Trabajadores, comerciantes, agricultores, maestros, artistas y estudiantes en todo el mundo ondean banderas de Irán, Palestina, Venezuela y Cuba, exigiendo alto a la guerra imperialista de Israel y Estados Unidos contra esos pueblos.
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Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”. La anécdota, que para algunos podría parecer una simple ocurrencia, guarda una profunda realidad de la situación nacional de entonces. Aunque la imagen internacional que se proyectaba era la de un país estable y moderno, lo cierto es que la situación de los mexicanos seguía igual de lamentable que durante la crisis económica de 1982 y el terremoto de 1985. La población mexicana seguía sufriendo los efectos de la “Década pérdida”.
Es sabido que aquel mundial fue asignado a México en un contexto de aparente bonanza económica, luego de un breve periodo de crecimiento económico que intentaba superar dicha crisis. El descubrimiento que se realizó en aquel momento y la explotación de los yacimientos petrolíferos de Cantarell permitió que la economía mexicana creciera aceleradamente. Ese efecto catapultó al país al grado de convertirlo de nueva cuenta en “casi el paraíso” como lo fue durante el “milagro mexicano” y cuya historia concluyó, precisamente, cuando nuestro país fue sede de las Olimpiadas de 1968. No es ocioso recordar que fueron las movilizaciones estudiantiles las que mostraron la verdadera cara del sistema político mexicano. En ambos momentos, como ahora que México vuelve a ser una de las sedes del Mundial 2026, los reflectores internacionales alumbraron sólo una de las muchas aristas de la realidad nacional.
Hoy, como hace cuarenta años, cuando se celebró el Mundial de 1986, la mayoría de los mexicanos siguen clamando por lo mismo, aunque no se exprese de la misma forma ni con el mismo grito. El informe más reciente de OXFAM no deja lugar a dudas: 18. 8 millones de personas en México no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. Esa cifra contrasta drásticamente con la riqueza acumulada por la élite nacional. Es decir, mientras millones de personas en este país se van a la cama con hambre, apenas 22 mexicanos ¡tan solo 22 personas! poseen una fortuna conjunta equivalente al PIB de estados enteros.
Bajo esta circunstancia es imposible negar que las condiciones de hace cuarenta años siguen siendo las mismas, incluso peores para los más pobres, mientras que para esos 22 milmillonarios mexicanos las cosas van de maravilla. De acuerdo con el informe de OXFAM sólo el uno por ciento más rico concentra el 32 por ciento del ingreso nacional. Los ultrarricos siguen enriqueciéndose cada día que pasa y los pobres se vuelven más pobres, al mismo tiempo que la cantidad de pobres aumenta en el país.
La urgencia del combate a la pobreza debería ser el eje rector de cualquier política pública, cuanto más si el gobierno presume su interés por la justicia social, como es el caso. Por eso, aunque el grito de 1986 no se escuche como en aquel momento, es más vigente que nunca. No se trata de un rechazo al deporte, sino de mostrar una realidad que no se puede ocultar. Las imágenes que México ha proyectado al mundo en 1968, 1986 y ahora se opacan con la realidad que viven millones de mexicanos. Por eso, hoy más que nunca es indispensable y urgente un verdadero combate contra la pobreza en México.
Trabajadores, comerciantes, agricultores, maestros, artistas y estudiantes en todo el mundo ondean banderas de Irán, Palestina, Venezuela y Cuba, exigiendo alto a la guerra imperialista de Israel y Estados Unidos contra esos pueblos.
La encuesta se aplicó a cerca de 20 mil adultos en 30 países. De ellos, el 33 por ciento señaló que la violencia y el crimen son los principales problemas que les preocupan.
Estados Unidos e Israel comenzaron esta guerra.
En el contexto del proceso de modernización capitalista en México surgió, hacia finales del Siglo XIX, la perspectiva del llamado “nacionalismo bucólico”, representada por uno de los últimos exponentes del romanticismo mexicano: Manuel José Othón.
En estas últimas décadas sólo hemos tenido espejismos.
La mala relación o absoluta desavenencia entre verdad y política es un viejo lugar común.
Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821.
Frente a Trump, el Estado mexicano invocó el respeto al derecho internacional y a la no intervención, pero al mismo tiempo ajustó políticas, aceptó presiones y terminó negociando bajo condiciones impuestas.
Nos hemos enterado que durante el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro fueron asesinados los integrantes de su guardia personal. 32 militares cubanos eran los que formaban parte de dicho cuerpo de seguridad, quienes murieron defendiendo la soberanía del país bolivariano.
En protesta directa por la política agroalimentaria y la permanencia de los granos básicos dentro del Tratado de Libre Comercio.
Durante la madrugada del pasado tres de enero, Estados Unidos (EE. UU.) lanzó un ataque sorpresa contra Venezuela.
Vivimos en una época en la que el pasado se ha vuelto incómodo.
A los mexicanos solamente “se nos está endulzando el oído”.
El estudio demuestra que el Virus del Papiloma Humano tipo 16 ha acompañado a los humanos modernos desde hace mucho tiempo.
Entre julio y diciembre, legisladores de Morena, fundamentalmente, aprobaron dos paquetes de aranceles que, lejos de ser decisiones aisladas, configuran una línea política clara y persistente.
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Escrito por Victoria Herrera
Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.