La mitad de los 12.4 millones de niños de 0 a 5 años vive en pobreza y 50% carece de servicios de cuidado.
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Buñuel no solo centra la historia en la relación El Jaibo-Pedro, también nos lleva por la vida de otros personajes de ese mundo de Los olvidados. El ciego (Miguel Inclán) es la visión alegórica de esa parte de la sociedad que es ciega no en sentido fisiológico, sino porque “ve” las causas de la vagancia, la delincuencia y de la descomposición de la sociedad, no en el orden social, sino en los mismos seres humanos, responsables únicos y absolutos de sus deformaciones morales y de su estado de perdición. El ciego, de forma constante en la historia de Buñuel, hace hincapié en que en “los tiempos de Porfirio Díaz” había “otras costumbres” y a los que violaban las leyes y las “normas” morales se les castigaba, lo que no obsta para que ese ciego “justiciero” tratara de abusar sexualmente de la nieta del dueño del establo. El ciego es, precisamente en su afán de meter el orden y castigar a esa juventud descompuesta, el que denuncia a El Jaibo ante la policía. Es evidente que la alegoría de Buñuel es una crítica muy dura a la ceguera de la derecha cavernaria que justifica, sin ninguna base objetiva, al sistema social vigente.
Los olvidados es un filme sin concesión alguna a la moral dominante, a la hipocresía de esa misma moral podrida del orden social existente. En una escena, aparentemente aislada y fuera de contexto de la narración, se evidencia esa crítica a las clases pudientes. Pedro está huyendo en la noche, se detiene frente al aparador de un comercio, un individuo adulto, de clase pudiente, elegantemente vestido se acerca y le ofrece dinero para que lo acompañe; un pederasta que no logra su objetivo dado que, en ese momento, se acerca un policía y Pedro tiene que huir. Sin duda alguna es una escena significativa en el mundo de Los olvidados.
A 65 años de haberse estrenado Los olvidados de Buñuel, esta cinta conserva plena vigencia por su cruda y profunda denuncia sobre la marginación de los niños y adolescentes en los barrios de las grandes y medianas ciudades de México; la historia de millones de niños y jóvenes está plenamente reflejada en este documento fílmico, ahora como en la historia de El Jaibo y de Pedro, muchos niños y jóvenes están olvidados por sus padres, el sistema educativo, las oportunidades para desplegar sus energías en la ciencia, el deporte, la cultura y olvidados en el arte; ahora, como a mediados del siglo pasado, a millones de niños solamente les queda el camino de la vagancia, la delincuencia y los vicios. Son producto de un sistema social que deshumaniza, degrada las almas desde la tierna infancia y las hunde en la marginación, que no solo produce miseria, hambre, sino conlleva el desamparo social en todas sus crueles y brutales facetas; y trae consigo la destrucción ética y espiritual de millones de niños y jóvenes, víctimas de un sistema basado en la profunda desigualdad social, incapaz de darle a los seres humanos que más lo necesitan condiciones económicas y culturales que eviten su degradación física y moral.
Los olvidados es la única cinta de habla española que forma parte (junto a Metrópolis, de Fritz Lang, la obra de los hermanos Lumiere y el Mago de Oz, de Víctor Fleming) de La memoria del Mundo de la UNESCO. Sin duda lograron un retrato vivo, vigente, hecho con estupendas actuaciones, del México real.
La mitad de los 12.4 millones de niños de 0 a 5 años vive en pobreza y 50% carece de servicios de cuidado.
El pueblo mexicano ha pagado históricamente con enfermedad e incontables vidas la acumulación de las grandes fortunas surgidas de la industria minera.
El 48% de los encuestados consideró que la situación actual del país es mala y el 47% que el próximo año estará peor.
Los mexiquenses de más bajos recursos, habitantes de comunidades campesinas y colonias populares, sufren severas carencias en servicios que el gobierno debiera proveer, pero que se niega a hacerlo.
El desarrollo del modo de producción capitalista, gran devorador de fuerza de trabajo, ha sido la causa principal del desplazamiento de multitudes que de diferentes países emigraron a EE. UU.
Ésta es la realidad de los “Pueblos Mágicos”, a pesar de la abundante publicidad que se difunde para atraer el turismo, los beneficios no llegan a las comunidades ni sus habitantes.
Aunque 701 mil personas salieron de la pobreza entre 2022 y 2024, 54.7% de la población de la CDMX aún enfrenta carencias en ingresos, salud, educación, alimentación, servicios básicos o seguridad social.
Detrás de esa próspera imagen existe otra realidad: la de miles de comunidades rurales que sobreviven alejadas de los centros urbanos.
En el horizonte del país excepcional –y no muy lejos– se vislumbra más pobreza. Eso, sin tomar en cuenta el crecimiento de los peligrosos motines juveniles.
Ojalá los políticos que tanto pregonan que estamos pasando por una verdadera transformación en el sistema de salud se atendieran ellos o sus familiares en un hospital público.
Doce firmas retienen líquidos para 1.6 millones de personas y marginan a 600 vecindarios
Se requiere una reforma estructural del sector agrícola nacional que priorice el mercado interno, las necesidades de alimentación, el desarrollo tecnológico e implemente políticas públicas que promuevan un mayor financiamiento para las unidades productivas y combatan el hambre en el campo.
No producen mercancías como la industria textil o automotriz y apenas emplean a algunas personas, pero consumen grandes cantidades de agua y electricidad.
Hace 20 años llegó Pepsi-Cola y trajo contaminación en lugar de desarrollo.
En Durango persiste una realidad que preocupa cada vez más a los trabajadores.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA