La insaciable ambición del imperialismo de apropiarse los recursos naturales de otros países lo lleva a intervenir en asuntos internos.
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La criminal agresión que el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) perpetró el pasado 28 de febrero contra la República Islámica de Irán, con el que asesinó al líder supremo iraní, el Ayatola Alí Jamenei y su familia, está repercutiendo en México con el alza de las gasolinas, el diésel, gas y decenas de mercancías de la canasta básica.
Irán, dos días después de las agresiones de EE. UU., tomó la decisión legítima de contraatacar; y el dos de marzo bloqueó el Estrecho de Ormuz –un espacio marítimo de 55 kilómetros de ancho entre Irán y Omán, que separa al Golfo Pérsico del Mar Arábigo– para interrumpir la ruta comercial más importante en el Medio Oriente, ya que por ella transita el 20 por ciento del petróleo y gas natural licuado (GNL) del mundo.
El estrecho de Ormuz es un brazo de mar por el que transitan diariamente alrededor de 13 millones de barriles de petróleo, es decir, el 31 por ciento de los envíos mundiales de crudo.
Este bloqueo incrementó los precios de los combustibles de consumo mundial. El pasado tres de marzo, la empresa energética estatal de Qatar, QatarEnergy, anunció que suspendía la fabricación de derivados del petróleo y gas natural, incluida la urea, el fertilizante más requerido en el mundo.
En opinión del periodista especializado en finanzas Atzayaelh Torres, la crisis en el Estrecho de Ormuz está impactando negativamente en la economía mundial, de la que México no es ajeno porque le golpeará por varios frentes. “El más visible e importante es la inflación en los precios de los energéticos, de los cuales México es altamente importador: sólo el 60 por ciento de las gasolinas que consumimos son importadas, en primer lugar, desde EE. UU. En situación parecida está el gas natural, con déficit comercial de 70 por ciento”, reveló.
En abril, los precios del petróleo escalaron 10 por ciento. El barril de crudo West Texas Intermediante (WTI), la referencia estadounidense, alcanzó los 111.54 dólares, un alza del 11 por ciento, la más alta desde 2020; mientras que el Brent del Mar del Norte, la referencia europea, llegó a los 109.03 dólares, un aumento del siete por ciento.
México importa de Rusia y China casi el 75 por ciento de los fertilizantes que requiere, en 2025 sus compras fueron de entre 3.8 y cuatro millones de toneladas.
En 2025 importó dos millones 161 mil toneladas de China, hecho que colocó a este país como su principal abastecedor al que en 2024 compró 439 mil toneladas y el año pasado 982 mil. De Rusia, pese al conflicto con Ucrania, adquirió un millón 411 mil toneladas en 2024 y un millón 179 mil en 2025 (16 por ciento menos).
“El cierre del Estrecho de Ormuz está provocando retrasos y cancelaciones de compras de fertilizantes por la variabilidad de los precios… esto podría afectar en encarecimientos de una importante cantidad de productos y fertilizantes”, se lee en un comunicado del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), publicado el 11 de marzo.
Un tercer proveedor importante para México es Omán, que abasteció a México con 341 mil toneladas de fertilizantes el año pasado. Le sigue EE. UU., con 275 mil toneladas.
La dependencia de México en este sector se debe, en palabras del GCMA, a que resulta deficitario en la producción de fertilizantes, además de que no tiene ventajas productivas, energéticas y de costos para lograr la autosuficiencia como lo presume el gobierno de la “Cuarta Transformación”.
Para subsanar estas deficiencias, el Gobierno Federal se propuso rehabilitar las plantas petroquímicas estatales (Fertinal), ubicadas en el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán; y la de Agronitrogenados, en Coatzacoalcos, Veracruz; además de crear el programa Fertilizantes para el Bienestar, iniciado en 2019.
Según datos oficiales, en 2025, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) entregó mil 44 millones de toneladas de fertilizantes en las 32 entidades federativas. La distribución benefició a 2.15 millones de productores de pequeña y mediana escala, con un total de 3.54 millones de hectáreas con cultivos básicos.
Se entregaron 442 mil 500 toneladas del fertilizante fosfato de amonio (DAP) y 601 mil 500 de urea, montos 5.9 por ciento mayores con respecto a los de 2024. Las entidades más beneficiadas fueron Guerrero, Chiapas, Oaxaca, México y Veracruz. Aun así, continúa la importación de fertilizantes.
A causa de esta dependencia, a finales de 2025 y en los primeros meses de este año, miles de agricultores y productores del campo, pertenecientes a organizaciones como el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM), han bloqueado carreteras, aduanas y puentes internacionales para exigir apoyos urgentes y adquirir fertilizantes, precios justos para los granos básicos como el maíz, frijol, chile, tomate y cebolla; además de mayor seguridad pública.
El pasado seis de abril, incluso organizaron un paro indefinido debido a la “nula respuesta” del Gobierno Federal después de tres meses de un “diálogo” que no frena la profunda crisis que atraviesa el campo mexicano.
Para el director de GCMA, Juan Carlos Anaya Castellanos, una de las demandas más urgentes de los productores y campesinos y en la que más insisten, consiste en la revisión de los precios en la cadena de distribución, pues los intermediarios se quedan con el mayor margen de ganancia en detrimento de los productores.
En Sinaloa, por ejemplo, el kilogramo (kg) de tomate es vendido por el productor a 15 y 16 pesos, pero las amas de casa compran el kilo en 50 o 60 pesos; en el caso de la papa, el productor la vende en 14 o 15 pesos por kg, pero en el mercado se vende 30 o 40 por ciento más caro, con lo que intermediarios y comerciantes obtienen un margen de ganancia del 100-150 por ciento.
Sobre los costos de producción afirmó que el gobierno debe establecer un programa que permita a los productores superar su aumento con fertilizantes de precio accesible para que sigan sembrando. Este año ya no se cultivan 100 mil hectáreas de maíz en Sinaloa y en Tamaulipas casi 300 mil hectáreas, una auténtica catástrofe.
Sin oferta, los precios se incrementan, subrayó Anaya Castellanos, mientras instó a las autoridades federales a que replanteen su política para el campo, “que no tengamos estos impactos de costos, que haya menor oferta y altos precios para el consumidor”.
En sus “esfuerzos por mitigar” el impacto inflacionario en el bolsillo de los consumidores por la elevación de precios de los combustibles, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) publicó, en el Diario Oficial de la Federación (DOF), un acuerdo en el “que se emiten los porcentajes, los montos del estímulo fiscal y las cuotas disminuidas del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS), así como las cantidades por litro aplicables a los combustibles”.
Este comunicado, difundido en los primeros días de abril, legitimaba lo que, por tercera semana consecutiva, se hallaba en marcha: un nuevo aumento en el precio de los combustibles: el diésel recibió un estímulo de 11 por ciento, mientras que el de las gasolinas –entre ellas la Magna, la que más se consume– fue de 23.12 y 31.34 por ciento.
“En esta situación estamos subsidiando o quitando los impuestos de la gasolina para mantenerla en 24 pesos; queremos disminuir también el precio del diésel; ya hubo un primer acuerdo y vamos por un segundo; ya informaremos en qué monto queda el litro de diésel, porque llegó a estar a 30 pesos; ahora ya se redujo un poco y queremos que todavía disminuya más con el acuerdo con los gasolineros”, aclaró Claudia Sheinbaum durante su conferencia matutina del primero de abril.
“Y mientras, el apoyo que estamos dando por la reducción de impuestos a las gasolinas y el diésel, para que no impacte en la inflación y que, además, no impacte sobre todo en la economía de las familias”, añadió. Pero realmente de poco sirvió el decreto, porque la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) reportó incrementos que llevaron el litro de Magna a 30 pesos en varias entidades del país.
Doña Cecilia es una de las amas de casa que resiente considerablemente el aumento de precios en la canasta básica. “Antes íbamos por la verdura; decíamos, bueno, no nos alcanza para la carne, pero comemos verdura. Pero, ¿cuál es nuestra sorpresa? Que vamos, y tan solo el kilo de chile poblano a veces llega hasta 70 pesos; el jitomate 50 pesos, siendo que antes eran productos más baratos. Uno le busca porque, la verdad, a veces el dinero no nos alcanza; el cilantro estaba barato: antes me daban dos o tres pesos, ahora no quieren vender menos de 10 pesos”.
La canasta básica, conformada por 44 productos indispensables, costaba dos mil 340 pesos por persona el 31 de marzo, con un incremento de 4.2 por ciento respecto a su costo del mes anterior.
Si una familia tradicional es de cuatro integrantes y percibe el salario mínimo (nueve mil 582.47 pesos mensuales), solamente el gasto mensual en alimentación equivale a nueve mil 360 pesos y más, con lo que millones de familias mexicanas destinan casi la totalidad de su presupuesto a la alimentación y no tienen con qué cubrir sus gastos de vivienda, salud, vestimenta, educación y transporte.
“La inflación se convierte en un flagelo, golpea con mayor fuerza a los hogares más vulnerables”, aseveró el presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), Cuauhtémoc Rivera.
El alza de precios es el reflejo de los conflictos militares en Europa y el Oriente Medio, advirtió Octavio de la Torre, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servitur), en consonancia con lo reportado por el economista Alejandro Saldaña, de que ya se perciben “los primeros efectos de los aumentos en los precios internacionales del petróleo”.
El director general de GCMA, Juan Carlos Anaya, mostró su acuerdo con la más reciente de las encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en las que se detectó que las frutas y verduras son las mercancías que más se encarecieron y cuyos precios impactan más en las familias debido a que sus costos se elevaron hasta 97 por ciento.
En este caso se halla el kilo de tomate verde, cuyo precio pasó de 28 a 55 o 60 pesos. En general, según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), de marzo 2026, en la primera quincena, la inflación aumentó 4.63 por ciento, el monto porcentual más alto desde octubre de 2024.
El mes pasado, los precios de las frutas y verduras se incrementaron 8.34 por ciento en promedio, un golpe muy fuerte para la economía familiar, como lo confirma doña Cecilia Vázquez, habitante de la colonia Adolfo López Mateos, en la alcaldía Venustiano Carranza:
“Con lo que más problemas hay ahorita son las verduras, las frutas, que siempre anda uno buscando las naranjas, los plátanos; éstos, por ejemplo, cuestan en 25-30 pesos; el limón, la cebolla también han subido ¿Con qué vamos a guisar si todo está caro?
“Hay que buscar dónde está más barato, pero está en casi lo mismo, varía entre dos o tres pesos. En el supermercado nos hemos acomodado porque en martes y miércoles baja la verdura. Ahorita que subió el jitomate, fuimos y estaba en 25 pesos. Entonces uno se surte; con la cebolla, también, que está a 18 pesos en esos días, siendo que en el mercado está hasta 30 pesos”.
El especialista en operaciones y comercialización de productos agrícolas, Carlos Anaya, destacó que “cuando el ama de casa va a comprar las frutas y verduras, no ve ese 4 o 5 por ciento del Inegi, sino ve los precios. Y sí, efectivamente, frutas y hortalizas tienen un alza no vista en los últimos años, que impactó a la inflación en la no subyacente con un crecimiento mayor a 23.91 por ciento anual.
“Eso ya marca una realidad que están viviendo las amas de casa, cuando vemos que el tomate verde se incrementó casi 97 por ciento, al pasar casi de 28 a 55 o 60 pesos por kilo. El jitomate: vemos que el precio, el año pasado, estaba en 22 pesos y ahorita anda entre 40 y 60 pesos, dependiendo la zona. El jitomate-bola también subió alrededor de 68 por ciento. El chile serrano se incrementó 69 por ciento; la lechuga y la papa, 29 por ciento”.
En entrevista con buzos, un joven comerciante de 27 años, habitante de la alcaldía Venustiano Carranza, opinó que el alza en los precios es normal en estas fechas y que espera menos ventas:
“Por lo regular en las temporadas que son de Cuaresma, Navidad, que es temporada alta, empiezan a subir mucho los productos. Es algo de esperarse que sí se venda un poquito menos por lo mismo de que están más caras. Si antes se llevaban un kilo, ahora nada más se llevan medio, lo que ocupen.
“Cada año sí suben los precios, pero ya no vuelven al precio inicial, se quedan en un porcentaje más alto; luego vuelven a bajar, pero ya no al precio que tenían antes de subir. Y así ha estado pasando desde siempre. Lo que más vendo es jitomate, tomate, cebolla, lo básico, los chiles, ajos; la verdura, eso ahorita está muy caro. El jitomate está a 45, el tomate a 32, los chiles a 40; normalmente no están tan excesivos como ahorita”.
Ernesto Joaquín se dedica al comercio desde los 13 años y ahora se dedica a vender frutas y verduras en un pequeño local, quien reconoció que el alza en los alimentos y servicios ahora le afecta poco “porque no tengo una familia, esposa ni hijos, pues me alcanza bien para sostenerme, pero si tuviera una, como dices, sí me afectaría algo por los alimentos”.
Para la directora del Banco de México (Banxico), Victoria Rodríguez Ceja, la prolongada “cuesta de enero” de este año pasará en los próximos días y los precios se estabilizarán; aunque la inflación sigue al alza debido a la guerra de los gringos contra Irán y a los cambios en la política económica estadounidense.
“México se ha colocado como el séptimo agroexportador. Tenemos dos sectores que están creciendo, el hortofrutícola y el pecuario; pero el que más nos lastima, es el de granos y oleaginosas, donde están muchos de los pequeños productores y donde nos falta mucho por hacer.
“Y no es que tengamos malos productores; lo que nos falta son buenas políticas públicas que incentiven la productividad, la rentabilidad de nuestros productores del campo mexicano”, sostuvo Juan Carlos Anaya.
Si el conflicto continúa y México produce menos granos básicos, la crisis en la dotación de fertilizantes podría desencadenar nuevamente al desabasto agroalimentario.
En palabras de la Oficina Agrícola Estadounidense, el gas natural es la materia prima básica para producir la mayoría de los fertilizantes nitrogenados, como la urea; y la actual escasez se genera en el peor momento posible: el inicio de la temporada agrícola de primavera, advirtió el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas mediante un comunicado del 11 de marzo.
“México, EE. UU. y Canadá enfrentarán dificultades en la nueva temporada de siembra debido a la escasez y encarecimiento de fertilizantes importados de Medio Oriente, así como de los insumos para producirlos localmente, debido al bloqueo actual de Irán sobre el Estrecho de Ormuz”.
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Escrito por Citlali A. Ramírez M.
Periodista