Los mexiquenses de más bajos recursos, habitantes de comunidades campesinas y colonias populares, sufren severas carencias en servicios que el gobierno debiera proveer, pero que se niega a hacerlo.
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De acuerdo a los datos, uno de cada 10 mexicanos es indígena, y 1.2 por ciento de la población se autodenominó como afrodescendiente. Del total de la población indígena, el 23.4 por ciento habla náhuatl, seguido por 11.6 por ciento que lo hacen en maya, un 7.5 en tzeltal, en mixteco 7.0 y tzotzil un 6.6 por ciento.
En este sentido, casi la mitad de la población indígena en edad de cursar la educación obligatoria y tres cuartas partes de los hablantes en lengua indígena viven en comunidades rurales, mientras que la mitad de los afrodescendientes en zonas urbanas.
El estudio también reveló que durante el ciclo escolar 2016-2017, una quinta parte de la población indígena, es decir el 17.8 por ciento era analfabeta y entre los adultos cuya lengua natal no es el español, uno de cada cuatro no sabía leer ni escribir, cifra superior al promedio nacional que fue de 5.5 por ciento. En el caso de los afrodescendientes, la cifra de analfabetas crece a 6.9 por ciento.
Al respecto, Sylvia Schmelker, consejera de la Junta de Gobierno del INEE destacó que una de las limitantes que afectan el mejoramiento de la educación en las comunidades indígenas es la pobreza y la desigualdad, sin embargo habrá que agregarle la pobreza también de la oferta, es decir lo que ofrecen las autoridades educativas es también pobre, tanto en la infraestructura como en la preparación de los docentes.
Y es que los mismos datos, según explico la académica el 9.5 por ciento de las escuelas indígenas del nivel preescolar no contaban con docentes que hablaran una de las lenguas maternas de la comunidad, siendo Chiapas el estado con la proporción más alta, del 21.7 por ciento. En tanto, en ocho de cada diez bachilleratos comunitarios y casi 30 de cada cien de los centralizados contaban con hasta ocho alumnos por computadora.
Los mexiquenses de más bajos recursos, habitantes de comunidades campesinas y colonias populares, sufren severas carencias en servicios que el gobierno debiera proveer, pero que se niega a hacerlo.
El desarrollo del modo de producción capitalista, gran devorador de fuerza de trabajo, ha sido la causa principal del desplazamiento de multitudes que de diferentes países emigraron a EE. UU.
Ésta es la realidad de los “Pueblos Mágicos”, a pesar de la abundante publicidad que se difunde para atraer el turismo, los beneficios no llegan a las comunidades ni sus habitantes.
Aunque 701 mil personas salieron de la pobreza entre 2022 y 2024, 54.7% de la población de la CDMX aún enfrenta carencias en ingresos, salud, educación, alimentación, servicios básicos o seguridad social.
Detrás de esa próspera imagen existe otra realidad: la de miles de comunidades rurales que sobreviven alejadas de los centros urbanos.
En el horizonte del país excepcional –y no muy lejos– se vislumbra más pobreza. Eso, sin tomar en cuenta el crecimiento de los peligrosos motines juveniles.
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Se requiere una reforma estructural del sector agrícola nacional que priorice el mercado interno, las necesidades de alimentación, el desarrollo tecnológico e implemente políticas públicas que promuevan un mayor financiamiento para las unidades productivas y combatan el hambre en el campo.
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Escrito por Trinidad González Torres
Maestro en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.