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Economía
Sobre la competencia en el sistema “de libre empresa”
La competencia es uno de esos temas económicos tratados superficialmente.


El libro Microeconomic Theory, cuyos autores son Mas-Colell, Whinston y Green, es el manual de economía que se enseña en la mayoría de las universidades como texto básico para entender cómo funciona la economía capitalista. Representa una exposición de los postulados de la teoría neoclásica, en boga durante las últimas cinco décadas, y que sirvió para justificar teóricamente la deriva neoliberal de muchos países. Es un libro muy matematizado para revestir de cientificidad sus postulados, pero que, con poco que intentemos desentrañar el contenido real de ellos, la matematización sobra y limita la discusión en la complejidad que el análisis de los problemas económicos requiere.

La competencia es uno de esos temas económicos tratados superficialmente. Desde los orígenes del sistema capitalista, la competencia ha sido un tema ampliamente discutido y debatido por los principales teóricos de la ciencia económica. Sin embargo, si revisamos el índice para buscar la definición de competencia perfecta (sobre la cual construyen el equilibrio parcial y general) sólo en una página aparece la definición de “economía competitiva”: “En una economía competitiva, existe un mercado para cada uno de los L bienes, y todos los consumidores y productores actúan como tomadores de precios (price-takers). (…) (si ambos) son pequeños en relación con el tamaño del mercado, considerarán que los precios de mercado no se ven afectados por sus propias acciones”.

Es decir, los consumidores y las firmas son tomadoras de precio porque éste está previamente determinado por “el mercado”, una entidad ubicua e inasible. Pero si, por ejemplo, el precio llegara a no ser aquel que iguale la oferta con la demanda, sería necesario suponer un superagente, exógeno y benevolente, que ajuste el precio hasta vaciar el mercado. Las firmas no pueden más que mirarse el ombligo: por un lado, no tienen necesidad de considerar la demanda de los consumidores porque el precio está dado y no pueden influir en él –si respetan ese precio, todo se venderá–; por otro, tampoco les interesa cómo operan las otras empresas que producen el mismo bien, ya que todas deben respetar el precio y ninguna afecta la cuota de mercado de las demás. En suma, las empresas son prácticamente idénticas entre sí. Su incumbencia, por demás miope, es la maximización de beneficios dentro de su empresa.

La explicación de la competencia parte de la cuestión metodológica de cómo definir al sistema capitalista en su totalidad. Por ejemplo, en Marx y en los clásicos, el capital, forma de la riqueza social en el capitalismo, está guiado por el afán de ganancia. Esto empuja a cada capital individual a operar bajo esa lógica y ese imperativo; es una lucha contra todos por la expansión propia. La competencia real, dice Anwar Shaikh en su libro Capitalismo, competencia y crisis, es “antagonista por naturaleza y turbulenta en su funcionamiento. Los precios no son resultado de un mercado etéreo, sino de la interacción entre las firmas y la demanda: en una industria cada una fija los precios de sus respectivas mercancías, pero con relación a sus competidores y a la demanda. Esta competencia las obliga a recortar sus precios mediante la reducción del salario, el aumento la intensidad del trabajo o el cambio técnico.

En la economía neoclásica, el sistema de “libre empresa”, como es llamado el capitalismo, es armónico. El sistema está en equilibrio –la oferta es igual a la demanda, las firmas maximizan sus ganancias y hay libre entrada y salida de las firmas en el mercado– incluso antes de que los individuos (el punto de partida de su análisis) tomen decisiones; está predeterminado y es independiente del proceso por el cual los agentes llegan a él. Es, al mismo tiempo, causa y consecuencia de la competencia perfecta. Es más, dicho equilibrio es Pareto eficiente, es decir, que la distribución de la riqueza es eficiente y que no se puede mejorar la distribución de una persona sin empeorar la de otra.

Resulta entonces que el capitalismo y la competencia perfecta que explica la economía neoclásica parte de un fait accompli. En esa medida, más que ser una explicación elaborada, metódica y científica, es una justificación “teórica” de un estado de cosas existente. Así puede explicarse, en parte, el nacimiento de la economía marginalista durante la crisis económica que asoló Europa, conocida como “la larga depresión”, durante 1873-1896, y la aguda competencia entre los países imperialistas que llevó a la Primera Guerra Mundial; el resurgimiento de sus bases teóricas en la economía neoclásica, durante la antesala de la globalización y el neoliberalismo y su concomitante hegemonía en casi todas las universidades del mundo. 


Escrito por Gladis Eunice Mejía

Maestra en Economía por la UNAM.


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