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Reportaje Especial
Trabajadores en ola global de resistencia
La agresión militar neocolonial de Israel y Estados Unidos (EE. UU.) a Irán viola derechos de la clase trabajadora y ahora millones protestan contra sus gobiernos para exigir el término de la llamada “guerra por elección”.


La agresión militar neocolonial de Israel y Estados Unidos (EE. UU.) a Irán viola derechos de la clase trabajadora y ahora millones protestan contra sus gobiernos para exigir el término de la llamada “guerra por elección”.

En la historia moderna no existe otro gobierno como el de Donald Trump y su gabinete tecnocrático que haya amenazado de forma tan explícita con alterar y destruir el modo de vida de 93 millones de iraníes para lograr su sometimiento político.

Hace ya 47 años que la aversión del imperialismo estadounidense hacia la autodeterminación de las naciones lo animó a diseñar planes para destruir a Cuba y la República Islámica de Irán. Hoy, el mundo es testigo de que su sanguinaria campaña se prolonga y que su intento de conquista fracasa. Es así porque Irán y Cuba se organizan contra esa acometida y extendieron sus redes de solidaridad. Por ello, desde el pasado 28 de febrero, miles de trabajadores del mundo toman las calles y exigen el cese al fuego a la dupla israelí-estadounidense.

Organizados en resistencia activa, los ciudadanos de muchas naciones desafían el “patrón” de los gobernantes de algunos Estados aún poderosos que pretenden someter a los países que buscan vías de desarrollo independientes y soberanas.

La resistencia a la ofensiva bélica progresa porque está liderada por trabajadores y fuerzas progresistas y porque nadie duda que, en breve, se intensificarán las contradicciones internas del imperialismo de Occidente.

Ante el desconcierto y la parálisis de las izquierdas generados por el tsunami neofascista y sumisión de buena parte de América Latina y la Unión Europea (UE), muchos analistas preguntan: ¿por dónde empezar el cambio?

La respuesta es resistir con organización y tenacidad. Y como enuncia el chileno Giorgio Jackson: nadie se salva solo. Para enfrentar este cambio de época se necesitan “articulaciones progresistas”. Ésta es la razón de la ola de resistencia global.

Resistir juntos

Los trabajadores del mundo industrializadohostigados por la explotación laboral e indefensión social que los hunde en la precariedad, saben que son las primeras víctimas del belicismo sionista-anglosajón que está fracturando la cadena global de suministros.

Por ello hoy, frente a la Casa Blanca en Washington, y en Nueva York, Los Ángeles y Boston, ciudadanos estadounidenses exigen con gritos “¡Alto a la guerra contra Irán!”. Con ellos, israelíes antisionistas impugnan el enfoque de seguridad inflexible del procesado Benjamín Netanyahu, al igual que endeudados trabajadores portuarios griegos.

Miles de jubilados en Bélgica que desde marzo denuncian el “desierto social” al que los confina la reforma a sus pensiones, rechazan la guerra en Medio Oriente porque eleva las tarifas de energía eléctrica.

Solidarios, taxistas de la estación italiana de Termini, dejan sus pequeñas mochilas sobre un altar improvisado en memoria de los estudiantes de Minab, Teherán, asesinados por misiles sionistas y estadounidenses.

El 21 de marzo pasado, unos 20 mil manifestantes en Roma, y otros tantos en Milán y Turín, gritaron “¡No al gobierno de Meloni!, ¡No a la guerra en Irán! ¡No al referéndum de la reforma judicial!”.

En Londres se creó el Consejo de la Resistencia de Irán; y en París se repudió el apoyo del Elíseo a instaurar en Irán una monarquía con el parasitario hijo del depuesto Sha. Y desde el Océano Índico, el gobierno de Sri Lanka negó al de EE. UU. que dos aviones de combate usaran su aeropuerto.

En defensa de Irán, cientos de japoneses portan camisetas con imágenes de los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki. Ese día, ante la primera ministra, Sanae Takaichi, Donald Trump justificó con una broma estúpida no haberle avisado del ataque a Irán porque actuó por sorpresa, “como hicieron los japoneses en Pearl Harbor”.

En la ola global antibélica unos son socialistas, otros centristas y otros ni eso; pero a todos los anima su indignación por el afán del imperialismo estadounidense de controlar recursos y territorios.

Saben que después de Venezuela siguió Irán y que luego puede ser cualquier otro Estado. ¡Hay que resistir!”, coinciden todos.

Rechazan que sus jefes de Estado alardeen de que se niegan a ser “rehenes de una guerra en la que no fueron consultados”; pero que tres días después se rindieran al presidente de EE. UU., que los instruyó para formar una coalición y abrir el Estrecho de Ormuz a costa de sangre y destrucción.

Esta humillación los subleva. Decididos a no vivir en esta nueva era de terror, sindicalistas, militantes de oposición, maestros, artistas, comerciantes, profesores, cerrajeros, enfermeras, pescadores, tractoristas, plomeros, agricultores y estudiantes ondean en todo el mundo banderas de Irán, Palestina, Venezuela y Cuba.

Un eurodiputado francés, quien rechazó dar su nombre a Euronews, afirmó: “Trump se ha vuelto tóxico hasta para sus electores. Elegir su bando es complicado”.

Para silenciar a esta resistencia cada vez más creativa, variada y numerosa, la tecno-política estadounidense despliega su estrategia de “guerra de quinta generación” con sofisticadas formas de censura. Levanta muros tecnológicos que cierran el acceso a la realidad y confina las protestas a medios alternativos.

Para diluir el pensamiento crítico de la clase trabajadora, en las pantallas de Internet aparece el ominoso mensaje con el que se busca violar el derecho a la información: “Éste es un sitio terrorista que puede robar su información”. Pero no lo lograrán.

África juzga la agresión

Nadie como los africanos para saber cómo analizar el brutal neocolonialismo y organizar la esforzada lucha por la autodeterminación, cuando aún están presentes los efectos de la acometida de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la aún desestabilizada Libia.

De ahí que cuando explicó las causas estructurales del conflicto contra Irán, el presidente del Partido Comunista Marxista de Kenia, Mwaivu Kaluka, alertó que el objetivo de Israel y EE. UU. en Irán no es instaurar la democracia, sino robar sus recursos.

Los países que no pertenezcan a Occidente deben ver la guerra contra Irán como una represalia de las multinacionales petroleras, que desde 1979 no logran expropiar la riqueza energética de la antigua Persia; y considerar, también, que esas corporaciones se valen de la política exterior de EE. UU. para condicionar toda decisión geopolítica a sus intereses, sugiere el dirigente comunista.

Es por ello que Trump y el proyecto expansionista israelí sitúan al conflicto de Medio Oriente en el eje de una lucha más amplia sobre Asia Occidental para anexarse territorios vecinos y alcanzar su ideal del “gran Israel”. Pero su obstáculo estratégico es Irán, advierte el keniano.

Para Mikaela Nhondo Erskog, experta del Instituto Tricontinental de Investigación Social, la ofensiva contra Irán se produce por su tenaz defensa a la soberanía, tal como hoy actúan los gobiernos del occidente africano –entre ellos Burkina Faso, Malí y Níger– que protagonizan un gran cambio geopolítico.

Izquierdas en acción

La resistencia de los trabajadores organizados contra el belicoso expansionismo imperial alcanza espacios y páginas de múltiples medios de la izquierda mundial. En su comunicado del 28 de febrero, el Partido Comunista de EE. UU. proclamó: “¡No a la guerra con Irán!”.

Pidió llamar o escribir a sus legisladores para apoyar la Resolución Conjunta 49, que ordena el fin de las hostilidades de las fuerzas armadas de EE. UU. contra la República Islámica de Irán. Y denunció que, por décadas, Washington y Tel Aviv han afirmado sin pruebas –y aun en contra de los informes de sus servicios de inteligencia– que Irán busca un arma nuclear.

El 16 de marzo, el diario The Militant, del Partido Socialista de los Trabajadores de EE. UU., publicó que el conflicto “es la manifestación del imperialismo estadounidense e israelí y algo peor”.

Su secretario general, Jack Barnes, afirmó: “En su afán por la hegemonía mundial y derrotar a China, la clase dominante de EE. UU. pelea contra Irán; ¡a dos semanas de asesinatos, no se ha adueñado de sus recursos!”.

A su vez, el Partido Mundo Obrero lamentó el asesinato del ayatola Sayyed Ali Jamenei, “Gran líder y político que representó la firme resistencia al imperialismo”; y llamó a la clase trabajadora a protestar por la ofensiva estadounidense contra Irán y a exigir el retiro de sus tropas, bases y buques de Medio Oriente.

El Comité por una Internacional de los Trabajadores (CWI) refiere que los ataques de EE. UU. e Israel desplazaron a un millón de libaneses, ya ocuparon el 10 por ciento de ese país, expulsó a tres millones de iraníes y causó miles de muertos. Su secretario, Anthony Saunois, declaró: “es la visión de Netanyahu de crear el ‛gran Israelʼque llegue del Mar de China Meridional al río Jordán”. El actual conflicto no tiene que ver con la liberación ni la seguridad: “es un ataque regional del megaterror con ondas de choque”, sentenció.

La Alianza Internacional de Apoyo a Irán (AIAI) de Canadá advirtió: “Irán no es Venezuela, pues goza de poderosa fuerza militar y por décadas se preparó para un ataque como el actual. Y pese a los asesinatos selectivos de sus importantes líderes, el gobierno ha sido capaz de reemplazarlos por elementos más decididos y motivados”.

Llamó a la clase trabajadora a solidarizarse con sus hermanos de Irán y acusó: “vemos crímenes de guerra en el asesinato de escolares y bombardeos a hospitales”. Afirmó que, a cuatro semanas de iniciada la ofensiva, el imperialismo estadounidense ya reveló sus limitaciones y retiró “muy dañado” a su portaaviones emblemático USS Gerald Ford.

Por su parte el Diario Socialista de España criticó a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen –a quien llama Bomberleyen– por alinearse con EE. UU e Israel en su ofensiva contra Irán y porque en la Conferencia Anual de Embajadores llamó a “no derramar ninguna lágrima por el régimen iraní”.

Alex Skopic, editor de Current Affairs (Actualidad), dirigido a los trabajadores de EE. UU., aseguró: “nadie se beneficiará de esta guerra, salvo los ricos. Si eres un estadounidense común, esa guerra amenaza tu seguridad, tus derechos civiles y tu capacidad de satisfacer necesidades básicas y solamente la élite financiera hace buenos negocios”.

Skopic acusó al gobierno de “masacrar a personas de un país que no nos ha atacado y quisiera que creyéramos que nos beneficiamos de este derramamiento de sangre porque nos hará más seguros”.

Y destacó que el conflicto será un desastre para los estadounidenses: “vivas en Luisiana, Pensilvania o California, y cuanto más se prolongue, más erosionará las libertades civiles, la seguridad y el costo de vida de los trabajadores”.

Para AFL-CIO, la poderosa central sindical, la agresión a Irán ya provocó un conflicto que afecta a sindicalistas, civiles y militares de la región, así como la seguridad económica mundial. Exigió al Congreso de EE. UU. no autorizar la guerra y llamó a las partes a comprometerse con la seguridad de los trabajadores.

Estos posicionamientos caracterizan a la clase trabajadora mundial que reacciona ante la agresión imperialista y su intento de destruir a Irán. Muchos anticipan un desastre inminente, pues no están dadas las condiciones para reinstaurar una estructura colonial en Medio Oriente. 

 

CONFLICTO ENTRAMPADO

El conflicto entró a su cuarta semana y se extiende a más países, cuyo costo pagan los trabajadores. Ellos levantan escombros en puntos estratégicos de Israel sobre bases de EE. UU. y refinerías en Arabia Saudita, qataríes y kuwaitíes, mientras sus colegas iraníes sofocan incendios a la estratégica isla de Kharg y al megayacimiento gasífero de South Pars causados por bombardeos israelíes.

Es un escenario imprevisto para los halcones de EE. UU. e Israel; Trump, ya atrapado, pidió a la OTAN escoltar a buques-tanque en Ormuz; sus aliados, primero renuentes, se rindieron y aceptaron.

Tal estrategia es tan absurda, que el general francés Michael Yakoleff la calificó “como comprar un boleto con descuento para abordar el Titanic después de haber chocado contra el iceberg”.

La barbarie neocolonial alcanza una magnitud colosal; por ello, el analista Sultan Barakat alerta que el cruce de fuego de EE. UU. e Israel sobre Irán no terminará con una victoria clara.


Escrito por Nydia Egremy

Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.


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