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Retroceso educativo y Covid-19
La SEP habilitó su programa Aprende en casa para el que los maestros no están preparados ni cuentan con los recursos tecnológicos para aplicarlo.
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Las clases se suspendieron del 20 de marzo al 20 de abril en todos los niveles educativos una vez que se reconoció la fase I de la pandemia del Covid-19. La medida tomó a los maestros desprevenidos. La suspensión se produjo dos semanas antes del periodo vacacional de Semana Santa; por ello, el secretario de Educación la anunció como una ampliación de las vacaciones y no como una medida de sana distancia. Con solo unos días previos y la insistencia en que las clases continuarían en línea, los maestros solo pudieron improvisar guías y dejar tareas al por mayor. El confinamiento causado por el Covid-19 fue ampliado por las autoridades sanitarias al 1° de junio, con excepción de los municipios con bajo contagio, donde las clases reiniciarán el 17 de mayo. La Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció una serie de medidas de cara al nivel básico para que no se pierda el ciclo escolar. La más importante de ellas son los cursos en línea, que también se realizan en las universidades y tecnológicos donde, mediante plataformas, hacen lo necesario para no retrasar sus procesos educativos. Estas medidas, sin embargo, resultan inoperantes cuando se topan con la realidad y, obviamente, de ello no tiene la culpa el Covid-19, sino la debilidad del sistema educativo nacional.

La mala educación en México es un problema que viene de mal en peor desde hace muchos años. Las pruebas internacionales aplicadas tanto por los gobiernos “neoliberales” como por el de la llamada “Cuarta Transformación” (4T) tuvieron resultados reprobatorios en disciplinas tan básicas como el español, las matemáticas y otras ciencias. La prueba más reciente de PISA reveló que muchos estudiantes mexicanos no son educados para aprender y hacer ciencias, lo que también se evidencia en el atraso científico y tecnológico con que operan diferentes sectores económicos del país. Un atraso fatal que el Covid-19 ha exhibido. En el sexenio anterior, aunque de forma incompleta, algo se trató de corregir con la cuestionada y luego desechada Reforma Educativa. A causa de esta decisión equivocada, el sistema educativo nacional volvió al funcionamiento anterior, en el que no se atiende el mérito y donde basta con ser amigo o incondicional del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) para lograr lo que se desea. A este problema de corrupción se agregan el deterioro y la insuficiencia de la infraestructura educativa y, sobre todo, una metodología de enseñanza mecánica y repetitiva. El llamado Modelo de Competencias se acerca a la generación de conocimientos y, en el mejor de los casos, produce personas con destrezas que son absorbidas por el sector productivo a cuenta gotas. Gracias a este modelo, la educación no mejoró y, todo lo contrario, la disciplina académica y el rigor científico se relajaron.

En éstas estábamos cuando llegó el Covid-19, y la SEP habilitó su programa Aprende en casa para el que los maestros no están preparados ni cuentan con los recursos tecnológicos para aplicarlo, ya que no todos los alumnos tienen computadoras ni Internet en sus hogares –la mitad de la población carece de este servicio–, muchos no disponen de televisor; y la televisión abierta se halla en proceso de extinción por la señal analógica. El programa Aprende en casa ha evidenciado que las autoridades educativas desconocen la realidad de los estudiantes del país. ¿Aprender en casa? Imposible, cuando los padres de familia carecen de herramientas didácticas y de conocimiento para asesorar a sus hijos. ¿Aprender en casa? Imposible, si la preocupación en 20 millones de hogares es la incertidumbre generada por el temor a enfermar. ¿Aprender en casa? Imposible, si en los hogares priva la miseria y amenazan el hambre y el desempleo. Lo más importante hoy, en los hogares de los mexicanos pobres, es sobrevivir a la pandemia y no el repaso escolar. Los estudiantes de los hogares más pobres aprovechan este receso para unirse a la búsqueda del ingreso en las calles o en el campo, según corresponda, para ayudar a sus padres.

La educación, al igual que otras variables ya disminuidas, retrocederá. En esta época de oscurantismo del gobierno de la 4T, sus dirigentes no entienden que la educación es un arma poderosísima para sacarnos de la aguda crisis a la que nos enfrentamos. Por tanto, no deben escatimar los recursos económicos para educar y alimentar al pueblo durante y después de la contingencia. Pero tal parece que el gobierno de la 4T tiene otras prioridades.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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