La medición de la pobreza se ha convertido en uno de los criterios sustanciales para evaluar el desempeño gubernamental y las posibilidades de un crecimiento con desarrollo de un país.
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Me referiré fundamentalmente a Estados Unidos (EE. UU.), aunque no debe descartarse de ninguna manera que tratándose de un mismo modo de producción, los aspectos principales que se señalan, puedan repetirse de una manera muy similar en otros países e incluso en nuestro país. En torno a la injusticia, he estado atento a las noticias que señalan que el año 2019 fue en nuestro vecino del norte, el año más violento desde la década de 1970 en el que hubo más matanzas y, me llama la atención, ya que soy de los que piensan que la violencia está íntimamente ligada con la injusticia social, el abismo que existe entre los que tienen todo y los que no tienen nada.
En esta ocasión quiero hacer algunos comentarios acerca de un libro recientemente publicado en el año 2019 por la editorial W.W. Norton & Company y que lleva por título The triumph of injustice. How the rich dodge taxes and how to make them pay (El triunfo de la injusticia. Cómo los ricos evaden impuestos y cómo hacerlos pagar), cuyos autores son los destacados economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. Para lo fundamental de este artículo traduzco y comento el trabajo de Andre Damon, que en días pasados publicó la página electrónica World Socialist Web Site.
Aun cuando sus ingresos han ascendido enormemente, cosechando los beneficios de la globalización –escriben los autores en la introducción del libro– y su riqueza se ha disparado a alturas nunca antes vistas, los americanos más afortunados han visto caer sus tasas impositivas; mientras que para la clase trabajadora los salarios se han estancado, las condiciones de trabajo se han deteriorado, las deudas se han disparado y sus impuestos han ascendido. Desde 1980, el sistema impositivo ha enriquecido a los ganadores en la economía de mercado y empobrecido a los que tienen pocos beneficios del crecimiento económico.
Los autores de la obra demuestran que por primera vez en la historia moderna de EE. UU., los muy ricos pagaron en impuestos, en 2018, un porcentaje más bajo de su ingreso que los trabajdores promedio, que el sistema fiscal en EE. UU., lejos de ser progresivo, es regresivo y que esto ha agravado tremendamente la injusta distribución de la riqueza. En 1980, el uno por ciento de la cúspide de la pirámide ganaba poco más del 10 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 50 por ciento de la parte baja de la pirámide ganaba alrededor del 20 por ciento. Al día de hoy, el uno por ciento de la cúspide se lleva más del 20 por ciento del ingreso nacional y la clase trabajadora escasamente el 12 por ciento; el incremento de la parte del pastel que se llevan 2.4 millones de adultos es similar en magnitud a la pérdida sufrida por más de 100 millones de norteamericanos.
Para la clase trabajadora, para los 122 millones de adultos que se encuentran en la mitad más baja del ingreso, su ingreso anual promedio era de 18 mil 500 dólares (antes de impuestos y transferencias) para el año 2019. Esto equivale a un promedio de 50.68 dólares al día. Ello contrasta agudamente con los ingresos y la vida que lleva la clase media alta (la que se halla en el percentil 90 y 91) que tiene un ingreso anual promedio de 220 mil dólares, un equivalente a 602.7 dólares diarios. En la cúspide de la pirámide se encuentran los 2.4 millones de norteamericanos más ricos que constituyen el uno por ciento y que ganan un promedio anual 1.5 millones de dólares, es decir, cuatro mil 109.5 dólares diarios.
Los autores de la obra sostienen que este nivel de desigualdad no es casualidad, sino el resultado de políticas deliberadas de parte de los legisladores. Describen detalladamente cómo durante décadas, administraciones sucesivas han recortado los impuestos de los ricos y las corporaciones, lo que ha ocasionado un incremento masivo de la desigualdad social. Hacen notar que los impuestos casi confiscatorios que se aplicaron a los más ricos durante el New Deal ayudaron a contener la desigualdad heredada de los años 20 y contribuyeron a una distribución más justa hacia la mitad del Siglo XX.
De 1930 a 1980, la tasa de impuesto marginal más alta en EE. UU. –se señala– promedió 78 por ciento. Esta tasa llegó al 91 por ciento de 1951 a 1963. Grandes fortunas fueron causantes de impuestos cuasi confiscatorios durante la mitad del Siglo XX, con tasas cercanas al 80 por ciento de 1941 a 1976. En 1970, los norteamericanos más ricos pagaron (con todos los impuestos incluidos) el doble de los integrantes de la clase trabajadora, en 2018, después de la reforma impositiva de Donald Trump, y por primera vez en los últimos cien años, los billonarios pagaron menos que los trabajadores del acero, los maestros y los retirados. Los impuestos de los más ricos han regresado a los niveles de 1910, cuando el gobierno era solamente un cuarto del tamaño de lo que es hoy. En pocas y resumidas palabras, el explosivo cocktail que está minando a norteamerica es simple: los ingresos del capital en sus diferentes formas están llegando a ser libres de impuestos, tax free.
No solo hay impuestos bajos, hay garantías de que no se va a auditar lo poco que se paga. Los autores dicen que en 1975 el Internal Revenue Service (IRS) la oficina encargada de cobrar impuestos, el equivalente al Sistema de Administración Tributaria (SAT), auditó al 65 por ciento de los 29 mil causantes más grandes que declararon durante 1974, en 2018, solo 8.6 por ciento de los 34 mil causantes que declararon el año anterior fueron auditados. Al día de hoy, cerca de 60 por ciento de los capitales de las multinacionales en el extranjero están depositados en países en los que casi no se pagan impuestos, tales como Irlanda y Bermudas. Existe una masiva industria dedicada a ayudar a evadir impuestos, a pesar de que la mayoría de estas evasiones son ilegales, ya que la ley prohíbe cualquier inversión cuyo propósito sea precisamente evadir impuestos.
El fenómeno, agregan los economistas, no es exclusivo de EE. UU. La ley de Donald Trump de 2018 fue parte de un proceso internacional. Tan pronto como se aprobó, el presidente Emmanuel Macron prometió en Francia cortar el impuesto a corporaciones de 33 a 25 por ciento entre 2018 y 2022 y el Reino Unido está adelante en el proceso, pues inició en 2008, bajo el gobierno de Gordon Brown y ha advertido que llegará a 17 por ciento en 2020.
Habiendo presentado este análisis, los autores de la obra proponen incrementar los impuestos de las grandes corporaciones. Dicen textualmente: “La buena noticia es que se puede reparar esta injusticia inmediatamente: no hay nada inherente a la globalización que impida nuestra posibilidad de poner impuestos a las grandes compañías y a los ricos”. Y en efecto, habiendo conciencia e iniciativa ciudadana, pueden cambiar las cosas en el marco del capitalismo, sin atentar contra la propiedad privada de los medios de producción. Tal como lo señala en su programa de cuatro puntos el Movimiento Antorchista: empleo para todos, buenos salarios, obra pública básica y justicia fiscal. Todo parece indicar que ésa es la posición de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. Ilustrativo su libro.
La medición de la pobreza se ha convertido en uno de los criterios sustanciales para evaluar el desempeño gubernamental y las posibilidades de un crecimiento con desarrollo de un país.
El crecimiento fue respaldado por exportaciones y utilidades empresariales
La empresa estatal disminuyó el volumen de crudo procesado en comparación con el mes previo y sigue lejos de su meta sexenal.
El Producto Interno Bruto (PIB) se quedó por debajo de la estimación del Inegi y de economías comparables, como Brasil y Colombia.
La idea de que es posible el dominio absoluto y duradero de un Estado nación sobre el resto del mundo ha constituido un elemento central de la ideología norteamericana desde al menos el Siglo XIX.
Durante años, la narrativa de la austeridad republicana funcionó como uno de los principales dispositivos simbólicos de legitimación del proyecto político encabezado por Morena.
Más de 90 países ya buscan alternativas al dólar, al mismo tiempo que se promueve un sistema financiero multipolar.
El organismo prevé contracción en la actividad económica por una caída en industria y servicios.
En México, el 33.9 por ciento de la población –equivalente a 44.2 millones de personas– vive en situación de pobreza laboral, lo que significa que sus ingresos son insuficientes para adquirir la canasta alimentaria básica.
A pesar de generar más del 80 por ciento del empleo, la falta de acceso a financiamiento y la mala administración provocan cierres constantes.
El rezago educativo y la falta de servicios básicos siguen afectando a millones
Por cada peso de deuda contraída, sólo 68 centavos son destinados a inversión física. Cada mexicano debe en promedio 133 mil pesos, 22 mil más que en 2019.
El valor combinado de canastas alimentarias y no alimentarias alcanzó 4 mil 718.55 pesos en ciudades y 3 mil 396 en zonas rurales.
Todavía no han salido los resultados oficiales de medición de la pobreza del Inegi, pero el gobierno de la 4T ya echó las campanas al vuelo y los medios de comunicación afines han secundado ese canto de victoria.
Entre los productos con mayores aumentos destacan la lechuga y la col, con un alza mensual de 17.44 por ciento; así como los nopales, con 13.04 por ciento.
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Escrito por Omar Carreón Abud
Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".