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Reportaje
La infraestructura educativa de Chiapas está para llorar
Aulas precarias construidas con madera o cartón; pisos de tierra, mobiliario deteriorado; sin servicios básicos como luz, agua o drenaje.


Aulas precarias construidas con madera o cartón; pisos de tierra, mobiliario deteriorado; sin servicios básicos como luz, agua o drenaje; ya ni se diga conexión a Internet y, para colmo, la falta de maestros suficientes para atender a los niños inscritos. Así son las escuelas del nivel básico en muchas comunidades chiapanecas. Hoy, padres de familia entrevistados por buzos claman por asignación de recursos para mejorar la infraestructura educativa en la entidad y denuncian las malas condiciones en que sus hijos estudian, lamentando que el discurso oficial por la educación no se materialice en sus comunidades.

En la escuela Primaria “Reforma Educativa”, ubicada en el ejido Santa Anita, municipio de Simojovel de Allende, Chiapas, los alumnos reciben clases en salones con goteras; en los baños, los escusados están casi inservibles y el único lavabo disponible no cuenta con grifo.

Para colmo, los padres de familia no tienen cómo evitar que sus hijos enfrenten la actual epidemia de sarampión u otras enfermedades virales debido a la carencia de agua potable en las escuelas, que les impide lavarse las manos.

David Ulises López López, ingeniero agrónomo, se llena de nostalgia y tristeza al ver que el edificio de la primaria donde estudió hace 18 años sigue igual que entonces, pero más deteriorada.

Señala el salón donde recibió clases y no cabe en su mente que Santa Anita no se moderniza. Lo que necesita, demanda, es una barda perimetral, instalar un cableado eléctrico nuevo porque el que tiene no sirve y la bomba no puede subir agua.

Además, reveló que el sueño de todos los vecinos ha sido siempre contar con una cancha de usos múltiples cubierta por un domo. “A la escuelita sólo se le da una pintadita, la cancha ya tiene como 30 años, y le hacen falta muchas cosas”.

Luego, con su dedo índice derecho, señala que la asta donde se iza la bandera de México, está oxidada y que así se ha conservado desde hace muchos años.

Cecilia Sánchez Gómez, cuyos dos hijos estudian en la Primaria Reforma Educativa, lamentó que la falta de un domo en la cancha provoca problemas de salud a los niños; y que comúnmente les sangra la nariz.

El sangrado se debe a las altas temperaturas; y ahora que el sarampión está presente, es necesario tomar precauciones; por ello llama a las autoridades educativas para que escuchen y atiendan las demandas de los padres de familia.

“Me gusta mucho el deporte y que mis hijos lo practiquen, pero mire cómo están los tableros de basquetbol”, denunció.

Don Francisco Sánchez López informó que como no hay una infraestructura adecuada y los alumnos no tienen dónde asearse, las enfermedades están a la orden del día. Cuenta que su nieto se contagió de sarampión, pero hay más niños del pueblo y del ejido con ese mal.

Por fortuna, apunta, el menor ya salió de peligro, pues lo llevó al hospital regional. “Mi nieto sí se puso grave, pero ya salió, le dieron el tratamiento”, agregó y reportó que entre los vecinos cunde el temor porque los casos son recurrentes en la región.

Los números

A pesar de que el actual gobierno de Chiapas, encabezado por el morenista Eduardo Ramírez Aguilar, se enfoca en la alfabetización, persisten las carencias en el sistema educativo.

En 2024, de acuerdo con una medición multidimensional del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), el 29.6 por ciento de la población de México vivía en la pobreza; y el 70 por ciento no tenía acceso a la educación, salud, seguridad social, vivienda ni alimentación.

En la lista de los estados, Chiapas apareció entre los cinco más “golpeados” por la pobreza con 66 por ciento, junto a Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Puebla. En el registro de la pobreza extrema, la entidad chiapaneca encabezó la lista con 27.1 puntos porcentuales, seguida por los mismos cuatro estados.

En la citada medición del Inegi se refiere que entre 2022 y 2024 Chiapas se posicionó entre las seis entidades con mayor rezago educativo; y que en la “lista negra” pasó del 31.1 al 34 por ciento, junto a Oaxaca, Veracruz y Tabasco.

Nacionalmente, en 2024 se contabilizaron 24.2 millones de personas en esa condición. En la carencia por calidad y espacios de vivienda, Chiapas se situó en el tercer lugar entre las 27 entidades que lograron disminuir su estadística: pasó del 22.1 al 19 por ciento.

Dádivas

Después de lamentar que Chiapas ocupe los primeros lugares en rezago educativo desde hace ya varias décadas, Armando Falcony Borraz, secretario general de la Asamblea Estatal Democrática de la Sección 40 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y miembro de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), explicó que esta situación es consecuencia de la deserción escolar, reprobación, mala infraestructura educativa, falta de mobiliario y otras carencias en “todas las escuelas del estado”.

Y explicó, asimismo, que todos estos males se deben a que la política del Estado consiste en solamente “procurar dádivas a los centros educativos”, sobre todo a los que están en Tuxtla Gutiérrez, la capital, mientras que hay escuelas que siguen “igual o peor” desde hace más de medio siglo.

Durante una entrevista de prensa calculó que más del 60 por ciento de escuelas de nivel básico se construyeron hace más de 50 años y desde entonces no han recibido mantenimiento. Por ello se requiere una emergente inversión pública millonaria sólo para sanear parte del rezago educativo.

Cree, incluso, que los más de mil millones de pesos (mdp) que se han utilizado para mermar el analfabetismo, pudieron ser “inyectados” para superar las deficiencias que hay en otras áreas de la educación pública, entre ellas la infraestructura.

Lo que resulta increíble, subrayó, es que aún existan escuelas con piso de tierra, techos de lámina o edificadas con otros materiales no adecuados para que los alumnos reciban educación digna.

“Falta mucho, la verdad, como la construcción de aulas, escuelas completas, canchas múltiples con sus domos, y muchas cosas más; porque la mayoría de las escuelas no tienen mobiliario, y si se ven a veces bien, es porque nosotros mismos mandamos a arreglarlas, pintarlas, etc.”, destacó.

Lejos del desarrollo

Hace como ocho años, en la colonia Maya, municipio de Berriozábal, a casi 10 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, se inauguró la escuela primaria Carmen Serdán Alatriste, cuya infraestructura subsiste limitada como cuando fue inaugurada.

Ulises Clemente Suárez llegó como maestro a esta institución casi al mismo tiempo y es consciente tanto de sus limitaciones como del desinterés de las autoridades para superarlas.

Las 11 aulas fueron construidas de madera y, apenas hace tres meses, le metieron “unas tres hiladas” de block, obra realizada mediante el programa La Escuela Es Nuestra.

A sus compañeros y a él, les entristece que su escuela no posea un patio cívico y que su cancha de usos múltiples permanezca sin domo, a diferencia de otros centros educativos.

Narró que han acudido ante las autoridades educativas y hace dos años se manifestaron para exigir el apoyo; pero la respuesta fue que, como era fin de sexenio, ya no podían atenderlos.

La única opción ofrecida por el Ayuntamiento de Berriozábal fue la reubicación. El docente aclara, sin embargo, que el terreno donde se halla el centro escolar es muy pequeño porque no llega a “un cuarto de hectárea”.

Falta voluntad del gobierno

La primaria ocupa casi media hectárea, espacio suficiente para más aulas, una cancha multimodal y la barda perimetral. Pero maestros, alumnos y padres de familia temen ahora porque ya comenzó la temporada de incendios y el fuego puede amenazar a las aulas de madera de la escuela.

Además, la presencia de animales ponzoñosos, como serpientes, el calor, el exceso de polvo y otros factores ambientales puede afectar la salud de todos, pero principalmente de los niños.

“Nada más hay que darse cuenta que no tenemos ni barda; sobrevivimos con un enmallado y ya han entrado a robarnos”, lamenta el maestro y cuestiona: “¿Por qué si ya estamos en el Siglo XXI, seguimos en estas condiciones: con una escuela de tablita?”

Reconoce, inclusive, el esfuerzo de los padres de familia, porque han aportado recursos para mantener las instalaciones y ventiladores para las aulas, pero el calor resulta insoportable.

Lo único que piden los padres es que el gobierno del estado “los ponga en su radar” y les construya una escuela de calidad para que los cerca de 200 estudiantes no deban correr entre el polvo o recibir clases en aulas improvisadas.

Manuel Pon, otro de los profesores fundadores de esta primaria, relató que, para matizar las amenazas de incendio, han untado la madera de las aulas con aceite quemado para que no se quemen tan fácil en caso de que llegaran las llamas del pastizal incendiado.

“La vez pasada que salimos de vacaciones, una camioneta chocó contra uno de los salones que dan a la calle; pero como es de maderita, pues se metió. ¡Imagínate si hubiera habido niños en ese momento!”, exclamó.

Por ello, exhortó a las autoridades a que favorezcan su petición, que únicamente tiene el objetivo de beneficiar al alumnado. “¿Por qué no construirnos nuestra escuela? No pedimos mucho, y es por el bien de los pequeñitos”, reconoció.

Cae el recurso

Según un informe oficial, el gobierno de Eduardo Ramírez destinará 43 millones 360 mil pesos en infraestructura para beneficio de las más de mil 100 escuelas públicas existentes en Chiapas, inversión que comenzaría este año.

El mismo mandatario estatal recordó que, en otros tiempos, ni los directivos o docentes “se enteraban de los recursos”, que se pedían “moches” o que se entregaban “apoyos en especie”.

A pesar de la buena voluntad expresada por el Ejecutivo chiapaneco, Manuel Mendoza Vázquez, dirigente del Nivel de Educación Indígena (NEI) en Chiapas, insiste en lo lamentable que resulta la situación de las escuelas, sobre todo del nivel básico, que no tienen mobiliario, ni conectividad, y “no se diga de la infraestructura.

“En todos los niveles, las escuelas están en condiciones deplorables: más en las comunidades indígenas; porque también hablamos de problemas con el agua potable, de energía, un Internet pésimo; y la autoridad educativa quiere que atendamos hasta 40 niños, bien saturados”.

Pero la crisis va más allá. Según él, también hacen falta maestros de educación física y especial para atender a los alumnos con diferentes tipos de capacidades. Lamenta que la Secretaría de Educación no contrate a más maestros, sobre todo ahora que se plantea la reforma educativa.

Agregó que, con Claudia Sheinbaum en la Presidencia, se vislumbra un panorama más difícil porque, aparte de la paupérrima infraestructura escolar, la educación indígena en Chiapas requiere al menos cinco mil profesores.

“Eso se traduce en igual cantidad de grupos abandonados, de niños y niñas sin su maestro… es un desastre, no hay una política educativa seria, planificada, que en realidad resuelva los problemas persistentes en educación básica”.

Y concluyó: “¿Cómo quieren que un niño siga las instrucciones de sus libros, donde les piden investigar en Internet, si no tenemos conectividad? Es más, no hay ni electricidad; y la que llega, es con baja potencia. El cambio que tanto presumen es sólo parte del mismo discurso político”.

En Chiapas, según cifras del Inegi, hay más de medio millón de niños, niñas y adolescentes indígenas, con edades de tres a 17 años, que representan casi el 40 por ciento de esta población. Con base en la Red por los Derechos de las Infancias en México (Redim), de los dos millones de infantes y adolescentes existentes en Chiapas, alrededor de 1.6 millones vive en la pobreza. 


Escrito por Christian González

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