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Omar Carreón Abud
El futbol y la actualidad de las mercancías
Es imposible abordar el tema de la realización de un nuevo campeonato mundial de futbol sin referirse a la rápida evolución de los gravísimos acontecimientos en torno a Venezuela.


Es imposible abordar el tema de la realización de un nuevo campeonato mundial de futbol sin referirse a la rápida evolución de los gravísimos acontecimientos en torno a Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro ha estado sometido a una embestida propagandística desde hace ya muchos meses que lo presenta, para no detenerme a enumerar en detalle los cargos, como una amenaza para el mundo que debe ser exterminada a cualquier precio. La verdadera fuerza económica y militar de ese país hermano no permite creer que sea ésta la verdad; sus inmensos recursos petroleros y la necesidad del imperialismo norteamericano de asegurar el abastecimiento de combustibles para su economía, sí, eso sí, la declinación de Estados Unidos (EE. UU.) por un lado y, el petróleo de Venezuela, por el otro, sí explican, no sólo las amenazas, sino el hecho aterrador de que se cumplan cebándose en el pueblo venezolano.

Consigno las preocupantes declaraciones de Donald Trump publicadas en el diario El Universal el 17 de diciembre: “El presidente estadounidense, Donald Trump, designó al régimen de Venezuela como una ‘organización terrorista extranjera’ y ordenó bloquear todos los petroleros que entren a y salgan de Venezuela… indicó que el ‘régimen ilegítimo de Maduro está utilizando el petróleo de estos yacimientos robados para financiarse, para el narcoterrorismo, la trata de personas, el asesinato y el secuestro’… EE. UU. no permitirá que criminales, terroristas ni otros países roben, amenacen o dañen a nuestra nación, ni permitirá que un régimen hostil se apodere de nuestro petróleo, tierras ni ningún otro activo, todo lo cual debe ser devuelto a EE. UU. INMEDIATAMENTE”.

Hago notar –y me siento obligado a repetirlo– que, según el texto transcrito, el presidente norteamericano dijo que “EE. UU. no permitirá que criminales, terroristas ni otros países roben, amenacen o dañen a nuestra nación, ni permitirá que un régimen hostil se apodere de nuestro petróleo, tierras ni ningún otro activo, todo lo cual debe ser devuelto a EE. UU. INMEDIATAMENTE” (con mayúsculas); que llamó al gobierno venezolano criminal y terrorista, características que, según la ley norteamericana, permiten y hasta obligan a descargar sobre sus integrantes la fuerza militar y que dijo también que ese “régimen hostil” se ha apoderado de su petróleo y tierras. Pregunto, ¿se refiere Trump a una expropiación o a algo parecido en cualquier momento que haya sucedido? Me preocupa hondamente porque aquí hubo un 18 de marzo en el que, con todo el apoyo del pueblo, un presidente rescató el petróleo para los mexicanos. ¿Abarca –o abarcará– también la amenaza a nuestra patria? ¿Han sido las denuncias mediáticas en contra de los gobernantes de la 4T –muchas de ellas muy merecidas– para favorecer al pueblo trabajador, mejorar su nivel de vida y sus libertades o, más bien, para proteger y engrandecer los peligrosos intereses norteamericanos? Quede la situación descrita –y sus posibles implicaciones– como una causa muy real que no permitió pasar tranquilos los publicitados días de convivencia familiar.

Mientras, los negocios no se detienen (incluso, se sabe, la guerra es un negocio, quizá el más grande negocio que haya sido descubierto). El Campeonato Mundial de Futbol se llevará a cabo, pues, si otra cosa no sucede, a mediados de 2026. Hay varias novedades con respecto a los campeonatos anteriores. Ahora, por ejemplo, no participarán 32, sino 68 equipos y los juegos no se verificarán en un solo país, sino en tres. Los aficionados se van enterando, creo que con estupor, que ya no son sólo 32 los mejores equipos del mundo que merecen ser tenidos en cuenta para llevarse la presea máxima y que esos conjuntos son originarios, inclusive, de países de cuyos torneos y jugadores poco o nada sabían, ni siquiera los más fieles al deporte. Es también una variación digna de mencionarse que los partidos se llevarán a cabo ahora en países con habitantes muy respetables, pero que hasta ahora se habían ocupado preferentemente de otros deportes, es decir, en EE. UU. y en Canadá, cuyas aficiones al futbol soccer son más escasas que las del beisbol o el futbol americano, encuentros a los que asisten personalmente o ven en la televisión grandes multitudes.

¿Cómo explicar la amplificación? Podría decirse que es un intento de acercar al futbol a públicos que no lo conocen, de hacerlos partícipes de su espectáculo y de sus enormes cualidades formativas para la juventud (sin demérito de otros deportes), de acercar, pues, el futbol a los pueblos del mundo que lo conocen poco, pero eso reza la propaganda interesada, prefiero tratar de decir la verdad. Los juegos se llevarán a cabo en EE. UU. y Canadá porque allá hay más población con capacidad económica suficiente para la asistencia física a los partidos y para el pago por las transmisiones en la televisión.

El capitalismo, que ya se enseñorea por todo el mundo, ha convertido en mercancía hasta lo más insólito. Una mercancía es el cuerpo de la mujer, un riñón y hasta el silencio. No es exageración. Nada se le ha escapado. Ni el futbol. “La mercancía es –escribió Carlos Marx en su obra inmortal– un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean. El carácter de estas necesidades, el que broten por ejemplo del estómago o de la fantasía, no interesa en lo más mínimo para estos efectos”.

Más adelante, el genio de Tréveris explicó que la mercancía es trabajo humano coagulado y, por tanto, la mercancía es portadora del trabajo no pagado por el capitalista, es decir, de su ganancia, pero, para hacerla realidad, para convertirla en dinero contante y sonante y apoderarse de la mentada, ya sea para su disfrute personal o para invertirla y acrecentar su capital, tiene que venderla.

Las mercancías más vendidas son las que salen al mercado con un precio más bajo. La competencia es sanguinaria, la gana el que logra producir a un costo más bajo y eso se consigue maquinizando la producción. La intensa maquinización moderna es un proceso generalizado que requiere de empresas cada vez más grandes y costosas, de capitales inmensos. A tono con los tiempos y las circunstancias ¿se podría todavía armar una empresa que venda espectáculo y obtener ganancias mediante un torneo “mundial” muy local, con espectadores limitados, vendiendo la mercancía a aficionados que ganan poco o no tienen empleo formal. No, por supuesto. Con base en ello, los ambiciosos empresarios tomaron las medidas siguientes:

“Las entradas tienen precios superiores a los rangos indicados en la candidatura original de los países anfitriones (no cumplieron lo que prometieron). Las entradas generales para la fase de grupos, muchas de ellas con un precio de cientos de dólares, son hasta tres veces más caras que en la anterior Copa Mundial de Qatar 2022… las entradas más baratas para la final partirían de cuatro mil 195 dólares… y un aficionado necesitaría gastar al menos seis mil 900 dólares en entradas para seguir a su equipo desde el partido inaugural hasta la final”. (Reforma. 17 de diciembre). Prohibido para los países en los que tanta gente no tiene empleo y, en consecuencia, muy tristemente, cinco de cada 10 criaturas de primaria enfrentan problemas de desnutrición u obesidad, seis de cada 10 presentan daños dentales y cuatro de cada 10 tienen deficiencias visuales, porque también los alimentos y la salud son mercancías… y muy costosas.

¡El futbol! Ese sueño de tantos niños en el mundo, que como Manelic, cuando bajó de su montaña, “¡Supo algo más horrible: la mujer de su sueño era del amo!”, es una mercancía para aportar grandes utilidades. La ilusión de correr tras un balón y patearlo. Pienso en los niños de Gaza, en los de Venezuela, en los de nosotros. Ahí se aprende a esforzarse aunque ya no se tenga aliento, a resistir sin llorar ni acudir a la madre por un empujón, un balonazo en la cara, una patada o todo al mismo tiempo. Ahí se aprende a vivir porque eso es la vida, enfrentar problemas uno tras otro sin límite ni plazo. Ahí se aprende la necesidad y el impacto de la disciplina, ahí se conoce la imprescindible necesidad del colectivo, su fuerza y sus resultados. Ese gran descubrimiento social, degradado a productor de ganancias para los dueños del mundo. Algún día también será rescatado para los pueblos. Organícese y luche. No pierda las esperanzas. 


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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