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Brújula
La siniestra izquierda mexicana
La administración de AMLO no es de izquierda ni evidencia el mínimo atisbo de socialismo, además carece de rumbo, a primera vista saltan a la luz la ignorancia y las improvisaciones que lo caracterizan.


En un tiempo del que no quiero acordarme había un grupo de intelectuales izquierdistas que se habían refugiado en distintas universidades, entre ellas la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde esas trincheras hacían política, formaban nuevos cuadros militantes y criticaban las políticas económicas de los gobiernos neoliberales. En múltiples foros “defendían” a los indígenas, el cooperativismo, la equidad de género, la defensa de la tierra; el daño que las grandes obras de infraestructura, como hidroeléctricas hacían a las comunidades; la militarización; eran enemigos de la privatización y otros tantos asuntos de la misma índole; aplaudían la radicalización de grupos como el Frente Francisco Villa (FFV), la Unión Campesina Independiente (UCI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuyas protestas se caracterizaban por vandalizar espacios públicos. Estos grupos abandonaron ideológicamente la filosofía de Carlos Marx y su propuesta de que el gobierno debe ser de los trabajadores y se trasmutaron en adalides de la “democracia”; cambiaron al Che Guevara por el Subcomandante Marcos.

Hoy muchos de ellos son asesores y funcionarios del gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” (4T); y otros siguen en sus ratoneras de las universidades. Salvo honrosas excepciones, apoyan de forma incondicional las políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO); propalan a los cuatro vientos que éste encabeza un gobierno de izquierda y reciben una que otra ayudita de la prensa nacional “conservadora” que coloca a éste como un “populista” del nivel de Vladimir Putin, Nicolás Maduro o Fidel Castro; es decir, de jefes de gobiernos que son o fueron claramente definidos como de izquierda. Por ello es inverosímil que, mientras se autoproclaman de izquierda, la derecha conservadora coincida con ellos. Con esta confusión deliberada y la pretensión de encajonar al gobierno morenista como un “gobierno que está del lado de los trabajadores”, parecen estar vacunando a éstos contra el izquierdismo genuino y quitarle cualquier aspiración a una vida mejor.

La administración de AMLO no es un gobierno de izquierda, ni evidencia el mínimo atisbo ideológico y político de socialismo, además de que carece de rumbo, a primera vista saltan a la luz la ignorancia y las improvisaciones que lo caracterizan. Esos orgullosos “izquierdistas” de otros tiempos hoy callan ante atropellos por los que antes se rasgaban las vestiduras; nada atiende de las frecuentes violaciones a la Constitución; de la militarización que casi es un hecho consumado; aprueban la detención oficiosa como un instrumento para deshacerse de enemigos incomodos –los nazis y la “noche de los cuchillos largos” se quedaron cortos–; de la actual violencia en las calles y el incremento de homicidios y feminicidios afirman que es una herencia del pasado; omiten los derechos a no quedarse con hambre, a la educación y la salud; el cierre de desayunadores y Escuelas de Tiempo Completo; la muerte de decenas de miles de personas por falta de atención médica durante la pandemia de Covid-19; la falta del esquema completo de vacunación a muchos niños y la escasez de medicamentos para niños con cáncer, falla que justifican con la supuesta aplicación de una medida de ahorro y austeridad en el nombre de la patria.

Nada plantean en torno a las obras públicas como el Tren Maya, que destruye selvas en el Sureste y agrede a las comunidades rurales que están siendo despojadas de sus tierras; y la poca moral que les queda la han gastado al recurrir a alianzas con los cárteles del narcotráfico y a comprar el voto de la gente pobre de México mediante programas asistencialistas, sobre todo el de los apoyos directos a los ancianos. Es por ello que, en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) del año próximo, estos programas y las obras emblemáticas absorberán gran parte de los recursos públicos. Pero además, el morenista es también un gobierno intolerante frente a todo tipo de manifestación de inconformidad de los grupos más vulnerables afectados por su política, ya que responde con represiones físicas y linchamientos mediáticos.

En cuatro años de administración, el Presidente ha repetido hasta el cansancio: “no somos iguales”, frase que no puede ser más acertada con relación a gran parte de los mexicanos y, en específico, con respecto a los pocos izquierdistas que hoy quedan en la país, ya que los morenistas son los peores que ha habido en el pasado remoto y reciente. Y lo son no solo porque han devastado al país, sino también porque, con toda intención, han dañado como nadie la conciencia de la clase trabajadora, induciéndola hacia el oportunismo mediante la manipulación y las mentiras.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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