Controlar el espacio profundo con bases militares en la Luna y otros astros es la visión colonizadora de la tecno-política a la que sirve Donald Trump; también usa al Cosmos en su carrera contra la República Popular China.
Cargando, por favor espere...
Mientras el mundo observa el desarrollo de la misión Artemis II de la National Aeronautics and Space Administration (NASA en inglés), debemos entender este evento no sólo como un logro científico, sino como una pieza central en la nueva carrera espacial, que cuestiona el modelo geopolítico que lo impulsa. Aunque la exploración lunar ha resurgido como un objetivo global, Estados Unidos (EE. UU.) está utilizando este programa no para un bien común, sino para consolidar su hegemonía tecnológica y política, como una clara reminiscencia de la Guerra Fría.
El nombre Artemis fue elegido por la NASA porque, en la mitología griega, es la hermana gemela de Apolo, diosa de la Luna y la caza. Así se establece un vínculo simbólico con el programa norteamericano Apolo de los años 60-70 del siglo pasado, que llevó a los primeros humanos a la superficie lunar.
El viaje comenzó en el Centro Espacial Kennedy, de Florida, donde el cohete Space Launch System, el más potente construido hasta ahora, desarrollado por Boeing y Northrop Grumman, se abasteció con combustible criogénico de hidrógeno y oxígeno líquido. En la punta del cohete viaja la cápsula Orión, fabricada por Lockheed Martin y equipada con el Módulo de Servicio Europeo de la Agencia Espacial Europea, que provee energía, oxígeno y propulsión. Tras la cuenta regresiva, los motores RS‑25 y los motores sónicos impulsaron el despegue; a los pocos minutos se desprendieron las etapas y la cápsula quedo en órbita terrestre. La etapa superior ejecutó la maniobra de inyección translunar, enviando a Orión hacia la Luna en un viaje de tres a cuatro días. Una vez allí, la nave se colocó en una órbita distante alrededor de la Luna, donde los astronautas probarán sistemas y observarán la superficie sin descender. Finalmente, el módulo de servicio emprenderá el regreso; al acercarse a la Tierra, Orión se separará y atravesará la atmósfera a más de 40 mil km/h protegida por su escudo térmico, desplegará paracaídas y amerizará en el Océano Pacífico, donde será recuperada por la Marina estadounidense. Todo el proceso durará unos diez días y servirá como ensayo general para validar la tecnología que permitirá volver a caminar sobre la Luna en futuras misiones.
¿Y Elon Musk? SpaceX entrará en escena en Artemis III, la NASA le otorgó un contrato de 2.9 mil millones de dólares (mdd) para adaptar su nave Starship como el Human Landing System (HLS), que será el vehículo encargado de llevar a los astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie (NASA, Reuters).
Esta misión, que enviará una tripulación de cuatro astronautas a orbitar la Luna por diez días, es la culminación de una “coreografía tecnológica” financiada y controlada por Washington. Su arquitectura es un mapa del poder corporativo y geopolítico detrás del programa. Los principales contratos multimillonarios se han destinado a gigantes aeroespaciales estadounidenses: Boeing recibió tres mil 200 mdd por las etapas del cohete SLS, Lockheed Martin obtuvo cuatro mil 600 millones por las cápsulas Orión, y Northrop Grumman, tres mil 190 mdd por los propulsores. Esta estructura de contratación refleja un modelo en la que la exploración espacial se subordina a los intereses de un complejo industrial militar, en lugar de un esfuerzo colaborativo global.
Aunque participan socios internacionales como la ESA, que contribuye con el Módulo de Servicio Europeo valorado en 250 millones de euros por unidad, Canadá y Japón, su papel es secundario, porque aporta tecnología y legitimidad a un proyecto cuyo financiamiento (más del 90 por ciento) proviene de EE. UU. Se estima que el programa Artemis acumula una inversión de 93 mil mdd hasta 2025.
Si EE. UU. busca marcar un territorio, no está solo en la carrera. Hoy, la exploración lunar un escenario multipolar. China ha logrado hitos como el primer alunizaje en la cara oculta (Chang’e-4) y el retorno de muestras lunares (Chang’e-5/6) con un presupuesto menor. India se consolidó como potencia emergente porque logró el primer alunizaje exitoso en el polo sur lunar con la misión Chandrayaan-3, con un costo aproximado de 75 mdd. Rusia, pese al fracaso de su misión Luna-25 en 2023, mantiene planes de nuevas misiones como Luna-26 y Luna-27 en colaboración con China. Artemis, por lo tanto, no es un esfuerzo por el avance común, sino la opción de Washington para no perder su liderazgo ante el creciente poder tecnológico de otras naciones
El enfoque estadounidense en Artemis revela una profunda contradicción: mientras potencias como China e India invierten en el espacio, pero mantienen planes explícitos de reducción de pobreza y desarrollo social, EE. UU. enfrenta una crisis doméstica sin precedentes. Datos recientes de los CDC muestran que la epidemia de opioides sigue causando decenas de miles de muertes anuales. Además, la pobreza y la falta de acceso a vivienda y salud se han agravado: un informe de 2025 reveló que los decesos por sobredosis de drogas, aunque han disminuido de sus máximos históricos, se mantienen en niveles críticos. Esta realidad contrasta fuertemente con la inversión de 93 mil mdd en Artemis, cifra que supera considerablemente el presupuesto destinado a programas de salud pública y asistencia social. Se privilegia así el prestigio internacional sobre las necesidades más urgentes de su propia población.
Controlar el espacio profundo con bases militares en la Luna y otros astros es la visión colonizadora de la tecno-política a la que sirve Donald Trump; también usa al Cosmos en su carrera contra la República Popular China.
La misión Artemis II proporcionó imágenes que permitieron detectar colores y texturas sutiles que pasan inadvertidos para cámaras no especializadas.
La máxima casa de estudios pasó de 10 a 12 especialidades dentro del Top 50 mundial y de 31 a 36 dentro del Top 100.
Este lado poco explorado muestra tonos marrones y azulados que pueden apreciarse a simple vista.
El principal objetivo de Artemis II es validar en condiciones de espacio profundo los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones.
La IA es, ante todo, una herramienta tecnológica; ejecuta instrucciones recibidas por el usuario; y como herramienta, se aplica en una lógica tan antigua como el dinero mismo: quien paga, controla.
1 de cada 3 empleados en México nunca ha cambiado la contraseña de acceso a la red corporativa; 40% lo hace sólo cuando se lo exigen.
Pagamos una renta mensual para acceder a plataformas de streaming. La música, las películas o series no nos pertenecen. Estamos pagando por el derecho de acceso, no por la propiedad.
Gobiernos, empresas y organismos multilaterales buscarán consensos para enfrentar riesgos en el desarrollo y uso de inteligencia artificial.
El canciller ruso agregó que “Irán cuenta sutilezas geoestratégicas propias para la seguridad de las rutas petroleras” que interesan a Trump.
El objetivo es mejorar el arbitraje, optimizar el análisis de los partidos y potenciar la participación de los aficionados.
El deporte, como manifestación social y económica, no ha permanecido ajeno a la evolución digital que atraviesa nuestra sociedad
Con una inversión de apenas seis mil millones de pesos, se afirma que alcanzará los 314 petaFLOPS, colocándola teóricamente entre las más potentes del mundo.
Policía Cibernética advirtió sobre el uso excesivo y sin filtros de la IA por parte de menores de edad.
El pasado 1° de septiembre de 2025, 23.4 millones de niños y adolescentes volvieron a clases en México.
Mexicano gana 1.er lugar en World Press Photo 2026 por retratar la crisis climática
Irán exige el cumplimiento de dos condiciones previas antes de iniciar negociaciones con EE.UU.
Tras negar riesgos, refinería de Dos Bocas registra explosión e incendio
El petróleo, la guerra y la insaciable voracidad del imperio
Convocan a marcha en CDMX contra muerte de niños en Medio Oriente
Sólo 22% de los emprendimientos sobreviven en Edomex
Escrito por Alexis Heras
Colaborador