Cargando, por favor espere...

Historia
Escribir la historia: la carne y el hueso
La circunstancialidad específica de cada proceso histórico reside precisamente en que el hecho ocurrió como ocurrió.


Martín Lutero, como otros grandes reformadores de su tiempo, no supo –como hoy podemos saberlo– que el impulso de la Reforma correspondía a una fase de formación del tercer Estado y a una rebelión económica de la nacionalidad alemana contra la explotación de la corte papal. Y, sin embargo, fue lo que fue, en tanto agitador y político, porque creyó que ese impulso de clases constituía un retorno al verdadero cristianismo y una necesidad divina en el curso ordinario de las cosas. De ahí la célebre formulación: “¡No puedo hacer otra cosa, ésta es mi postura!”.

Este sencillo ejemplo histórico muestra, en primer lugar, que no es posible separar el hecho acaecido del modo en que sucedió. A posteriori, puede rehacerse la historia de las causas económicas de la Reforma y esclarecer los móviles efectivos que actuaron como causas íntimas, en gran parte desconocidas por los propios actores. Pero esta reconstrucción no autoriza a desnudar la integralidad circunstancial mediante un análisis póstumo, subjetivo y simplista. La circunstancialidad específica de cada proceso histórico –y de la Reforma en particular– reside precisamente en que el hecho ocurrió como ocurrió: en que adoptó determinadas formas, se vistió con cierto ropaje, se coloreó con un tinte particular, movilizó pasiones específicas y se expresó en un determinado fanatismo.

Por ello, para escribir la historia no basta con poner en evidencia el momento económico –a menudo incierto– y desechar el resto como si fuera un fardo inútil o una simple bagatela. Las vistas ideológicas, la envoltura ideológica de las obras humanas, mediante las cuales los actores se explican a sí mismos sus motivos, no constituyen un simple artificio. Es cierto que las formas de la conciencia no determinan el ser del hombre, sino que este modo de ser determina la conciencia; pero esas formas de la conciencia, al estar determinadas por las condiciones de vida, son también historia. La historia no es sólo su anatomía económica, sino todo aquello que la reviste y la cubre, incluidos los reflejos multicolores de la fantasía. No hay hecho histórico que no esté precedido, acompañado y seguido por determinadas formas de conciencia. En la historia, carne y hueso forman un solo objeto.

De ahí la necesidad de no adoptar una actitud puramente negativa y superficialmente racionalista frente a fenómenos ideológicos como la religión o la filosofía. Es esencial, en primer lugar, interpretarlos teóricamente y tratarlos prácticamente como realidades. La concepción dialéctico-materialista de la totalidad del proceso histórico considera que la ideología en general constituye un elemento material de la realidad global, histórico-social. Por eso rechaza la perspectiva superficial del empirismo unilateral, según la cual lo ideal sería lo existente no de hecho, sino sólo en la fantasía. Se trata, en suma, de reconocer la realidad de la ideología: de aquilatar la esencia terrenal de las quimeras ideológicas sin reducirlas mecánicamente a su núcleo material.

En este sentido, conviene insistir en que no puede separarse el hecho acaecido del modo en que sucedió, ni desanudarse su integralidad circunstancial mediante un análisis póstumo. La circunstancialidad específica de cada proceso histórico exige esclarecer no solamente los motivos prosaicos y profanos, sino también las mediaciones por las cuales esos motivos adoptan la forma en que se presentan a la conciencia. Implica, por tanto, dar cuenta tanto de los móviles efectivos como de la mediación entre causas y efectos, condiciones y condicionados, precedentes y consecuencias.

No se trata, entonces, de traducir todas las complejas manifestaciones de la historia en categorías económicas, sino de explicar en última instancia cada hecho histórico por la estructura económica subyacente, lo que supone análisis y reducción, pero también mediación y composición. De este modo se resuelve la cuestión de la relación entre lo particular y lo general: ambos se interpenetran. Esto implica rechazar tanto la concepción en la que lo general es absorbido por lo particular –con lo cual la historia deviene no solamente irracional, sino también absurda– como aquella en la que lo particular es absorbido por lo general y los individuos quedan reducidos a simples instrumentos de una historia predeterminada.

Así, los motivos –religiosos, políticos, estéticos o pasionales– que orientan la voluntad de los actores históricos resultan indispensables para comprender la específica circunstancialidad de las obras humanas. Pero, al mismo tiempo, es preciso reconocer que en la historia la libertad –esto es, las acciones conscientes de los hombres– se transforma en necesidad, y la necesidad, a su vez, se convierte en libertad

 


Escrito por Miguel Alejandro Pérez

Maestro en Historia por la UNAM.


Notas relacionadas

La revolución que reclama México “debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido.

Lo que nos ha enseñado la historia de la filosofía es que el desarrollo del pensamiento va dejando huella.

Hoy viene a la Tribuna este poeta casi olvidado.

Es evidente que Héctor Aguilar Camín eligió, sin ambages, contar una historia desde el poder con el discurso construido para reprimir la disidencia.

Para nosotros, los iraníes, México no fue simplemente uno de los tres países anfitriones del Mundial. Fue un refugio. Fue un hogar cuando más lo necesitábamos.

En la lucha por cambiar sus circunstancias, por transformar su entorno social, los seres humanos se transforman también a sí mismos.

El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.

Este libro reúne ocho ensayos dedicados a evocar y evaluar desde una perspectiva filosófica, religiosa y ética los hábitos íntimos y las creencias de los habitantes de la Roma imperial.

Este monumento literario está formado por un conjunto de proverbios, consejos y mandatos éticos para guiar a las personas hacia una vida justa, próspera y correcta.

El cuatro de julio, EE. UU. conmemora 250 años de su independencia de Inglaterra y haber transitado hacia el imperio global.

Sería revolucionario tener un libro en el que podamos visualizar el genoma de la matemática, el ADN que caracterice la esencia de la matemática, desde Euclides hasta nuestros días.

El consumo crónico de alcohol afecta al sistema inmunitario y favorece un estado inflamatorio generalizado que puede provocar daño en múltiples órganos.

Harto conocida es la importancia jurídica de este extenso código.

Su sacrificio no fue en vano; es la antorcha que hoy entregamos a la juventud para que siga iluminando el camino hacia un México más justo, próspero y equitativo.

Este extenso poema escrito en sánscrito y que consta de casi ocho mil versos repartidos en ocho libros o secciones es a la vez una epopeya y un documento de gran valor sobre el pasado.