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Brújula
Reyes y lacayos
El tiempo de los reyes terminó; pero en México hay aún muchos personajes de la vida pública y empresarial que sueñan la época en que los pocos privilegiados eran de “sangre azul” y todos los demás simples lacayos.


¡La reina ha muerto! Tal parece que la aristocracia internacional llora con lágrimas de cocodrilo y que a través de su arsenal mediático busca que las masas oprimidas también lloren, y por ello nos bombardea con obituarios, condolencias, remembranzas y reportajes sobre la vida ejemplar de “tan noble personaje”. Pero, como afirmara el escritor michoacano José Rubén Romero, a la gente de pie le importa un soberano cacahuate ese tipo de sucesos porque tiene problemas urgentes e inmediatos qué resolver para sobrevivir a la crisis global; y toda esa alharaca es igual de insignificante que el pésame por la vida inútil de Pito Pérez.

El tiempo de los reyes terminó; pero en México hay aún muchos personajes de la vida pública y empresarial que sueñan la época en que los pocos privilegiados eran de “sangre azul” y todos los demás simples lacayos. ¡Ah, pero en el capitalismo sucede lo mismo! Si bien no existen los títulos nobiliarios, los sentimientos de reyes y lacayos no han cesado debido a que todavía un pequeño grupo de privilegiados explota a los demás. Por ello, no es raro que una y otra vez, personajes como Ricardo Salinas Pliego saquen a relucir sus más penosas acciones y pensamientos. Hace pocos días, uno de sus exgerentes reveló que la destitución de su puesto de trabajo fue una cosa muy sencilla para este empresario, con el mayor cinismo declaró que era cierto; ya que cuando contrata a todos sus empleados también los obliga a firmar su carta de renuncia: porque en sus compañías nadie es indispensable.

¡Claro, esto lo dice alguien que nunca ha pasado hambre! Alguien que no se preocupa mucho por la inflación, porque para él solo significa ajustar sus precios de venta, poner a trabajar más a sus empleados y pagarles menos para que sus ganancias suban como la espuma. Esto lo dice alguien que nunca ha trabajado y que trata a sus empleados con la punta del pie El trabajador debe comprender, de una vez por todas, que está encadenado al capitalista y que éste es el culpable de su pobreza y miseria. Es hora de abandonar las ilusiones bobas a las que recurren los capitalistas para convencer a los trabajadores que todos tienen las mismas oportunidades y que si le echan ganas, también pueden ser dueños de los medios de producción. ¡Mentira! El trabajador no es dueño de nada, ni de su fuerza de trabajo; verá pasar el tiempo y su juventud, y únicamente verá que el capitalista se enriqueció y él envejeció; por lo que el empresario no dudará en desecharlo por alguien mejor y más joven; porque para el capitalista, como reconoce Salinas Pliego, nadie es indispensable y los trabajadores son desechables.

El trabajador debe identificar también a los falsos profetas, esos que aseguran estar con el pueblo pero que viven en un Palacio; que exigen al pueblo austeridad y mayores sacrificios mientras sus presuntuosos hijos se comportan como juniors y virreyes del gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” (4T) y cuyos zapatos cuestan el salario de medio año de un trabajador, en el mejor de los casos. En los hechos, el actual gobierno trata a sus ciudadanos como lacayos y con unos cuantos pesos de los programas asistencialistas espera que vivan agradecidos. Para los morenistas, el pueblo es un lacayo que solo sirve para obedecer y acudir a las urnas a votar. De ahí el poco interés por el nivel del desempleo y el salario precario de los trabajadores, y por atender los graves problemas que hay en las comunidades rurales que lucen como pueblos fantasmas porque sus habitantes más jóvenes emigran en busca de trabajo, o porque el crimen organizado los obliga a abandonar el terruño. La vida del trabajador no le importa al gobierno, por eso dejó morir a cientos de miles de mexicanos durante la pandemia o por ahogo o enterramiento en las minas de Coahuila. La senadora Lilly Téllez tiene razón cuando declaró que el gobierno de la 4T busca que todos seamos súbditos del Pejelagarto. Y así sucederá mientas el pueblo no rompa sus cadenas.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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