El presidente de Ucrania afirmó que su país necesita poner fin al conflicto lo antes posible y confió en que Estados Unidos y Europa ayudarán a detener la guerra.
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Ha sido muy habitual que las retóricas de Washington se concentren especialmente en tres problemáticas candentes de la geopolítica estadounidense: el Caribe venezolano, los problemas de la economía norteamericana ante el gigante chino y la guerra de Ucrania. Sin embargo, poco a poco va quedando claro que el objetivo principal de la Casa Blanca está en Asia y en su retaguardia caribeña, de ahí la insistencia creciente del ejecutivo estadounidense en tomar medidas agresivas contra Venezuela y China. De esa manera, el problema de Ucrania está quedando fuera de las prioridades de la agenda política norteamericana. Pero, simultáneamente, está convirtiéndose en un agudo tumor en la cabeza para Donald Trump.
Esto último se observó, por ejemplo, en el marco de la entrevista de Dasha Burns, periodista de Politico, al mandatario estadounidense (“The Conversation”, Politico, ocho de diciembre de 2025). El presidente habló largamente del asunto ucraniano –o, como él lo llama, “la guerra de Joe Biden”–, pero en lugar de manifestar algún apoyo al régimen de Kiev, quien desestimó la propuesta estadounidense de 28 puntos para la paz (especialmente porque en ella se exige la sesión de la región del Donbás y Crimea a Rusia, así como la neutralidad ucraniana), detalló que Moscú tiene una ventaja clara en las negociaciones por el tamaño de sus recursos y de su poder militar. De la misma manera, acusó a Zelenski –quien no tiene cartas fuertes para negociar de manera independiente– de no haberse tomado siquiera la molestia de leer un nuevo borrador preliminar de acuerdos para salir del conflicto que el equipo de la Casa Blanca entregó al ejecutivo ucraniano.
Agregó también que ya es hora de que Ucrania celebre elecciones, insinuando, así, que el ejecutivo ucraniano está usando la guerra para prolongarse en el poder, e insistió en que el apoyo de Washington no es incondicional, de manera que, si Ucrania no coopera pronto, en consonancia con las necesidades geoestratégicas norteamericanas, EE. UU. saldrá del conflicto. Esto implica, desde luego, que Ucrania no es bienvenida en el seno de la Organización militar del Tratado del Atlántico Norte, pero también que, si los líderes europeos no dejan de intervenir en los asuntos ucranianos, los norteamericanos, gestores y principales inversores de la alianza atlantista podrán salirse de Europa, abandonándola frente a cualquier enemigo.
Es muy claro, entonces, que Trump quiere zanjar lo más pronto posible ese asunto, que ya no le parece muy trascendente frente a su principal rival en el terreno del liderazgo global, China. Es más, ha dado dos ultimátum bastante claros a Zelenski, el primero vencía al final de noviembre y el segundo, antes de Navidad. Pero el mandatario ucraniano ha resistido las propuestas de sus mecenas americanos y entre el 11 y 12 de diciembre, después de hablar con los líderes de Europa, ha hecho pública su propia contrapropuesta de 20 puntos al plan de Washington. En ésta exige prácticamente lo mismo que ha exigido desde hace tiempo, si bien con algunos matices menores, por ejemplo: pide garantizar seguridad suficiente para Ucrania, lo que implica, palabras más, palabras menos, mantener armado a su país y tener el apoyo de la OTAN; pide someter a un referéndum la propuesta de cesión de territorio, pero, por principio, se opone y considera que el público votante hará valer este espíritu, y, finalmente, pide auxilio para la reconstrucción del país a través de los activos rusos congelados por Occidente (un resumen general de esta contrapropuesta está en Michael D. Shear, “Trump Wanted Ukraine to Cede Land to Russia. Ukraine Has Another Offer”, en The New York Times, 12 de diciembre de 2025).
Evidentemente, con sus 20 puntos, Zelenski está desestimando por segunda vez, en menos de mes y medio, las propuestas de Washington. Al hacerlo, actúa de acuerdo con sus intereses. Pero en las actuales circunstancias no tiene poder ni está en la posición de negarse. El Estado ucraniano está sufriendo una derrota sin precedentes en el teatro de operaciones, está perdiendo mucha población, está en quiebra total y, si no reformula una propuesta conveniente para los dos actores geopolíticos que realmente están peleando en su país, Rusia y Estados Unidos, pagará muy cara su terquedad. Ucrania desaparecerá en manos de Europa, Estados Unidos y Rusia.
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Escrito por Anaximandro Pérez
Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.