Hoy vivimos una era privilegiada, poseemos notaciones matemáticas claras, precisas, universalmente aceptadas, e incluso hemos aprendido a inventar nuevas notaciones que nos permitan un óptimo trabajo matemático.
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El cerebro humano tiene en torno a 100 mil millones de neuronas conectadas por 100 billones de sinapsis. A los 18 años, hemos absorbido ejemplos de nuestro entorno durante más de 300 millones de segundos de vigilia, lo suficiente para hacer una vida normal. Este procesamiento de redes neuronales prepara al humano para realizar muchas comparaciones y asociaciones de patrones a lo largo de su vida. Con ello emerge paulatinamente a lo largo de los primeros años de su vida el pensamiento conceptual, pieza clave para entender el conocimiento matemático. Sin embargo, estas redes neuronales van más allá del estricto pensamiento matemático, también generan intuición, instinto, sospechas, corazonadas, etc., es decir, la cognición humana es racional, pero no lógica en todo momento. De hecho, desde lo racional, nuestro pensamiento es muy lineal, nos cuesta pensar exponencialmente, por ejemplo, cuando pensamos en inversiones, nuestra mente lineal sólo ve ganancias a corto plazo, y no una mayor ganancia a largo plazo, como ocurre en los fondos de pensiones. Las personas tienden a desconfiar, incluso los mismos matemáticos incurren en estas debilidades cognitivas. El psicólogo Steven Pinker, en su obra Racionalidad, lo estudia con mucho detalle.
Este cerebro racional, con millones de conexiones neuronales, es también emocional, e ilógico; Steven Pinker da muchos ejemplos que validan esta afirmación. Además, en nuestra vida diaria, las decisiones humanas en la mayoría de casos son de tipo razonable, y no lógico-matemáticas. Nadie usa matemática, para cruzar una calle y evitar que lo atropellen, usa la intuición, nadie usa el teorema de Pitágoras para diseñar el techo de una casa, se usa la experiencia empírica; nadie ve vectores por las calles, cuando observa un auto o un avión, etc. Es decir, nuestro pensamiento es intuitivo, instintivo, empírico, emocional. Bajo esta característica cerebral, enfrentarse al discurso matemático escolar le causa un conflicto cognitivo importante, puesto que el contenido matemático es preciso, estrictamente lógico y no emocional. No le podemos tener empatía a un triángulo, porque ni siquiera existe materialmente, sólo existe a nivel conceptual en nuestra mente. Esto es una de las razones por las que no se aprende matemática, porque tenemos que formar al cerebro humano en un pensamiento lógico deductivo, mientras que nuestro cerebro tiene un pensamiento libre y emocional. Tendemos a pensar e intuir cosas, libremente, mientras en matemática, existen reglas rígidas. Los problemas que enfrentamos en la vida diaria son concretos y con base en nuestras necesidades de sobrevivencia, en cambio los problemas matemáticos son idealizados, muchas veces artificiales, no reales, tenemos que tener la capacidad de transponer un problema idealizado, hacerlo isovalente a objetos matemáticos (números, figuras geométricas, funciones, etc.) que sólo existen de manera conceptual en la mente humana.
A pesar de que el cerebro humano ha evolucionado para poder captar colores y movimiento, comprender patrones, hacer comparaciones y conexiones, es decir, es capaz de aprender matemática (por lo menos la matemática escolar), se constata que después de muchos años de escolaridad el joven egresa conociendo muy poco, muchas veces ni las operaciones básicas. Incluso las capacidades instintivas y emocionales también lo están perdiendo, puesto que existen herramientas tecnológicas que hacen el trabajo que anteriormente realizaba el cerebro humano. Adicionalmente a las características intrincadas del conocimiento matemático, su asimilación pasa por concentración –que también se está perdiendo en los jóvenes–, reflexión profunda, habilidad para conectar pensamiento abstracto en la parte operacional, mucha práctica, hay que convencer a nuestro cerebro de que es importante este conocimiento, por lo menos que genera placer, emoción, de lo contrario nuestro cerebro lo desecha, lo elimina o lo pone en la memoria de corto plazo.
Mucho se habla de aprendizaje; sobre todo en la pedagogía influenciada por el posmodernismo se habla mucho de metodologías de todo tipo, de facilitar el conocimiento, y hasta de creatividad e innovación, pero casi nunca se analiza científicamente el órgano encargado de todas estas tareas: el cerebro.
Esta discriminación al estudio científico del cerebro ha generado pocos aprendizajes matemáticos, causando una fobia generalizada por esta disciplina, que es el constructo humano más valioso que han inventados los seres humanos.
Hoy vivimos una era privilegiada, poseemos notaciones matemáticas claras, precisas, universalmente aceptadas, e incluso hemos aprendido a inventar nuevas notaciones que nos permitan un óptimo trabajo matemático.
Las nuevas metodologías que se están insertando también en la educación superior bajo el respaldo de los académicos pedagogos, no muestran evidencia de mejorar los aprendizajes.
La gramática también castiga; o de cómo la falta de verbos cambió la nacionalidad de un poeta mexicano, sería un título apropiado para la decimonónica anécdota literaria que hoy nos ocupa.
A menudo se considera a Las Instrucciones de Shuruppak como el libro más antiguo de que se tenga noticia.
Los gobiernos o universidades lo ven como una “inversión para desarrollar la ciencia” y no como carrera profesional autofinanciable.
La prosa de Álvaro Mutis tiene tanto de poética como su poesía roza la narración.
Entre cada presentación, el público, cubierto en un murmullo de emoción, se sentía parte de algo más grande que un simple espectáculo.
En esta magnífica jornada artística se mostraron destacados grupos dancísticos y musicales procedentes de Colombia, Panamá y Eslovaquia, así como el prestigiado Ballet Nacional de Danza y de Música del Movimiento Antorchista Nacional.
Su primera novela fue La cabeza en las nubes (1989).
El mundo moderno, con todos sus adelantos, sigue siendo tributario de Sumeria.
Sería revolucionario tener un libro en el que podamos visualizar el genoma de la matemática, el ADN que caracterice la esencia de la matemática, desde Euclides hasta nuestros días.
La poetisa y periodista argentina Olga Orozco forma parte de la generación conocida como la Tercera Vanguardia.
Harto conocida es la importancia jurídica de este extenso código.
El encuentro cultural reunirá expresiones artísticas de Colombia, Panamá, Eslovaquia y México.
Hemos denominado “protomatemática” a las nociones matemáticas anteriores a los griegos.
Escrito por Dr. Esptiben Rojas Bernilla
Colaborador