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Brújula
Los jitomates, culpables del bajo crecimiento económico
Las personas están más pobres y endeudadas, los precios de los productos en general, por las nubes, y esto no sólo aplica al jitomate.


Los gobiernos de la “Cuarta Transformación” prometieron un crecimiento económico de por lo menos el cuatro por ciento. Pero han pasado ocho años, y el crecimiento nomás no llega. Desde el periodo de Andrés Manuel López Obrador se percataron de que no lo lograrían, y entonces buscaron culpables: la pandemia, los gobiernos del pasado neoliberal, el agobio de los aranceles de Donald Trump; y hoy, el secretario de Hacienda y Crédito Público responsabiliza a los jitomates, los señala como los culpables del 90 por ciento en la variación de los precios; y remata afirmando que una vez que se estabilice el precio de este producto, se retomará el crecimiento.

Ahora, el gobierno de la 4T minimiza lo que criticaron en el pasado, insistiendo hasta la saciedad que en México estamos bien, y que el crecimiento económico no es importante; esto se asemeja a lo que algún mal estudiante señala cuando reprueba un examen: “eso no significa nada, la calificación no importa”. ¡Claro, lo afirma alguien que está reprobado! Las cifras actuales revelan una caída de 0.6 por ciento durante el primer trimestre de este año.

Resulta preocupante porque es el octavo año en que se presenta un retroceso económico. Y aunque la Presidenta insista en que el pueblo está feliz, lo cierto es que tal derrota comienza a permear de tal forma que el discurso ya no sirve para cubrir “la herida”.

Ahora, las personas están más pobres y endeudadas, los precios de los productos en general, por las nubes, y esto no sólo aplica al jitomate; si bien es cierto que el cambio climático afecta recurrentemente a los productos agrícolas y que el jitomate es un producto de exportación que, por presentar una alta demanda internacional, abandona al mercado interno, también afectan el descuido al campo mexicano, la falta de apoyos e infraestructura y la extorsión de la delincuencia; el precio de los combustibles que han rebasado por mucho al mentado gasolinazo de Peña Nieto, lo que produce un caldo de cultivo propicio para una escalada de precios, y nomás no para.

La incertidumbre global alienta el tráfico de mercancías encareciendo los precios; y si agregamos que somos el blanco preferido del presidente de Estados Unidos (EE. UU.) que, con aranceles y con el pretexto del narco, no da tregua. Pero el gobierno tampoco se ayuda mucho, en lugar de establecer estrategias claras para impulsar el crecimiento económico, se la pasa gestionando todo tipo de chapucerías y boberías, defendiendo a sus correligionarios para sacarlos del pantano que ellos mismos crearon.

En esta defensa ocupa su tiempo la Presidenta mientras el país se convulsiona; y las protestas que, en el fondo son del tipo económico, no se han hecho esperar: maestros que piden aumento de salario; agricultores que quieren mejores condiciones para la producción y precios; estudiantes del politécnico que denuncian que no tienen fondos ni para sus prácticas de laboratorio; miles de mexicanos que migran a EE. UU. porque no encuentran trabajo y los salarios son muy bajos… en fin: los síntomas saltan a la vista.

Los problemas económicos no han hecho más que recrudecer los males sociales; ante un gobierno impávido que difunde la idea de que lo económico no es lo importante, mientras el país “se les va de las manos”, los mexicanos estamos pagando, y pagaremos en los próximos años, por culpa de un gobierno improvisado que prometió bienestar y que sólo ha hecho de la vida de los mexicanos una verdadera pesadilla. No queda otro remedio que despertar. 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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