La pérdida de puestos de trabajo en el sector comenzó a finales de 2023.
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En el sistema económico no hay lugar para soñadores; las reglas son claras, cada cual ocupa el lugar que le tocó jugar en la sociedad y en la producción. Los que sólo poseen su fuerza de trabajo deben contratarse ahí, donde la cadena productiva lo requiere. Y en un ambiente de escasez extrema de oportunidades laborales, la mano de obra se moverá hasta donde el empleo se encuentre, no importa que sean miles de kilómetros o en otros países, siempre con la esperanza de escapar de las trampas de la pobreza; aunque a decir verdad: casi nadie escapa.
El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz afirmaba, al respecto, que el 94 por ciento de las personas pobres se quedará en ese estrato por muy apto que sea, igual que el 94 por ciento de los nacidos ricos permanecerá ahí por más incompetente que resulte. Es decir, la movilidad social en el sistema actual resulta prácticamente nula. Sin embargo, existe movilidad, pero de las personas hacia los focos de mayor desarrollo, ya que es la condición necesaria para sobrevivir, porque se requiere el dinero. ¡Y son tantos los sueños de los estratos más bajos por salir de la miseria, que aceptan las condiciones más degradantes!
En un país con capitalismo aún por desarrollarse, la competencia por encontrar un trabajo se torna en lucha encarnizada ante la complacencia de los dueños del dinero. Imagine, querido lector, si generalmente es complicado para las personas de algunas regiones o estados del país, la marginación, hambre y miseria no dan tregua. Y son precisamente los estados del sur, como Chiapas, Guerrero, Puebla y Oaxaca donde se concentran los más pobres entre los pobres. Otras de sus características derivan de que son rurales, y su población mayoritariamente se dedica a las actividades agrícolas. Los padres enseñan estas actividades a los hijos varones; apenas caminan, aprenden las labores del campo, a ganarse el sustento y a apoyar en la labor agraria desde que tienen uso de razón, ya sea para el autoconsumo o para comerciar.
Pero el campo no ofrece tampoco las mejores condiciones, porque se utiliza una tecnología tradicional para hacer crecer la milpa, el frijol, café y los costos de producción son altos porque dependen de la mano de obra y del buen temporal; pero al vender los productos cosechados, los precios de venta resultan muy bajos.
Las parcelas no dan para el sustento de una familia; pero además no todas las familias poseen terrenos cultivables, por ello deben contratarse como jornaleros primero en su localidad, con salarios más bajos que el mínimo; pero la región no logra absorber la mano de obra local, sobre todo de la población más joven, esa cuyos sueños comienzan; la juventudes poseen una imagen terrible de la vida; muchas de las veces han abandonado la escuela por ayudar a sus padres y tienen tantas ilusiones por salir adelante rápidamente; ya que desde los 14 años, cuando se les presenta la primera oportunidad, no dudan ni tantito en dejar su tierra para enlistarse hacia una aventura incierta; ahí precisamente es donde entran los reclutadores de los estados norteños, dizque “contratistas” que prometen “las perlas de la virgen”, buenos salarios, comida y transporte gratuito; y se los llevan a los campos de producción intensiva de grandes terratenientes y agroalimentarias de Chihuahua, Sinaloa, San Quintín en Baja California, o Sonora.
Contratan a jornaleros por temporadas, llegan también familias completas; pero más población joven capaz de soportar las inclemencias de las zonas desérticas. Viven al interior de galeras en las grandes extensiones agrícolas, alejados de las ciudades o poblados, y por tanto más vulnerables al maltrato y a la explotación. En esas galeras se acomodan hombres y mujeres por igual, o familias completas, que reciben dos comidas diarias de muy mala calidad, compuestas casi siempre por frijoles, arroz y huevos.
Y como en la época de las tiendas de raya de las grandes haciendas, les entregan el salario al final de la temporada; pero con los respectivos descuentos por gastos imprevistos: las comidas, el traslado y cualquier “chuchería” que hayan comprado en los negocios del rancho. Si bien regresan con unos cuantos pesos a sus comunidades, éstos se diluyen rápidamente para pagar las deudas y gastos de los familiares que se quedaron en casa. La ilusión de vivir bien unos meses por el esfuerzo realizado en los estados del norte pronto termina ante las múltiples carencias del hogar. Por lo que no queda otra alternativa que “engancharse” nuevamente, en un ciclo interminable.
La pérdida de puestos de trabajo en el sector comenzó a finales de 2023.
Aunque 701 mil personas salieron de la pobreza entre 2022 y 2024, 54.7% de la población de la CDMX aún enfrenta carencias en ingresos, salud, educación, alimentación, servicios básicos o seguridad social.
Detrás de esa próspera imagen existe otra realidad: la de miles de comunidades rurales que sobreviven alejadas de los centros urbanos.
En el horizonte del país excepcional –y no muy lejos– se vislumbra más pobreza. Eso, sin tomar en cuenta el crecimiento de los peligrosos motines juveniles.
Ojalá los políticos que tanto pregonan que estamos pasando por una verdadera transformación en el sistema de salud se atendieran ellos o sus familiares en un hospital público.
La escuela pública debe ser defendida y fortalecida.
Doce firmas retienen líquidos para 1.6 millones de personas y marginan a 600 vecindarios
De cada cien niños que inician sus estudios, 30 lograrán ser profesionistas.
Se requiere una reforma estructural del sector agrícola nacional que priorice el mercado interno, las necesidades de alimentación, el desarrollo tecnológico e implemente políticas públicas que promuevan un mayor financiamiento para las unidades productivas y combatan el hambre en el campo.
La ministra sostuvo que los impuestos son una herramienta para redistribuir la riqueza y reducir la desigualdad, aunque subrayó que la SCJN no tiene facultades para crear nuevos gravámenes.
Los trabajadores exigieron no ser tratados como “material desechable”.
No producen mercancías como la industria textil o automotriz y apenas emplean a algunas personas, pero consumen grandes cantidades de agua y electricidad.
Hace 20 años llegó Pepsi-Cola y trajo contaminación en lugar de desarrollo.
En Durango persiste una realidad que preocupa cada vez más a los trabajadores.
Con la intervención del sector privado, el deporte se convirtió en una mercancía.
Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA