Sobre la falsedad del origen “natural” de los fenómenos sociales, la historia nos ilustra.
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¿Hay o puede haber una psicología marxista? La respuesta corta es sí, pero necesitamos profundizar.
La psicología es una ciencia popular, controversial y difícil. Es popular porque mucha gente tiene curiosidad por saber cómo funciona la mente humana, aunque pocos estén interesados en estudiar el problema seriamente. Es controversial porque, en torno a la psicología, no sólo hay investigaciones científicas, sino mucha charlatanería, misticismo y pseudociencia. Y es una ciencia difícil porque su objeto de estudio es prácticamente invisible. La mente no se ve y sólo podemos aproximarnos a ella dando largos rodeos, estudiando el comportamiento, los reportes verbales o el funcionamiento de las estructuras neurológicas.
Para hacer investigación psicológica seria se necesita mucha formación teórica y metodológica, así como grandes esfuerzos empíricos. Por eso muchos toman el camino fácil de la pseudociencia. Sin embargo, los procesos psicológicos existen objetivamente y, por tanto, pueden ser estudiados científicamente. Quizá muchos psicólogos no estén comprometidos con su ciencia, pero la psicología puede y debe ser una ciencia rigurosa.
Ahora bien, el estudio científico de la mente es una actividad perfectamente compatible con el marxismo y su filosofía. Diré más: para la filosofía marxista, el estudio científico de la mente se vuelve una necesidad, ¿por qué?, para el materialismo dialéctico, la mente no puede entenderse de forma “idealista”. Los procesos psicológicos no son completamente voluntarios; tampoco los trastornos psicológicos lo son. La mente también es un fenómeno objetivo que sigue sus leyes, y estas leyes no son fáciles de explicar, porque en la mente humana se entrecruzan muchas cosas, como el funcionamiento neurológico y bioquímico, las experiencias de vida, el contexto socioeconómico y cultural, y un largo etcétera.
Cuando el materialismo dialéctico afirma que es el ser social el que determina la conciencia social está diciendo una verdad muy importante, pero también muy general y abstracta. Para precisar mejor esa tesis, entonces, se vuelve necesario conocer la génesis y el desarrollo de la conciencia. Por eso es muy ilustrativo lo que escribió Lenin en 1915, en sus Cuadernos filosóficos. Ahí dijo, literalmente, que la psicología es uno de los “campos del conocimiento con los cuales debe construirse la teoría del conocimiento y la dialéctica”. Y junto con la psicología debían incluirse la historia de las ciencias, el desarrollo de la mente en los animales y en los niños, la historia del lenguaje y la fisiología de los órganos de los sentidos.
Lo que dijo Lenin es sólo una nota en sus cuadernos, pero es muy ilustrativa: para el materialismo dialéctico es necesario estudiar el origen y desarrollo de la conciencia humana, a nivel evolutivo, histórico e individual.
Afortunadamente, la psicología tuvo avances en este sentido. En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) surgió toda una corriente de psicología marxista. Los principales fundadores fueron Lev Vygotski, Alexander Luria y Alexéi Leóntiev. Ellos fundaron el enfoque conocido como histórico cultural y establecieron las bases de la neuropsicología soviética, abriendo paso a un prolífico avance de la psicología en aquel país.
Sin embargo, los soviéticos no fueron los únicos. Psicólogos como Henri Wallon, Jean Piaget o Alberto Merani también orientaron sus estudios en psicología a conocer la génesis y el desarrollo de la mente humana, algunos incluso desde posturas explícitamente marxistas.
Desde que estos autores escribieron han pasado ya algunas décadas. Hoy, la psicología sigue siendo una ciencia difícil y controversial. Hay muchos charlatanes y pseudocientíficos, pero también hay psicólogos y psicólogas comprometidos con el conocimiento científico de la mente humana. Ésta es la psicología que hay que promover, sobre todo porque con estos conocimientos es posible hacer contribuciones importantes que, con la implementación y recursos adecuados, pueden ayudar a mejorar de manera importante la educación, salud y calidad de vida de los pueblos.
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Escrito por Pablo Bernardo Hernández
Licenciado en psicología por la UNAM. Maestro y doctor en ciencia social con especialidad en Sociología por el Colegio de México.