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Reportaje
El Reliz, a 25 años: ¿dónde quedó el rescate ecológico?
La urbanización en torno a la presa El Rejón y a lo largo de la ampliación de la Avenida Teófilo Borunda, desde El Reliz y, hacia el poniente, rumbo a la presa Chihuahua, ha experimentado un crecimiento intenso y acelerado en los últimos años.


La urbanización en torno a la presa El Rejón y a lo largo de la ampliación de la Avenida Teófilo Borunda, desde El Reliz y, hacia el poniente, rumbo a la presa Chihuahua, ha experimentado un crecimiento intenso y acelerado en los últimos años, caracterizado por el surgimiento de complejos residenciales de nivel medio-alto y de alta densidad. Este gran desarrollo inmobiliario se asienta sobre terrenos ejidales que les fueron arrebatados a sus posesionarios con el argumento de proteger el medio ambiente, ayudar a la regeneración de los cuerpos de agua y reforestar la zona con especies nativas, pero nada de esto ha ocurrido.

Todo inició en noviembre de 2001, con una decisión que provocó la inmediata protesta de los afectados: el gobernador del estado acordó la expropiación de 75 hectáreas de terrenos del Ejido Labor de Terrazas, a un precio promedio de 11.1 centavos por metro cuadrado. ¿Lo malo? Había una colonia de ejidatarios e hijos de ejidatarios que formaban un núcleo habitacional; sobre ellos pasó la aplanadora y la amenaza de un desalojo.

Hoy, sólo unos cuantos colonos originales continúan gozando de la posesión de sus terrenos; para ellos, el “rescate ecológico” que esgrimió el gobierno para quedarse con sus tierras, terminó revelándose como “una gran mentira”.

Actualmente, este desarrollo de la urbe metropolitana puede parecer natural y congruente con el crecimiento de la ciudad, pero no siempre se presentó de esta manera. Al principio, las autoridades utilizaron un lenguaje diferente y basado en el ecologismo, para justificar lo que a lo largo de 25 años se convirtió en una serie de más de 20 fraccionamientos y en varias etapas de éstos.

El Gobierno del Estado expropió a 11 centavos el m2 usando como cobertura un lenguaje ambientalista, pero en la vida real todo terminó en una cínica venta de terrenos comerciales y en la construcción de más de 20 fraccionamientos privados. Hubo dos asesinatos y el esquema se está repitiendo con recientes desarrollos en las laderas de los cerros.

Violencia y asesinatos

Hoy todo esto parece cosa del pasado, pero no lo es. Lo que sucedió entonces se replica con variantes en todos los puntos cardinales. En los cerros del norponiente de la ciudad, el ejemplo más reciente es el del Cerro del Caballo, donde las constructoras invadieron en 2004 una parte de las reservas ecológicas y expulsaron a los venados, a los coyotes y a mamíferos menores que tenían ahí su medio ambiente natural.

Y todo para que al cabo de un año los arroyos crecidos arrasaran casas de los fraccionamientos y desmintieran la seguridad con que los urbanistas les vendieron sus casas y terrenos.

Pero volvamos al año 2001 y 2002 en la zona de El Reliz. Como producto de la “expropiación” y de las amenazas de los agentes estatales, quedó prácticamente deshecha la colonia suburbana que habían levantado, pocos años antes, algunos habitantes que se vinieron a vivir acá para poder tener animales, o para tener tranquilidad. El resto fueron tierras ejidales que el gobierno no tuvo necesidad de expropiar, porque arrancó el acuerdo al Ejido Labor de Terrazas para obtener el terreno para la Tercera Ampliación de la Avenida Teófilo Borunda.

Lo que siguió, es decir, comprar más tierra barata, ya dependió de las habilidades de los fraccionadores al negociar en bloque con los ejidatarios, con grupos de éstos o con campesinos individuales.

El camino quedó desbrozado, libre de obstáculos, una vez que el último ejidatario, don Víctor Minjárez, quien se negaba a vender su parcela para el derecho de vía de la Ampliación Teófilo Borunda, falleció asesinado junto con su hijo, del mismo nombre. Estos homicidios nunca fueron resueltos, pero sí tuvieron como efecto que la vialidad pudiera continuar hacia el poniente, libre ya del ranchito con vacas que se interponía frente a la maquinaria.

Amenazas y míseros 11 centavos por metro

Por aquellos días, hasta acá venían policías judiciales (ahora se llaman ministeriales) mostrando sin pudor sus pistolas en la cintura para dar el mensaje, para amedrentar a los colonos rebeldes, con tal de que vendieran su tierra y abrieran paso a los planes del gobierno.

“Fíjese nomás si no era mentira”, dijo Vicente Herrera Fernández, uno de aquellos rebeldes que se mantuvieron firmes hasta el final. El hombre apuntó desde su patio hacia los cuatro puntos cardinales, para mostrar la proliferación de fraccionamientos privados en la zona y la ausencia total de obras de rescate ecológico.

“Fíjese nomás, y dígame si ve usted alguna acción de rescate ecológico por aquí... no hay nada de eso, pero lo que sí sabemos es que el entonces gobernador y el entonces presidente municipal, lo que querían era dar la tierra a los fraccionadores”, aseveró.

El precio promedio de 11.1 centavos en la expropiación detonó una inmediata reacción negativa entre los afectados. Los habitantes del lugar señalaron que, muy cerca de aquí, existían fraccionamientos donde el valor de un metro cuadrado de terreno se cotizaba hasta en 3 mil 500 pesos. Hoy, a casi 25 años transcurridos desde entonces, los precios por la tierra se triplicaron.

Entre los motivos de la expropiación, el Gobierno del Estado expuso que pretendía “preservar y cuidar que no sean contaminados o deteriorados los cuerpos de agua como la presa El Rejón y Chuvíscar, por lo que se hace necesario impulsar la reforestación y construcción de áreas verdes con eminente visión ecológica”. Firmaron el documento Patricio Martínez García y el secretario de Gobierno, Sergio Martínez Garza.

Pero, en la práctica, ¿cómo evolucionó ese “rescate ecológico”? En la vida real, la zona adquirió una espesa densidad demográfica y habitacional, desde El Reliz y a todo lo largo y ancho de la ampliación de la Avenida Teófilo Borunda.

Se trata de una de las áreas de mayor crecimiento habitacional, caracterizada por desarrollos de densidad media a alta (de 13 a 35 viviendas por hectárea). Se ha transformado rápidamente con vivienda vertical y fraccionamientos residenciales, incrementando la densidad poblacional y la demanda de servicios en el sector poniente.

Según el Sistema de Información Geográfica Municipal (Sigmun) del Implan Chihuahua, el tipo de desarrollo en la zona de la Teófilo Borunda y El Reliz es una expansión significativa de complejos residenciales, tanto de casas unifamiliares como de desarrollos verticales.

Construyeron un extenso corredor comercial

Es de destacar que en los últimos 15 años se ha formado un denso corredor comercial en los márgenes de la Teófilo Borunda hacia el poniente, que se caracteriza por ser una zona de desarrollo moderno y creciente que alberga una mezcla de establecimientos de servicios, comercio especializado y áreas gastronómicas.

Entre los tipos de tiendas y negocios que se han establecido aquí, destacan: plazas comerciales y business parks, proyectos como City Center, que buscan ofrecer espacios de oficinas y locales comerciales; tiendas especializadas: destaca la presencia de showrooms y tiendas de acabados, como Interceramic, que tiene ubicaciones en la prolongación Canal; gastronomía y cafeterías: enfocados en servicios para los habitantes de la zona y áreas residenciales cercanas; refaccionarias y servicios automotrices: debido al alto flujo vial, se encuentran negocios dedicados al mantenimiento y repuestos de vehículos; desarrollos de servicios y uso mixto: se planean nuevas áreas comerciales con enfoque eco-friendly y plazas que albergan servicios variados en las cercanías del Reliz y la zona poniente; densidad habitacional: según los planes de desarrollo urbano, esta zona poniente integra densidades medias a altas, buscando la mezcla de actividades económicas y habitacionales.

Contexto de crecimiento: Chihuahua capital, con más de 925 mil habitantes en 2020, muestra un crecimiento del 14.4 por ciento respecto a la década anterior, con esta zona poniente como uno de los polos de mayor desarrollo nuevo.

¿Dónde quedó el desarrollo ecológico?

A continuación, se registran los hechos en orden cronológico:

Para iniciar, en mayo de 2002, el gobierno regaló 50 hectáreas en El Reliz a la empresa que administra la Universidad La Salle, para construir su campus.

El 25 de marzo de 2003, seguía el discurso “ecologista” y “conservacionista”: en la zona de El Reliz se construirá un parque ecoturístico y familiar, donde serán sembrados cientos de árboles y se buscará convertir el lugar en un vergel para beneficio de los chihuahuenses, dijeron los directores de Obras Públicas y de Ecología del Municipio, Luis Fernández Casillas y Roberto Chaires Almanza, quienes señalaron que también se rescatarían y rehabilitarían los vestigios del Acueducto Colonial.

El 15 de junio de 2003, el secretario de Desarrollo Urbano y Ecología del Gobierno del Estado, Roberto Cano Hermosillo, habló por primera vez de que las reservas territoriales de La Haciendita y Labor de Terrazas, en la zona de El Reliz, serían entregadas al municipio para desarrollos habitacionales.

Y de ahí pal real, los hechos dieron la razón a los colonos.

El desarrollo descontrolado ha generado protestas de ambientalistas y preocupaciones por el impacto ecológico en la zona. Este proceso es descrito por ambientalistas como “urbanización salvaje”, debido a la destrucción de áreas forestales y a la contaminación.

Puntos clave del desarrollo e impacto: desarrollo inmobiliario acelerado. Nuevos desarrollos como Laderas del Rejón, Reserva del Rejón, Bosques del Rejón y el proyecto de “Torre Presa Rejón” (17 pisos) han rodeado la zona libre de la presa, específicamente en el área del rebalse y el Ejido Labor de Dolores.

Contaminación y daño ambiental: se han documentado daños en áreas forestales nativas, incluyendo arbustos no maderables, así como presencia de basura, bolsas negras, material de construcción tirado y canaletas de cemento, producto de obras asociadas a los nuevos fraccionamientos y al fideicomiso del Parque Metropolitano Tres Presas.

Parque Metropolitano Tres Presas: aunque el parque busca ser un espacio recreativo y deportivo (sendero de 6.4 km, tirolesas, canchas), las “mejoras” y obras colaterales han sido señaladas por los impactos ambientales mencionados.

Situación hídrica: la presa El Rejón ha mostrado niveles bajos de agua debido a la falta de lluvias, exacerbando el impacto de la urbanización sobre el ecosistema.

Pero, ¿hay solución?

Por todo esto, la preocupación de la asociación El Nido del Zenzontle, es que si no se configura y se legaliza por parte del Ayuntamiento una zona de parques municipales, las presas de la ciudad serán historia. Ésa es nuestra propuesta, dijo el ecologista Raúl Trejo Domínguez, quien funge como vocero de este grupo de ambientalistas y quien manifestó que su organización apoya la creación del proyecto del Parque Tricentenario, pero a condición de que se realice un saneamiento integral de los cuerpos de agua.

Nosotros estamos preocupados, apuntó el representante, “por el futuro de la presa El Rejón, que si bien se conserva más o menos limpia, ahora que impuso su ley sobre todas las construcciones que sepultó con la subida natural de sus aguas, en un futuro no muy lejano es de temerse que lleguen acá las aguas de desecho de los fraccionamientos que llegaron a establecerse como moscas sobre un pastel”.

El triángulo formado entre las presas Chihuahua, Chuvíscar y El Rejón es el área clave, gracias a los terrenos arrancados a punta de ofertas de todo tipo, acciones violentas y amenazas contra los antiguos propietarios, que eran humildes colonos suburbanos, granjeros y ejidatarios.

Estos desarrollos habitacionales, que son ya más de 20 fraccionamientos en el área, son punta de lanza de un proyecto urbanístico que se está abriendo paso a sangre y fuego. La ampliación de la avenida Teófilo Borunda y la probable apertura del Libramiento 5 Poniente como un nuevo periférico desataron ya una especulación de terrenos como no se veía desde los tiempos en que se abrió el Periférico de la Juventud.

“Es que este proyecto, en la práctica, ya le dio la puntilla a los ejidos Labor de Terrazas y Labor de Guadalupe, que se están disolviendo por la vía de vender la tierra ejidal, ya sea de grado o por la fuerza”, señaló el ecologista Raúl Trejo Domínguez.

“Y lo único que puede salvar a las presas Chihuahua, Chuvíscar y El Rejón, así como al río y a la parte boscosa del río Chuvíscar que atraviesa esta zona, es que estos cuerpos de agua sean declarados reservas ecológicas y que se establezcan en ellos verdaderos parques municipales, no circos romanos, como se pretendió en El Rejón, para protegerlos de la destrucción junto con sus entornos ecológicos, de la voracidad de los desarrolladores urbanísticos”, sentenció. 


Escrito por Froilán Meza

Colaborador


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