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Las redes sociales son hoy el gran conducto de expresión de los principales actores con mayor poder económico y tecnológico como Estados Unidos (EE. UU.), la República Popular China (RPCh) y la Federación Rusa. Es por ello que la red global de quinta generación (5G) –paradigma comunicativo del Siglo XXI– es objeto de disputa entre estas potencias. Si no supera su enorme dependencia tecnológica, México sufrirá los efectos de esa implacable competencia. Y el tiempo corre.
El imaginario geopolítico contemporáneo define al poder como la capacidad de los actores políticos para obligar a los demás a hacer su voluntad. En las próximas siete décadas, la rivalidad por la hegemonía entre Occidente y Oriente se disputará en el gran juego por la red móvil de Quinta Generación (5G). De ahí la acometida contra la plataforma digital china TikTok.
Para explicarse el quid de la disputa en esta contienda basta citar que, en la Cuarta Revolución Industrial, la tecnología 5G resulta fundamental para la transformación de los límites entre el mundo físico y el digital. Beneficiarse del mundo virtualmente interconectado para alcanzar la supremacía tecnológica mediante el control de la 5G ha sido el objetivo de EE. UU. y China.
Hace más de 20 años que firmas estadounidenses concentran el mercado internacional de plataformas digitales; y con esta supremacía tecnológica, el capitalismo corporativo se reprodujo sin sobresaltos. Sin embargo, ese orden geopolítico se trastocó con el crecimiento económico-tecnológico de China.
Para mantener su hegemonía a toda costa, Occidente lanzó su encarnizada ofensiva contra el país asiático. Las expresiones más recientes de esta acometida van desde la histérica campaña por los “globos espías” hasta la supuesta venta de armas chinas a Rusia ante el conflicto militar que sostiene con Ucrania.
La estrategia de las empresas tecnológicas y la cúpula política de Washington tiene dos objetivos: impedir que prospere la competencia que “erosiona” su poderío y desalojar del mercado a Beijing. En este marco surgió el hostigamiento del expresidente Donald Trump contra la telefónica Huawei y ahora se está efectuando el de Joseph Biden contra TikTok.
El objetivo es controlar el algoritmo de esa tecnológica, de la que son clientes casi la mitad de los estadounidenses –dos tercios son adolescentes– y en ese combate no sorprende que China esté dispuesta a “pelear”.
La controversia entre EE. UU., China y sus respectivas tecnológicas se resolverá cuando se decida qué actor obtendrá el valor económico de TikTok; qué actor ejercerá influencia ideológica sobre los sistemas socio-técnicos y qué actor se beneficiará del poder estratégico del control o acceso a los datos digitales.
Entretanto, habrá que ver cómo reaccionan los mercados globales y las compañías tecnológicas frente a la eventual prohibición estadounidense sobre la aplicación asiática, advierte la especialista Joanne Gray.
Ofensiva total
Todo análisis del caso interpreta que no es un problema de ciberseguridad, sino geopolítico. Para dominar el campo digital del Siglo XXI, el capitalismo ha desplegado la política corporativa de las tecnológicas estadounidenses (Meta, Snapchat, Google y otras) para socavar a rivales como TikTok. Todas promueven la prohibición de su contrincante manipulando a políticos y empresarios.
Esta aplicación, que uno de cada tres estadounidenses usa, representa una competencia imperdonable para las tecnológicas locales. TikTok nació para despertar la creatividad lúdica en Internet mediante contenidos de sátira política y activismo que se viralizan.
Inquietas por la creciente preferencia de usuarios en su propio país –y en el mundo– las compañías gringas acusan a TikTok de recolectar ilegalmente los datos de sus usuarios. ¡Espionaje, en fin! Tal acusación no se respalda con pruebas ni evidencias, porque se limita a crear la percepción de amenaza.
El alma del internet
Hace 20 años, Marcus Hurst advertía que el despliegue global de la red planteaba cuestiones geopolíticas similares a las de los oleoductos, pues lo virtual funciona a través de una infraestructura física que se extiende por todo el planeta. De ahí que a los mexicanos no debe sernos ajena la odisea tecnológica que implica la transferencia de datos entre emisor y receptor.
Solo en 2015 se almacenaron y consumieron 15.5 zettabytes (ZB) de datos en el mundo –unos 15.5 billones de gigabytes; esta cifra se multiplicará por 10 en 2024. Estos datos se resguardan en la nube o almacenes de servidores, a los que se accede en las “granjas de servidores”. La nueva ventaja competitiva entre las firmas tecnológicas radica en su capacidad de almacenamiento de los ZB.
Estos centros de datos son el “alma de Internet”, instalaciones por las que pasa toda la red mundial: páginas visitadas, imágenes descargadas, mensajes en distintos chats y plataformas. Cada día aumenta el número de los también llamados “templos de datos”, cuyo control es ya una baza política, pues solo unas cuantas empresas controlan ese servicio de almacenamiento y procesamiento.
Y más que una genuina preocupación por la supuesta recolección de datos de usuarios, las corporaciones y el gobierno estadounidenses han convertido esa aplicación de videos cortos en su nueva “diana de ataque”.
Decididos a expulsar a la firma asiática –que simboliza a China, su principal oponente comercial– los legisladores obligaron a declarar, el pasado 23 de marzo, al jefe ejecutivo, Shou Zi Chew, ante el Comité de Asuntos Externos de la Cámara Baja de EE. UU.
En la audiencia titulada TikTok, cómo el Congreso puede Salvaguardar la Privacidad de Datos de Estadounidenses y Proteger a los Niños de Peligros en Línea, Chew sostuvo que su empresa “no es agente de China ni de ningún otro país”.
Por Instagram, el ejecutivo advirtió que prohibir esa App dejará a 150 millones de usuarios sin una red que les ha sido muy útil. Subrayó que, como sus homólogas estadounidenses, la aplicación desarrolló herramientas de denuncia por publicar contenidos indebidos y concluyó: “se necesitan reglas claras y transparentes que se apliquen ampliamente a todas las empresas de tecnología”.
Y es que, tal como lo hacen Facebook, Google o Instagram, TikTok recopila a diario información de sus usuarios; la única diferencia es que esas empresas son de capital estadounidense. Si es genuina la preocupación del gobierno de Biden, también debería prohibir a todas las plataformas por extraer datos sin consentimiento de los usuarios, apuntan analistas.
Para el experto Martín Becerra, este ataque significa una “puesta en escena para situar a la aplicación como eje de un problema, que le atribuye la responsabilidad de cuidar la privacidad y que es general en todo Internet”.
El 27 de febrero, el gobierno de Biden llegó el punto de inflexión: ordenó borrar TikTok en teléfonos móviles de todos los funcionarios de agencias federales. Fue el resultado de la presión de halcones y paloma, que sostienen que la plataforma china es potencial amenaza para la seguridad nacional de EE. UU.
Esta medida implicó que los departamentos de Defensa (Pentágono), de Estado y de Seguridad Interior, así como la Casa Blanca, ya no utilicen TikTok. El gobierno alegó que la “prohibición temporal” obedecía a medidas de ciberseguridad.
También desestimó las estrictas leyes que China impuso a sus plataformas para proteger la privacidad de los usuarios, las cuales son tan rígidas que las empresas tecnológicas occidentales abandonaron o redujeron sus operaciones nacionales por no cumplirlas.
Fue con esta autoridad moral como China acusó a EE. UU. por abusar de su poder estatal. En reacción, Washington lanzó una campaña de desprestigio: la Oficina de Administración y Presupuesto advirtió que TikTok representa “riesgos”; y el jefe de la Oficina Federal de Información y Seguridad, Chris Derusha, aseguró que peligra la infraestructura digital del país.
La acometida abrió otro frente en el Congreso estadounidense con la iniciativa Para Disuadir a los Adversarios Tecnológicos de Estados Unidos (DATA), del senador demócrata de Virginia, Mark Warner, que permite a las agencias del gobierno “detener, alterar, prohibir, prevenir, investigar o cualquier otra forma para mitigar” servicios que juzgue como amenaza.
DATA no cita explícitamente a TikTok, aunque faculta al Secretario de Comercio a prohibir tecnologías extranjeras en EE. UU. si amenazan la seguridad nacional. Ve a la plataforma como “amenaza que permite al Partido Comunista de China acceder a datos de vigilancia de usuarios”.
La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) criticó que el Congreso limite libertades y derechos que la Primera Enmienda otorga. “Tenemos derecho a usar TikTok y otras plataformas para intercambiar pensamientos, ideas y opiniones con gente dentro del país y en el mundo”, declaró el 24 de febrero.
Frente a tal embestida en su contra, la empresa china emitió el comunicado No a la ley del Gobierno sobre Dispositivos y TikTok, en el que afirma que la prohibición es una acción “política”, que pasó en el Congreso sin deliberación y es “copia fiel de la de otros gobiernos”.
No es reciente el maltrato a TikTok. En cuanto las tecnológicas vieron el auge de esa plataforma, convencieron a Trump para presionar a la empresa propietaria, ByteDance, y obligarla a vender sus acciones a firmas estadounidenses, so pena de prohibirla. Como la firma se rehusó, la guerra se desató. Es una expresión del llamado “nacionalismo digital” por el que las tecnológicas de EE. UU. detentan el dominio del mercado.
Guerra por contenidos
El innovador sistema de sugerencias y aprendizaje, con el que la plataforma decide cómo servir a los usuarios, mientras pasan el dedo por la pantalla para elegir contenidos, es la clave de su éxito. Con esta aplicación, ByteDance afirmó sus sistemas de aprendizaje para proporcionar una experiencia innovadora de videos cortos.
TikTok usa tres algoritmos clave: uno de recomendaciones, otro de clasificación de contenidos y uno más que perfila al usuario. Así, en tiempo real, opera y aprende (por ejemplo, la relación entre contenido e información del usuario, su conducta y tendencias).
La actual contienda geopolítica entre EE. UU. y China tiene el objetivo de controlar dos aspectos fundamentales: los contenidos en Internet –convertidos en bienes de exportación– y los vínculos entre usuarios y mercados, explican Antonio Fonfría y Néstor Duch-Brown.
De ahí que la controversia incida en el significado de TikTok: es la aplicación más popular en EE. UU. por su oferta de videos cortos y variados, que se comparten “viralmente” a más de un millón de usuarios activos. Esos contenidos son definidos por la empresa china propietaria, ByteDance, que en 2020 trasladó su cuartel general a Singapur. Hoy, esta firma representa un mercado estimado en 220 mil millones de dólares (mdd).
Detrás de ella están compañías como General Atlantic –que con sus 34 empresas ha invertido 6.7 mil mdd en China desde el año 2000–; Coatue, que lidera al consorcio Heytea y cuatro firmas foráneas que conforman el comité directivo.
Con este andamiaje, la plataforma ha atraído a un vasto público y produce enormes beneficios. Solo en 2023 espera ingresos por 10 mil mdd; 2.7 mil provendrían de EE. UU. Se estima que la plataforma vale unos 59 mil mdd, con más de mil millones de usuarios activos, es decir, que interactúan y viralizan sus contenidos.
Si se otorgara crédito a la versión de la cúpula financiero-militar de EE. UU. en torno a que la plataforma “roba información de sus clientes”, sería natural que causara escalofrío que el PCCh disponga de los datos privados de los usuarios. “Sin embargo, desdeña las previsiones que por años ha tomado Beijing en ese sentido”, precisa el especialista Hemant Adiakha.
El usuario deja parte de sus datos cuando utiliza WhatsApp, Facebook, YouTube, Google, Twitter, Telegram, Instagram y otras plataformas. Todas recolectan información del usuario y han estado sujetas a críticas y controversias similares a las de TikTok en EE. UU.
Ciclo de acoso
2016-2023. Se lanza TikTok en China y un año después en el mundo. Hoy suma más de dos mil millones de descargas, la mayoría de usuarios jóvenes.
2017. China establece la Ley de Inteligencia Nacional para que las organizaciones y los ciudadanos chinos “apoyen, ayuden y cooperen” con los esfuerzos de inteligencia del gobierno.
2020-2021. Donald Trump prohíbe operaciones de ByteDance, propietaria de TikTok, para obligarla a vender a firmas de EE. UU. India prohíbe TikTok y 177 aplicaciones chinas.
2022. Afganistán prohíbe TikTok y el juego PUBG porque “engaña” a los jóvenes.
2023. EE. UU., Pakistán, Reino Unido, Canadá, Noruega, Dinamarca, Taiwán y Comisión Europea prohíben a sus funcionarios usar la aplicación. ByteDance propone el Proyecto Texas, un nuevo programa de acceso a datos, administrado por empleados de la nación anfitriona.
Facebook ha intentado copiar la aplicación, cita Brian Fung, entonces “¿por qué esas redes no suponen un peligro? Porque están en nuestro bando, por así decirlo”, plantea el director de tecnología de Syntonize, Raúl Sánchez, al portal NIUS.
En perspectiva, la actitud del gobierno de Biden anticipa la prohibición de TikTok. Ya logró que los gobiernos de Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Dinamarca, India y Noruega compartan su lógica paranoica con la prohibición de esa plataforma a sus funcionarios.
En contraste, la preferencia por la aplicación china aumenta en México. A través de ella, miles de mexicanos vieron el video donde Brandon Leonard, en Oklahoma, ofendía a dos personas de origen mexicano que reclamaban el pago por un trabajo. La respuesta del estadunidense fue: “regresen a su país, ustedes son minions”.
La hija del trabajador grabó la situación y denunció que el agresor portaba un arma; el video se difundió, aunque TikTok lo retiró por “lenguaje violento”. La autora lo volvió a subir y, con su persistencia y la amplia difusión en la plataforma, logró que su padre recibiera parte del pago.
En marzo se difundió otro video con el que se exhibe a un estadounidense racista que insulta a los inmigrantes latinos y les grita: “regresen a México”. El 27 de marzo, después del veto a la aplicación en EE. UU., ante un cuestionamiento al Presidente de México, respondió: “Aquí no, aquí no. Prohibido prohibir, aquí libertad completa. Se garantiza la libre manifestación de las ideas”.
Sin embargo, no se descartan presiones de las empresas tecnológicas; pues, en México, el porcentaje de usuarios de TikTok (73.6 por ciento) se incrementa. En enero sumaban 57.52 millones de usuarios activos, con más mujeres (57.2 por ciento) que hombres (41.7 por ciento); lo que situaría al país en el cuarto lugar mundial, según el consultor Mejía Llano. Lo siguen Twitter, Telegram y Pinterest, si bien la red social líder es Facebook, con el 93 por ciento, seguida por WhatsApp.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.