Lenin estudiaba a Hegel y a Marx no como quien busca respuestas a modo en sus escritos, sino como un ejemplo del pensamiento vivo y necesario para cuestionar la realidad dada y así liberarnos ideal y materialmente.
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La historia de los movimientos sociales que luchan por mejorar las condiciones de vida del género humano es amplia; los capítulos que la conforman abarcan distintos periodos de la historia humana, a todos los pueblos y a muchos sectores sociales, pero precisamente por ser momentos que desafían un estado de cosas existente y que pueden derivar en la reducción o eliminación de privilegios para ciertas minorías, no siempre son recuperados en todo lo que significaron para su tiempo y tampoco en todo lo que pueden aportar para el presente. Algo de esto sucede con el caso de Flora Tristán, cuyo activismo y producción teórica contribuyó al desarrollo del movimiento obrero, considerando a las mujeres obreras como parte fundamental del mismo.
Tristán nació el siete de abril de 1803, en París. Aunque sus padres estuvieron casados, por una confusión eclesiástica su matrimonio no fue totalmente reconocido, así que ella no era hija de pleno derecho de su padre. Como otras mujeres de la época, se casó por conveniencia; este impulso no fue suyo, sino de su madre. André Chazal, su marido, era un pequeño propietario que se presentó a la madre de Flora como el camino para garantizar el bienestar económico de su hija sin herencia. Este matrimonio trajo para ella pocas alegrías y muchas penas: violencia física y psicológica contra ella, pero también sexual contra la hija de ambos. Flora dio una lucha histórica al pelear por el divorcio, que estaba prohibido en Francia en esa época. Acusó a su esposo por el maltrato que recibieron ella y su hija Aline logrando no sólo el reconocimiento legal de la separación, sino también que recibiera el castigo que la ley estipulaba para los crímenes cometidos.
Tuvo contacto con las principales corrientes socialistas de la época (aquellas que más tarde Engels conceptualizaría como socialismo utópico): Fourier, Owen, Saint-Simon –por mencionar a los más famosos– fueron leídos por ella. También estudió a los discípulos de aquéllos y las reflexiones de varios obreros sobre los problemas del proletariado en consolidación y las posibles alternativas a la situación cada vez más opresiva en que vivían.
Flora falleció de tifus en 1844, apenas un año después de publicar La Unión Obrera. Ciertamente, la situación en que vivían ella y su hija Aline era precaria y las hacía presa fácil de enfermedades, pero tal vez también el esfuerzo que realizó para que su obrita fuera publicada contribuyó a la fatalidad de sus enfermedades. Considerando la efervescencia social de la época, se esperaría que hubiera entre los editores alguno dispuesto a publicar una obra destinada a organizar y concientizar a la clase obrera; la misma Flora creía que podría encontrar alguno de La Unión Obrera que apoyara la publicación. No encontró a ninguno. Tocó las puertas de editores que publicaban a otros socialistas, pero a ella no quisieron publicarla (tal vez ser socialista era tolerable, pero ser mujer y socialista era demasiado para los progresistas de la época). Así, decide ir de puerta en puerta haciendo una colecta para publicar el libro por sus propios medios. Entre los donadores se encuentran nombres reconocidos como Eugène Sue (Los misterios de París, 1842), pero también otros que corresponden a una criada o a un carpintero. Este gesto puede considerarse como una muestra del interés de Tristán para que su obra y las ideas del socialismo llegaran a todos los grupos sociales. En vida no vio algún triunfo de la clase obrera, pero su labor teórica y su lucha forman parte importante de las victorias que el proletariado, especialmente las mujeres proletarias, ha conseguido a través del tiempo.
Lenin estudiaba a Hegel y a Marx no como quien busca respuestas a modo en sus escritos, sino como un ejemplo del pensamiento vivo y necesario para cuestionar la realidad dada y así liberarnos ideal y materialmente.
En términos etimológicos, lo político se refiere a todo lo relacionado con la vida de la ciudad o del asentamiento humano en cuestión, por lo que no es posible pensar en problemas sociales que no sean políticos.
Esta obra es un rosario de consejos amorosos dirigido a los padres y madres para que ayuden a construir hombres nuevos, mujeres nuevas, de una calidad superior, altamente fraternos y solidarios.
La clase social que ostenta el poder, tanto el económico como el político, utiliza las más variadas herramientas para hacer pasar como naturales sus ideas.
La belleza expresiva del lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo ha sido comparada con los cantos elegíacos por la muerte de Patroclo, Sigfrido, Rolando y otros héroes legendarios.
Detrás del discurso abstracto sobre los valores morales y sobre los derechos universales se esconde el deseo de dominación en provecho de los poderosos.
Hay que entender el pensamiento y su historia para que, por medio del análisis de su contradicción interna, podamos hacernos de las mejores armas para comprender y transformar el presente.
La humanidad se ha enfrentado a las dificultades y contratiempos que el entorno natural en el que construye sus asentamientos le ha puesto enfrente.
La filosofía ha sido, en sus mejores momentos, una denuncia incómoda del poder, aunque también ha servido para justificar el orden existente.
Poema de Atrahasis o del “muy sabio”
Lo que nos ha enseñado la historia de la filosofía es que el desarrollo del pensamiento va dejando huella.
El discurso meritocrático tiene una gran fuerza en la población.
La unidad entre práctica y teoría remite, en suma, a la tesis según la cual “el conocimiento es acción” y “el hombre no conoce bien más que lo que sabe hacer”, idea cuyo descubrimiento se atribuye a Sócrates.
Ukiyo-e significa “imágenes del mundo flotante” y su objetivo es mostrar lo efímero, lo fugaz, lo transitorio.
Es importante plantear el debate sobre cuánto tiempo le resta a la humanidad.
Escrito por Jenny Acosta
Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.