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Libertad y necesidad en la historia
El punto de vista del materialismo marxista es la “vida real”.


“La verdad no puede ser más que una superación” y la filosofía marxista superó los límites de la filosofía de Ludwig Feuerbach por cuanto que pasó “del hombre abstracto de Feuerbach a los hombres reales, vivos, al considerarlos en plena acción en la historia”. La filosofía marxista acepta que “el ser es el sujeto” y que “el pensamiento es el predicado”. Admite también que “la raíz del hombre es el hombre mismo”. Pero al mismo tiempo advierte que “el hombre de Feuerbach es esencialmente un ser contemplativo” y destaca que la antropología feuerbachiana desconoció “el mundo real de los hombres, de su trabajo y de sus luchas”.

En estas circunstancias, la filosofía incorporó la perspectiva materialista de Feuerbach sin desechar “todas las adquisiciones de la dialéctica hegeliana”. A partir de ambos elementos, elaboró un nuevo modelo cognoscitivo que presentó la “novedad esencial” de “no tomar como punto de partida ni el objeto abstracto ni el sujeto abstracto, sino la actividad práctica social de los individuos concretos e históricamente dados”.

En contraposición con el materialismo premarxista del Siglo XVIII, el materialismo moderno no aprehendió la realidad “bajo la forma de objeto y no como actividad humana”. Rodolfo Mondolfo subraya que el materialismo marxista no representa un determinismo económico “que hace del factor económico el demiurgo de la historia y su verdadera sustancia, reduciendo el resto a simple epifenómeno e ilusoria superestructura”; aclara que la dialéctica marxista “no hace a los hombres objetos de la historia antes que actores o autores de ella” y recuerda que en El capital, Carlos Marx insistía ya sobre el tema al proponer que “como dice Vico, la historia del hombre se distingue de la de la Naturaleza en que nosotros hemos hecho aquélla y no ésta”.

No pocos intelectuales consideran la filosofía marxista como “una doctrina” que sacrifica “todos los demás factores al ‘factor económico’” y que, por consiguiente, reduce “a la nada el papel del individuo en la historia”. Ellos mismos arguyen que el materialismo moderno “es incompatible con el concepto de libertad y que excluye toda iniciativa independiente por parte del individuo”. No obstante, Jorge Plejánov responde que “la concepción materialista de la voluntad del hombre concuerda perfectamente con la más enérgica actividad práctica”. La filosofía marxista sostiene que la “libertad no es más que la necesidad hecha conciencia”.

El mismo Plejánov advierte que resulta erróneo pensar que “toda negación del llamado libre albedrío conduce al fatalismo”. Los ejemplos de los puritanos que “por su energía, superaron a todos los demás partidos de la Inglaterra del Siglo XVII” y de los “seguidores de Mahoma” que “en un corto espacio de tiempo, sometieron una parte enorme del planeta, que se extendía desde la India hasta España”, demuestran, de hecho, que “incluso el fatalismo no siempre fue un impedimento para la acción enérgica en la actividad práctica; todo lo contrario, en determinadas épocas fue una base psicológica indispensable de dicha acción”.

Plejánov comprueba, de tal modo, la posibilidad de “conciliar la libertad con la necesidad” y concluye que “la conciencia de la necesidad concuerda perfectamente con la acción práctica más enérgica”.

La filosofía marxista desarrolla “el lado activo de la filosofía” y concibe “lo existente, la realidad, lo sensible” no “solo bajo la forma de objeto o de intuición”, sino también como “actividad humana sensible, como praxis, (…) subjetivamente”. Pero la noción marxista de la libertad no hace referencia a la “actividad absolutamente libre del sujeto abstracto, independiente de todo condicionamiento histórico y social”. El materialismo moderno postula que la actividad libre del individuo “se convierte en una expresión consciente y libre de la necesidad y con esto habla de “una libertad surgida de la necesidad, o más exactamente, de una libertad que se ha identificado con la necesidad, es decir, de la necesidad hecha libertad”.

Cabe recordar ahora que “la novedad esencial de la filosofía marxista consistió en no tomar como punto de partida ni el objeto abstracto ni el sujeto abstracto, sino la actividad social de los individuos concretos e históricamente dados”. Con esto, el materialismo marxista no parte ni de la necesidad mecánica o el determinismo abstracto ni de la libertad absoluta. Vladimir Ilich Ulianov Lenin afirma que “el punto de vista de la vida, de la praxis, debe ser, primaria y fundamentalmente el punto de vista del conocimiento”. El mismo Mondolfo recuerda que la “filosofía de la praxis significa concepción de la historia como creación continua de la actividad humana, por la cual el hombre se desarrolla, es decir, se produce a sí mismo como causa y efecto, como autor y consecuencia a un tiempo de las sucesivas condiciones de su ser”.

La filosofía marxista de la praxis supera las “falsas disyunciones de cualquier teoría de los factores”. A juicio de Mondolfo, la filosofía de la praxis conduce “a la síntesis de una concepción unitaria” que establece “el cambio dialéctico” y la “reciprocidad de acción” entre la “causa” y el “efecto”. El punto de vista del materialismo marxista es la “vida real”. El punto de vista de la teoría de los “factores” es la “disección anatómica”. “Pero la historia es vida, y no análisis de un cadáver”, advierte Mondolfo.


Escrito por Victoria Herrera

Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.


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