Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”.
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La guerra es una necesidad del sistema capitalista para permanecer. Los limites innatos hacen que la estructura basada en el despilfarro de riqueza ya no sea viable; pero este sistema no está dispuesto a transitar hacia otro que arregle las contradicciones generadas por las relaciones sociales de propiedad privada imperantes. La lucha no es sólo por los mercados a los que se puedan mandar los productos sobrantes como a finales del Siglo XVIII, sino por el control total de la riqueza natural y producida.
Los emporios del capital están acostumbrados a niveles de riqueza muy elevados. Aunque concentran un bajo porcentaje de la población, consumen hasta 10 veces más recursos que los países pobres, asimismo, son responsables del calentamiento global. Sin embargo, la cantidad de riqueza producida en estos países no es suficiente, esto obliga a buscarla en otros lugares. Según Michael Roberts, la economía del imperialismo consiste en “la apropiación neta persistente y a largo plazo por parte de los países capitalistas avanzados de alta tecnología de plusvalor transferido de los países dominados de baja tecnología”. En este sentido, el capital de los centros financieros se sustenta en la expoliación de los países pobres, pues tal extracción de riqueza deriva de la explotación de recursos naturales, abaratamiento de la fuerza de trabajo que no beneficia a la población local.
Cuando la extracción convencional de riqueza no resulta suficiente, se emplean otros medios, principalmente la violencia o la guerra. La acumulación de capital se sostiene de “la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia”. Las guerras que el imperialismo está desarrollando, no tienen otro objetivo que el de la apropiación de riqueza ajena, aunque esto implique la muerte de millones de personas.
Según Andrés Piqueras, en menos de 250 años se han consumido los recursos ecológicos generados por la naturaleza en más de 430 millones de años. Esto es resultado del consumo desmedido y la falta de planificación económica. Dejar todo al libre mercado ha hecho que esos recursos se hayan gastado aceleradamente por unos cuantos. Para contrarrestar la tendencia descendente de la tasa ganancia, se apropia de la riqueza de otros. El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, las sanciones económicas sobre diversos países y los ataques a Irán no tienen otro objetivo que arrebatar la riqueza que ya han consumido.
Si continúa el camino recorrido hasta ahora, el sistema actual, nos llevará directamente a la destrucción total. El imperio ha demostrado que ya no le importa el bienestar de la humanidad; por lo tanto, es la humanidad misma la que debe entender que el imperialismo es el enemigo.
Los dueños del poder económico saben que la situación actual no tiene nada qué ofrecer a la humanidad como no sea miseria; por eso también buscan controlar la opinión pública. Con el monopolio de los medios de comunicación justifican sus intervenciones, crean narrativas en las que ellos luchan por la libertad o la democracia, conceptos de cuyo significado se han apoderado. Pero, aunque disfracen sus intenciones, la realidad está ahí, pero se requieren acciones.
Algo han hecho Rusia y China para oponerse al poder imperial, pero resulta claro que no encabezarán una lucha por el fin del capitalismo: ésa es tarea de los pueblos del mundo; y mientras eso llega, nos toca seguir organizándonos y educándonos para que más personas se sumen a la necesaria lucha contra el capital; porque, recordando las ideas de los padres del proletariado, “para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya que sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”.
Estas palabras escritas por Carlos Marx y Federico Engels, en La Ideología alemana (en 1845), nos obligan a pensar y observar que las premisas existentes exigen la superación del capitalismo, de lo contrario, y ahora es cada vez más probable, la humanidad puede quedar sumida en la barbarie.
Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”.
Estados Unidos e Israel comenzaron esta guerra.
En el contexto del proceso de modernización capitalista en México surgió, hacia finales del Siglo XIX, la perspectiva del llamado “nacionalismo bucólico”, representada por uno de los últimos exponentes del romanticismo mexicano: Manuel José Othón.
En estas últimas décadas sólo hemos tenido espejismos.
La mala relación o absoluta desavenencia entre verdad y política es un viejo lugar común.
Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821.
Frente a Trump, el Estado mexicano invocó el respeto al derecho internacional y a la no intervención, pero al mismo tiempo ajustó políticas, aceptó presiones y terminó negociando bajo condiciones impuestas.
Nos hemos enterado que durante el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro fueron asesinados los integrantes de su guardia personal. 32 militares cubanos eran los que formaban parte de dicho cuerpo de seguridad, quienes murieron defendiendo la soberanía del país bolivariano.
Durante la madrugada del pasado tres de enero, Estados Unidos (EE. UU.) lanzó un ataque sorpresa contra Venezuela.
Vivimos en una época en la que el pasado se ha vuelto incómodo.
El estudio demuestra que el Virus del Papiloma Humano tipo 16 ha acompañado a los humanos modernos desde hace mucho tiempo.
Entre julio y diciembre, legisladores de Morena, fundamentalmente, aprobaron dos paquetes de aranceles que, lejos de ser decisiones aisladas, configuran una línea política clara y persistente.
Ha sido muy habitual que las retóricas de Washington se concentren especialmente en tres problemáticas candentes de la geopolítica estadounidense.
En un cartel titulado Al faro de la internacional comunista realizado por V. Spassky en 1919, se puede observar a un obrero navegando sobre una balsa salvavidas en forma del Manifiesto del partido comunista de Marx y Engels hacia una luz.
Schulz explica cómo es el sistema económico y político de China, aborda la discusión alrededor de la democracia y el peso que sigue teniendo la tradición confuciana.
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Escrito por Diego Martínez
Sociólogo por la UNAM.