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El negocio sucio del futbol
Por todos estos fraudes, sobornos y fechorías, se ha logrado probar que el futbol está en manos de mafias corruptas y hundido hasta el cuello en la corrupción, mientras millones de aficionados asisten a los estadios y compran artículos alusivos a los equipos de los que son fanáticos


En el documental Los entresijos de la FIFA se evidencia claramente que la organización de un Mundial de futbol no depende de la “buena voluntad” y decisiones democráticas o las justas de los organizadores, porque se trata de un gran negocio en el que hay mucho dinero y decisiones políticas de por medio, como la relacionada con la designación de las sedes mundialistas. Ejemplos: por el Mundial de Sudáfrica de 2004, el gobierno de ese país pagó decenas de millones de dólares (mdd) a los dirigentes que asignaron la sede. En el Congreso de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) de 2010 se eligieron las sedes de los mundiales de 2018 y 2022. Joseph Blatter, su entonces dirigente, anunció que se “abría la puja”, con lo que sugirió que empezarían las negociaciones para ver “quién convenía”. La decisión de que la sede del Mundial de 2022 fuera Qatar provocó una gran sorpresa porque el candidato más fuerte era Estados Unidos (EE. UU.). Esta decisión provocó ataques muy fuertes contra los cataríes, al grado de que al dirigente de la FIFA sufriera depresión, pues estaban cargados de racismo: un problema muy agudo en el futbol, sobre todo en Europa, donde constantemente se insulta a jugadores africanos y de otros continentes con gritos como el de “simio” o “indio”. 

Los cataríes entregaron mdd a los dirigentes africanos para que favorecieran su candidatura. Una periodista británica del Sunday Times denunció esta corrupción, pero casi de inmediato fue despedida de su trabajo y amenazada de muerte. Los cataríes también sobornaron a políticos de varios países con ofertas de petróleo, compra de tierras y fue en ese periodo cuando compraron al equipo de fútbol París Saint Germain. 

Jack Warner, dirigente de la Confederación de América del Norte y del Caribe (Concacaf), entregó sobres con 40 mil dólares de soborno a los líderes del futbol de los demás países de esta región para que votaran por Qatar. Binn Amman, dirigente de la Confederación Asiática de Futbol (CAF), quien siempre apoyó a Blatter, fue aislado por éste porque al final lo consideró su competidor y posible sustituto. 

Chuck Blazer, otro líder de la Concacaf, acusó a Warner, pero también fue denunciado por éste de tener muchos ingresos inexplicables. A Blazer se le descubrieron grandes corruptelas, entre las que destacó que no pagaba impuestos al fisco de EE. UU.; pero en lugar de condenarlo a 100 años de prisión, la “justicia” gringa lo convirtió en “colaborador protegido”. 

Por todos estos fraudes, sobornos y fechorías, se ha logrado probar que el futbol está en manos de mafias corruptas y hundido hasta el cuello en la corrupción, mientras millones de aficionados asisten a los estadios y compran artículos alusivos a los equipos de los que son fanáticos. El futbol se ha utilizado para enriquecer a una caterva de delincuentes. Sin embargo, el documental Los entresijos de la FIFA no cuestiona a los gobiernos y mucho menos critica a los patrocinadores que conforman el gigantesco entramado de corrupción. ¿Por qué Netflix sólo denuncia a los dirigentes? No es difícil entenderlo: porque, como indica la tradición religiosa antigua, los “chivos expiatorios” han servido y sirven ahora para lavar la cara de los más poderosos en la sociedad capitalista. El futbol servirá para hacer grandes negocios y para que los nuevos Havelange, Blatter y demás sigan enriqueciéndose. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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