El martes siete de abril, Estados Unidos (EE. UU.) e Irán acordaron un cese al fuego para abrir paso a dos semanas de negociaciones.
Cargando, por favor espere...
Este país ha protestado repetidamente en contra de los excesos de las fuerzas de Netanyahu sobre pueblos hermanos, musulmanes, de la región. Ha instado a la acción a los principales financieros del sionismo (los estadounidenses y los europeos), así como a los organismos internacionales; los insta a establecer un alto al fuego en el territorio palestino, pero nadie ha escuchado sus llamados. Nadie toma cartas en el asunto y, por lo tanto, en cuanto el liderazgo de los ayatolas se siente directamente aludido, su Estado se ve orillado a hacerse justicia por propia mano. Ocurrió por primera vez, de manera inédita, en el marco de la primera Promesa verdadera, en abril de este año. En esos días, Teherán bombardeó posiciones estratégicas de los sionistas como represalia contra Israel pues, unos días antes, éste había bombardeado el consulado iraní en Siria. El gobierno de Irán manifestó que esta primera promesa cumplida de contraataque era una muestra pequeña de su poder militar. El Estado de Israel, en cambio, se burló públicamente de sus enemigos y subestimó sus capacidades. En todo caso, lo cierto es que la destrucción que pudieron causar esos proyectiles de la primavera de 2024 apenas pudo ser mermada mediante la intervención directa de las tropas americanas y británicas estacionadas en Oriente Medio.
La advertencia de Teherán era, entonces, muy clara: con sus misiles de abril dio pruebas materiales de que su política internacional no se andaba “por las ramas”. Sin embargo, y a pesar de que la realidad demostró que las defensas de Israel no bastan por sí mismas para detener a Irán, Netanyahu siguió adelante con sus medidas asesinas. Naturalmente, prosiguió a sabiendas de que Estados Unidos lo protege.
Las masacres se han prolongado, incluso, desoyendo las condenas explícitas de la presidencia y los países miembros de la ONU, y sin respetar las fronteras nacionales de los países vecinos. En julio, las fuerzas de Israel asesinaron al líder de Hamás “Ismail Haniya” en la capital iraní, y el viernes 27 de septiembre, en el marco de la intervención militar israelí sobre el Líbano, los sionistas cometieron la estupidez de asesinar en un mismo ataque al secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, y al general de brigada iraní Abbas Nilforushan. Esto constituye una escalada mayúscula de la violencia en Medio Oriente y el único culpable es el Estado de Israel, el asesino de los pueblos musulmanes, el ariete pagado y armado con recursos estadounidenses, el provocador tolerado por todas las potencias occidentales desde mediados del Siglo XX.
En consecuencia, la Promesa verdadera 2 no pudo esperar más allá de octubre. La desmedida y el asesinato de inocentes no pueden permanecer impunes. Este ataque fue más contundente. Distintas fuentes, amigas o enemigas de Irán, hablan de entre 200 y 400 proyectiles, lanzados sobre objetivos militares dentro del territorio sionista, en Tel Aviv y Jerusalén. Los estadounidenses, por su parte, intentaron neutralizar la Promesa, pero esto no habría servido de mucho. Si los reportes de los medios afines al gobierno de Teherán son ciertos, un 80 por ciento de los misiles habría acertado en sus objetivos. Para muestra están los videos disponibles del bombardeo, donde se ofrecen imágenes nítidas de una lluvia de fuego prácticamente imparable.
Ya es tiempo de hacer justicia a las víctimas del sionismo. Irán, Líbano y Yemen son los primeros valientes que protestan con fuerza en contra del genocidio palestino. Para detenerlo será necesario que se sumen muchos pueblos del mundo. Lo mejor sería que los ejércitos de los países independientes, reunidos, obliguen a Netanyahu a detener su supremacismo sionista en Palestina.
El martes siete de abril, Estados Unidos (EE. UU.) e Irán acordaron un cese al fuego para abrir paso a dos semanas de negociaciones.
Hace unas cuantas horas se informó que se detenía “por dos semanas” el ataque criminal que las fuerzas armadas de Estados Unidos (EE. UU.) e Israel desataron en contra de la República Islámica de Irán.
La guerra es una necesidad del sistema capitalista para permanecer.
El presidente Trump advirtió que, si las negociaciones fracasan, Washington tomará acciones militares.
El ayatolá declaró “victoria indiscutible” de Irán y advirtió que no dejarán “en paz a los agresores”, mientras anticipa cambios en la gestión del estrecho de Ormuz.
El Ministerio iraní de Salud reportó 220 menores y 257 mujeres fallecidos.
Medios locales reportan al menos 250 muertos y más de mil heridos, además del colapso de hospitales en varias regiones del país.
El analista político Carlos Santa María sostiene que la tregua responde a una “derrota estratégica” de Estados Unidos e Israel frente a Irán.
China y Rusia bloquearon un proyecto de resolución que “alentaba” el uso de escoltas armadas para buques mercantes en el estrecho de Ormuz.
Irán interrumpió los contactos diplomáticos con EE.UU. en respuesta a las nuevas amenazas lanzadas por Trump en redes sociales.
Trump amenaza con ataques masivos contra infraestructura iraní si no reabre el estrecho de Ormuz antes del martes 7 de abril.
Según datos del Cuerpo de la Media Luna Roja de Irán citados por agencias internacionales, los ataques han causado más de mil 300 muertos y al menos 18 mil heridos desde el inicio de las operaciones militares.
A casi un mes de guerra, Estados Unidos (EE. UU.) no ha logrado derrocar al gobierno de Irán ni adueñarse de sus riquezas; tampoco ha podido tomar el control del golfo Pérsico y del estratégico estrecho de Ormuz.
Aunque en nuestro país y en el mundo la historia sigue y hay graves problemas, ante los acontecimientos en el Medio Oriente que pueden decidir el destino de la humanidad entera es muy difícil mirar hacia otra parte y hacer comentarios.
Potencias buscan reabrir la ruta clave del petróleo, mientras Estados Unidos pone en duda su papel en la OTAN y Rusia intenta capitalizar la crisis.
Escrito por Anaximandro Pérez
Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.