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El “buen pastor” es consecuente con su mundo de fantasías trasnochadas, por lo que la prensa internacional se equivoca cuando difunde que el mandatario mexicano es un demente. El “buen pastor” confía en sus convicciones, aunque hasta hoy nadie entienda cuáles son. Es versátil: lo mismo cree en los rituales indígenas que se ofrendan a la madre tierra, que, en las liturgias cristianas, sean evangélicas, católicas o metafísicas. Sus enemigos reales o ficticios, incluido el mortal coronavirus (Covid-19), le tienen sin cuidado porque cuenta con protectores poderosísimos: un ¡detente enemigo que el señor está conmigo!, un billete de dos dólares y un trébol de cuatro hojas. De la misma forma que sus creencias se acomodan a la ocasión, su militancia partidista cambia también de manera oportuna. Se formó en las prácticas del viejo priismo y, sin rubor alguno, ha cambiado de piel varias veces desde que milita dentro de la “izquierda resentida”, de uno de cuyos grupos beligerantes, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), salió recientemente para formar su propio partido: el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Él sabe, aún ahora como Presidente, que es el mismo oportunista de siempre.
El “buen pastor” confía ciegamente en la fortaleza del pueblo mexicano, porque el pueblo sabio ha soportado cataclismos y otras adversidades como devaluaciones y crisis económicas. Un pueblo que con calditos de pollo o mole de guajolote ha salido avante. Por ello, durante varias semanas no importaron las mentiras diarias que declaró sobre la pandemia, ni que construyera la supuesta verdad de que no pasaba nada. Su versión en torno a que todo iba requetebién y que México era ejemplo para otros países, resultó más que suficiente para creerle; no obstante que el personal del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se infectaba debido a la falta de equipos adecuado para protegerse. La realidad, sin embargo, empezó a imponerse y desde que se reveló la existencia de la muestra estadística del Modelo Centinela –el cual dice que por cada caso confirmado hay otros ocho contagiados– el discurso oficial cambió y, con él, el uso de la pandemia; pues ahora ésta se ofrece “como anillo al dedo” para que el “buen pastor” le eche la culpa de su fracaso.
El “buen pastor” no sabe de economía, pero ni falta le hace; él cuenta con un plan económico inspirador tan fácil de aplicar, que hasta un niño de pecho lo entendería. Este plan será ejemplo para los demás países. Que hablen sus detractores, quienes pronto morderán el polvo. Y ocurrirá esto porque la hermosa virtud de su credo acabó con la corrupción y el neoliberalismo, al que eliminó por decreto. Los empleos, al igual que en la escena de los peces, se multiplicarán en dos millones en un año y el crecimiento económico pronto será una realidad. Lo más importante para él, sin embargo, es que sus programas asistencialistas multiplicarán el voto de los oprimidos, aunque no multipliquen los panes.
El “buen pastor”, como lo hacen sus artistas favoritos, insta al pueblo con la recomendación “quédate en casa”. Pero para los millones de parias de la base social, que difícilmente pueden comer tres veces al día, tal encomienda es imposible, porque los expone a morir de hambre. La pandemia está agravando la gran desigualdad prevaleciente en México. Los salarios de la clase media dependen de los puestos en el gobierno, pero el pueblo que trabaja en la informalidad tiene que salir a la calle a ganarse la vida y si no vende, no tiene ingresos. La clase alta y la media acuden a comprar a los centros comerciales para soportar el distanciamiento social y sus carritos salen repletos de mercancías; pero lo que el trabajador compra, cabe en sus manos. Con la cuarentena, el pueblo pobre no está sacrificando salidas a gimnasios, al cine o a reventones, sino su sustento diario.
Las decisiones que el “buen pastor” y su “Cuarta Transformación” han adoptado hasta ahora, llevan a la economía nacional hacia un descenso del ocho por ciento, y esto se traducirá en la perdida de 15 millones de empleos. La pobreza aumentará y se profundizará como nunca antes en el pasado reciente. Pero el “buen pastor” duerme tranquilo porque confía en la frase bíblica donde dice que “a los pobres, siempre los tendréis entre vosotros”; aunque éste no es su caso, porque entre sus prójimos figuran algunos capos del crimen organizado, a quienes ha redimido con besos y abrazos; y porque la gran oportunidad que el pueblo le dio para que cumpliera el papel de gobernante ha expirado, y ya comienza a quedarse solo sin que nadie crea ni aplauda sus locuras y ocurrencias.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA