatus migratorio; sin embargo, el inicio de estos trámites derivo en su detención.
Su llegada a México desde EE. UU. fue por el estado de Matamoros, Tamaulipas; de ahí viajó a Tijuana con la intención de cruzar nuevamente para reencontrarse con su esposa e hijas. Actualmente vive en uno de los albergues de la Zona Centro de la ciudad, cerca de la garita de San Ysidro que lleva a San Diego, California.
En palabras de Eusebio, la desesperación por ver a su familia es lo que lo motiva a intentar nuevamente cruzar de forma ilegal, a pesar de los riesgos que conlleva esa acción, tanto por la zona que normalmente usa, como el pagar más de ocho mil dólares a personas que no conoce, pero le prometen que lo ayudarán a llegar a su destino.
“No me voy a engañar yo mismo: el motivo es intentarlo otra vez por mi familia. Ahorita, la primera vez tenía un trabajo, un lugar dónde vivir; pero la desesperación, la tristeza es algo que te dice, ok me voy”, relató.
Sobre su deportación, detalló que las autoridades llegaron a su domicilio en Nueva York sin darle la oportunidad de despedirse de sus hijas y esposa. Nunca tuvo certeza de los lugares donde estuvo porque, durante el proceso, fue trasladado a múltiples centros de detención en diversos estados.
Esta situación provocó que, cuando su esposa contrató a un abogado, ya no pudo hacer nada por estar fuera de la jurisdicción, debido a que no se encontraba ya en Nueva York, sino que era llevado de estado en estado hasta que lo repatriaron a México.
“Me sentí mal, me dolió; tuve depresión, tristeza, nostalgia, muchas cosas. Estás con tu familia y te pasa esto; es algo fuerte. Sí sufrí, pero tenía pensado, ok ya me deportaron y lo voy a intentar; pero cuando lo intenté y me agarraron, caí más en la depresión”, narra Eusebio la forma en que ha enfrentado este problema.
Aún con las medidas y políticas migratorias estadounidenses, la necesidad de buscar otras oportunidades de vida ocasiona que algunas personas insistan en llegar a EE. UU., tal es el caso de 15 personas migrantes que fueron detenidas en la costa de San Diego, California.
La Guardia Costera estadounidense informó que la madrugada del 27 de marzo interceptó una embarcación cercana a la costa de San Diego. Al momento de abordar la unidad, los tripulantes intentaron huir, sin embargo, fueron alcanzados y detenidos. Las 15 personas manifestaron ser de nacionalidad mexicana, y fueron entregadas a la Patrulla Fronteriza.
En Tijuana se tiene registro de 34 albergues destinados para brindar protección a la comunidad en situación de movilidad. De éstos, 17 pertenecen a organizaciones no gubernamentales; 14 están a cargo de un pastor u organizaciones que dependen de la Iglesia Católica y cristiana; y los tres restantes están administrados por los gobiernos Federal y estatal.
La capacidad de estos albergues varía, según para lo que estén destinados. Existen albergues mixtos que pueden recibir a hombres y mujeres; mientras otros, como Espacio Migrante o Madre Asunta, están destinados para familias y mujeres autónomas con hijos; por otra parte, existen albergues sólo para hombres, como la Casa del Migrante o el Hotel Migrante.
Datos públicos del Ayuntamiento de Tijuana refieren que los albergues tienen la posibilidad de recibir a cantidades distintas de personas, según el tamaño del espacio.
La mayoría de estos espacios hospeda hasta 40 personas, pero hay otros, como la Iglesia Cristiana Embajadores de Jesús, que tiene capacidad para más de mil personas. Este albergue actualmente contiene más familias; su crecimiento es tal que han construido una escuela para las niñas y niños que viven ahí.
La cifra total es una variable por la movilidad de este segmento poblacional; sin embargo, refirieron que tienen entre 30 y 50 por ciento de los migrantes viviendo en sus espacios. Aunque ninguno de los albergues que brindaron información señaló que estén propensos al cierre por la falta de solicitantes, subrayaron que la falta de apoyo social es una situación persistente desde hace varios años.
El único espacio que ya no funciona en los últimos años, previo a la llegada de Donald Trump, fue un hotel-filtro de la Organización Internacional para las Migraciones, que se utilizó para albergar a la comunidad migrante durante la contingencia sanitaria de Covid-19 y que cerró sus puertas al finalizar la etapa de pandemia.
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Escrito por Uriel Saucedo
@urieletesaucedo