Con El Acorazado Potemkin también se sentaron las bases del realismo que inspiraría a otras corrientes del cine como el Neorrealismo italiano, el cinema novo brasileño, la Nueva ola francesa, etc.
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No resulta novedoso para nadie que el cine estadounidense continúe creando películas que hacen apología del orden social actual en ese país, aunque éste se encuentre en plena descomposición. Por esta razón, la industria cinematográfica gringa permanece como un poderoso instrumento de lavado de cerebros, de manipulación mental e ideológica, pues el llamado “Complejo industrial del entretenimiento” desempeña un rol de máxima importancia para “domesticar” a la población ‒y ahora para contener el creciente descontento generado por millones de personas en la superpotencia debido a la precaria situación económica y social‒.
Así que, mientras en las grandes ciudades de ese país hay manifestaciones gigantescas para protestar contra la política migratoria, contra la severa caída de los niveles de vida, expresadas en la creciente pérdida del poder adquisitivo ‒dado que la política arancelaria de Trump ha provocado mayor inflación y los salarios no aumentan‒, protestan por el empeoramiento socioeconómico, pues diariamente crece el número de los millones de personas sin atención a la salud o que se endeudan por realizar estudios de nivel profesional o carecen de vivienda y habitan en furgonetas o remolques (o de plano viven bajo los puentes vehiculares, etc.).
Mientras hay una fuerte indignación por la brutalidad de los cuerpos represivos del Estado que asesinan a personas inermes, a quienes por protestar califican como “terroristas”, Hollywood y toda la industria cinematográfica sigue creando filmes que embellecen la ominosa realidad estadounidense. Una cinta de este tipo es El Botín (2026), del realizador Joe Carnahan, que narra la historia de dos policías de la ciudad de Miami; ambos reciben la información de que existe una casa donde hay miles de dólares (que unos narcotraficantes han escondido). Cuando llegan a la casa con un perro rastreador de dinero descubren que no son algunos cientos de miles de dólares, sino más de 20 millones. La trama, sin embargo, nos lleva a dudar de que los policías quieran realmente decomisar el dinero y más bien pretenden hurtarlo.
No son los narcotraficantes quienes intentan recuperar su dinero, sino otros policías los que urden un plan para apropiarse del cuantioso botín; por lo que el agente antinarcóticos Dane Dumars (Matt Damon), para descubrir a un infiltrado del grupo de policías corruptos que quiere apropiarse del botín, advierte a cada policía de su equipo que hay distintas cantidades de dinero. Cuando Dane y su equipo están contando los billetes ‒siguiendo el protocolo de la legislación de Florida‒ recibe la llamada de un supuesto narcotraficante quien le asegura que pueden tomar los 150 mil dólares y “largarse”; pues de lo contrario, serán atacados.
Dane descubre quién es el infiltrado en su equipo. Y, en efecto, ocurre un ataque que es repelido por el equipo de la policía antinarcóticos. Después llega un grupo de policías encabezado por el agente que pretende robar el cuantioso botín y aparenta estar apoyando la labor de decomiso del dinero para ser entregado a la Administración para el Control de Drogas (DEA); cuando viajan en vehículos blindados, el policía corrupto agrede a Dane y su equipo. Sin embargo, como toda historia hollywoodense de estirpe alienadora, ocurre el final previsible: ganan los “buenos”, los “honrados”; pierden los malos y corruptos.
Así, los buenos ciudadanos estadounidenses pueden dormir tranquilos, pues las fuerzas del orden son limpias, justas y velan por el bienestar de la nación. ¿Hasta cuándo este tipo de narrativas embellecedoras seguirán narcotizando las mentes de cientos de millones de personas en EE. UU. y del mundo? Lo cierto es que el Departamento de Guerra, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigación (FBI) y todos los organismos militares, policiales y de inteligencia estadounidenses tienen el cuerpo metido hasta el cuello en la industria cinematográfica para garantizar que el sistema siga manteniendo al país más depredador del planeta en funciones óptimas; y ahora más que nunca aplica esa labor alienadora, pues el imperio capitalista se está jugando sus últimas cartas para conservar el control y seguir apropiándose de la riqueza mundial.
Con El Acorazado Potemkin también se sentaron las bases del realismo que inspiraría a otras corrientes del cine como el Neorrealismo italiano, el cinema novo brasileño, la Nueva ola francesa, etc.
Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo.
Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.
El cine silente podría parecer algo arcaico para los espectadores del mundo actual.
Estas primeras producciones –casi todas de corta duración– eran cine documentalista que llamaba la atención de un público creciente.
Ven y mira es una narración fílmica que logra captar con profunda nitidez y elocuencia lo que sufrió el pueblo soviético durante La Segunda Guerra Mundial.
Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis.
Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética.
En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
La balada del soldado es una historia de gran aliento humano; narra la vida y el amor que se mueven en el ámbito de la muerte y la destrucción. La balada del soldado es una joya de la cinematografía mundial.
Las cintas que abordan historias ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial son tal vez las más numerosas de toda la filmografía global.
En varios de sus filmes, la realizadora granadina Chus Gutiérrez ha retratado la dura realidad que padecen los trabajadores en España.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA