El objetivo de este ensayo es explorar cómo ocurre el fenómeno educativo dentro de una sociedad capitalista, dependiente y subdesarrollada como la mexicana.
Cargando, por favor espere...
A medida que el capitalismo se desarrolló y expandió globalmente, los sistemas monetario y financiero fueron adquiriendo un rol cada vez más relevante en el funcionamiento del sistema capitalista. El desarrollo de estas esferas respondía a las propias exigencias de la acumulación capitalista, que requería mecanismos cada vez más eficaces para la valorización y administración del capital. En ese marco, los sistemas monetario y financiero no sólo facilitaron las transacciones económicas mediante la creación de un sofisticado sistema de pagos, sino que también hicieron posible la concentración y redistribución del capital en una escala cada vez mayor.
Sin embargo, dentro del propio desarrollo del sistema monetario y financiero, aquellas funciones que en un inicio estaban orientadas a facilitar el intercambio y canalizar el ahorro social mediante el crédito bancario fueron, paulatinamente, cediendo lugar al predominio de actividades netamente financieras. Ya no se trataba sólo de administrar el dinero y el crédito en función de la producción y la circulación de mercancías, sino de nuevas formas de valorización “ficticia”, independientes, en apariencia, de la actividad económica real, que generan una ganancia expedita de la mera compraventa de activos financieros.
Es a esto a lo que Marx denominó “capital ficticio”, es decir, capital que no se invierte en la producción real de mercancías, en la compra de fuerza de trabajo o de medios físicos de producción, sino que representa derechos de propiedad sobre ingresos futuros, como los que otorgan los bonos o las acciones. Estos derechos se compran y se venden en los mercados financieros; y como resultado de esas operaciones se obtiene una ganancia, creando la ilusión de que esos papeles producen valor por sí mismos. Esto sucede a través de un mecanismo que se conoce como “capitalización”, que consiste en asignar un precio de mercado a estas promesas de pago futuro. Este precio se calcula en función de cuánto habría que invertir hoy para obtener ese ingreso futuro, según la tasa de interés promedio vigente. Si un bono promete pagar 100 pesos anuales de manera indefinida, y la tasa de interés es del cinco por ciento, su precio en el mercado rondará los dos mil pesos, pues ésa es la suma de dinero que, invertida a una tasa del cinco por ciento, generaría el mismo ingreso anual.
No obstante, quien compra ese bono no necesariamente lo hace para conservarlo y gozar de su derecho a recibir un pago futuro por el tiempo especificado, sino para revenderlo cuando su precio suba. Por ejemplo, si la tasa de interés disminuye, el bono se vuelve más valioso porque ahora ofrece un rendimiento más alto que los bonos que se están emitiendo hoy a una tasa de interés menor. De este modo, la ganancia ya no proviene del ingreso que representa el bono, sino del cambio en su precio. Se trata, pues, de una forma de valorización especulativa, derivada de la compraventa de activos financieros, sin necesidad de atravesar los riesgos y plazos propios de la inversión productiva. En muchos casos, estas ganancias no sólo se obtienen con mayor rapidez, sino que superan ampliamente las que provienen de la actividad productiva.
De hecho, la expansión del capital ficticio está directamente vinculada a la caída de la tasa de ganancia en la producción real. Según el economista marxista británico Michael Roberts, este fenómeno se volvió más evidente desde las décadas de 1960 y 1970, cuando la rentabilidad del capital productivo comenzó a disminuir. Ante esta situación, una estrategia recurrente fue redirigir las inversiones hacia el sector financiero para sostener las ganancias, incluso a costa de una menor inversión en la producción de bienes. Aunque hubo una recuperación parcial en las décadas siguientes, la rentabilidad nunca volvió a los niveles previos, y desde fines de los años 90, la caída persistente de la tasa de ganancia ha provocado una desaceleración en las principales economías del mundo.
Para evitar una crisis abierta, la clase capitalista ha recurrido a una expansión masiva del crédito a escala global. Esta abundancia de dinero barato en los principales centros financieros del mundo, no obstante, no siempre se canaliza hacia la inversión productiva, sino que termina alimentando aún más la especulación financiera. Empresas, fondos de inversión y grandes capitalistas pueden endeudarse a muy bajo costo para comprar activos financieros como bonos o acciones, con la expectativa de que sus precios aumenten.
Esta contradicción no ha dejado de profundizarse. Incapaz de restaurar una rentabilidad sostenible en la esfera productiva, el capitalismo se hunde cada vez más en formas de valorización ficticia, sostenidas por la especulación y la expansión del crédito. Mientras el crecimiento económico y la producción avanzan con lentitud, los mercados financieros siguen batiendo récords.
El objetivo de este ensayo es explorar cómo ocurre el fenómeno educativo dentro de una sociedad capitalista, dependiente y subdesarrollada como la mexicana.
Piqueras es autor de diversos libros, el más reciente De la decadencia de la política en el capitalismo terminal, en el que expone que el sistema capitalista se encuentra en su fase terminal, no sin antes dejar destrucción, guerras y despojos.
Los personeros del capital financiero recurren a la manipulación mediática y a todas las formas posibles de la violencia para garantizar su existencia y conservar el control de todos los recursos, los mercados y sus grandes privilegios.
El reparto de utilidades en México es un derecho que poco se cumple y, con los años, se aleja de su origen como incentivo a la productividad y su función declarada como instrumento que contribuya a una mejor distribución de la riqueza social.
El gasto gubernamental en pensiones aumentó a 5.7 por ciento del PIB en siete años.
El sociólogo Andrés Piqueras aseguró que el sistema financiero mundial funciona cada vez más sobre “dinero ficticio” y deuda impagable, mientras el dominio del dólar se mantiene gracias al respaldo militar de Estados Unidos.
La medida afectará el envío de remesas a México.
El expresidente Evo Morales criticó la actuación del gobierno de Bolivia y denunció una persecución contra líderes sindicales y manifestantes.
El sistema que explota a México, América Latina y a todo el sur global no ha cambiado de naturaleza. Sólo ha perfeccionado sus instrumentos, aseguró el líder nacional de Antorcha.
El presidente Díaz-Canel rechazó las versiones sobre un supuesto plan de ataque contra la nación estadounidense tras reportes sobre la compra de 300 drones militares.
Solamente cuando no exista el capitalismo dejará de concentrarse la riqueza y entonces ya no aumentará la pobreza.
En el mundo existe una crisis de sobreproducción y la acumulación del capital que ya vislumbra graves estragos en la sociedad.
Esta negativa a gravar a los sectores más ricos ha sido uno de los factores centrales detrás del aumento de la desigualdad mundial.
Bajo el sistema de producción actual, el deporte eliminó su carácter comunitario para convertirse en una actividad instrumentalizada y privatizada.
El deterioro del ambiente empresarial y la incertidumbre comercial con Estados Unidos presionaron al empleo del sector.
La trampa de la inversión “mixta” en infraestructura
En México, 58.4 millones de personas viven cerca de zonas contaminadas
El fascismo, arma político-ideológica del imperialismo
Centro Universitario Tlacaélel; un “pescador de perlas”
Principales factores en la decadencia del imperialismo
El rezago educativo en México: bajo la óptica de la lucha de clases
Escrito por Tania Rojas
Maestra en Economía por El Colegio de México. Estudia un doctorado en Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst, en EE.UU.