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Economía
La sustitución de trabajadores por la IA, ¿qué nos enseña?
En octubre de este año, algunos medios de comunicación como The New York Times anunciaron que la empresa Amazon dejaría de contratar 600 mil trabajadores que tenía previstos emplear para 2033, pues se espera que sus almacenes alcancen el 75 por ciento de automatización.


En octubre de este año, algunos medios de comunicación como The New York Times anunciaron que la empresa Amazon dejaría de contratar 600 mil trabajadores que tenía previstos emplear para 2033, pues se espera que sus almacenes alcancen el 75 por ciento de automatización. Así también, otros periódicos han documentado que se eliminarán entre 14 mil y 30 mil puestos para trabajadores de “cuello blanco”, es decir, aquellos que realizan labores de oficina y generalmente tienen mayor nivel educativo. Como bien señaló el CEO de Amazon, la IA generativa está haciendo más ágiles y eficientes estas labores. Esta situación no es una anomalía. Un informe de Goldman Sachs, publicado en 2023, pronosticó que podrían verse afectados alrededor de 300 millones de empleos por la automatización impulsada por la IA. Así también, en agosto de 2025, publicó en su página que las innovaciones en IA, de continuar su expansión, podrían desplazar entre el seis y siete por ciento de los trabajadores en EUA. La sustitución de trabajadores por la IA no es más que un reflejo de cómo operan las leyes y tendencias del modo de producción capitalista.

En el modo de producción capitalista, como analizó Carlos Marx en El Capital, las empresas tienden a desarrollar nuevas técnicas de producción que les permiten reducir costos, pues sólo así pueden disminuir sus precios y ser más competitivos en el mercado. Las empresas que no innovan en sus técnicas productivas corren el riesgo de ser absorbidas o llevadas a la quiebra por las empresas más eficientes. Este proceso de concentración y centralización del capital conduce, a largo plazo, a la formación de oligopolios, donde un reducido número de grandes corporaciones domina cada sector. La inversión en automatización e IA es, pues, una expresión de la competencia capitalista y la necesidad de reducir los costos de producción, particularmente del costo laboral, que representa una porción significativa de los gastos durante el proceso productivo y fuera de él, pues las empresas tienen que pagar seguridad social.

Esto trae como resultado, entre otras cosas, el despido de trabajadores o, como está ocurriendo en Amazon, que dejen de crearse suficientes empleos para absorber a las nuevas generaciones que se van integrando a la Población Económicamente Activa o a los desempleados. El resultado es que, en primer lugar, se debilita el poder de negociación de la clase trabajadora. Al existir un ejército industrial de reserva en constante crecimiento, la presión sobre los empleados restantes se intensifica. Los salarios tienden a estancarse o disminuir y las condiciones laborales pueden deteriorarse, pues los trabajadores temen ser reemplazados y tienen menos margen para exigir mejores términos en los contratos laborales.

En segundo lugar, se profundiza la miseria de la sociedad. El desempleo masivo se combina con el crecimiento del subempleo –trabajadores que laboran pocas horas o por temporada, pero que podrían y necesitan trabajar más, por lo que a menudo tienen más de un empleo–. Esto no sólo representa una subutilización del potencial humano, sino que genera inestabilidad económica, estrés y una profunda incertidumbre para la clase obrera.

En tercer lugar, se hace más visible la división entre clases, pues una buena parte de la clase media desaparece. En Amazon, los trabajadores de “cuello blanco” ganaban más que los que trabajaban en los almacenes (aproximadamente cinco mil pesos mensuales de diferencia), aunque ambos se vieron afectados. El uso de IA está desplazando a trabajadores de actividades como edición de software, diseño de sistemas informáticos, call centers, diseño gráfico y consultoría de marketing, por mencionar algunos.

El objetivo de este artículo no es culpar a las nuevas técnicas de producción ni a los capitalistas individuales, quienes obedecen al instinto de ganancia y a las leyes de competencia que rigen el sistema. El problema es sistémico. La tecnología se presenta como “enemiga” del trabajador únicamente dentro de un marco donde su desarrollo y aplicación están subordinados a la maximización del beneficio privado y a la acumulación del capital. En un modo de producción donde los intereses colectivos estuvieran por encima de los individuales, el mismo avance tecnológico podría liberar a la humanidad de trabajos tediosos, repetitivos o peligrosos, reduciendo la jornada laboral. Esto dejaría tiempo para que las personas se dedicaran al desarrollo de sus capacidades en las artes, las ciencias, los deportes, y demás actividades que pueden contribuir al florecimiento humano. La automatización seguirá apareciendo como una fuerza hostil para los trabajadores hasta que no se transite hacia un modo de producción donde se supere la explotación del hombre por el hombre, y donde el progreso técnico esté al servicio del bienestar colectivo y no de la ganancia individual.


Escrito por Ollin Vázquez

Maestra en Economía por la UNAM.


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