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Sextante
Nuevo orden
López Obrador quiere un régimen dictatorial que cancele los derechos de los mexicanos y está dando un “golpe de Estado”.


No cabe duda, amigo lector, que en el arte se da la lucha de ideas y la lucha, a final de cuentas, política. Y la cinta de Michel Franco Nuevo orden (2020) es un claro ejemplo de esto. Franco se hizo acreedor a varios premios en connotados festivales de cine como en la 77ª edición del Festival de Venecia (en donde se estrenó la cinta y ganó el premio del gran jurado). En Nuevo orden no hay un argumento sólido, bien hilado, etc.; hay huecos argumentales, lo cual contrasta con su producción estilo Hollywood y su ritmo, que mantiene al espectador atento a lo largo del filme. Sin embargo, Nuevo orden –al igual que las cintas distópicas– trata de convencer al cinéfilo o simple espectador, sobre lo negativo que puede ser un nuevo orden social. El filme es portavoz de la derecha mexicana, que siente amenazados sus intereses con los supuestos cambios que está realizando la “Cuarta Transformación” en el país. La historia nos narra la rebelión caótica de las masas empobrecidas y cansadas de tanta desigualdad y tanto desprecio de los consentidos del orden social, los potentados.

En esta distopía, el cineasta comienza por presentarnos la boda de Marian (Naian González Norvind) con Daniel (Diego Boneta). Rolando, (Eligio Meléndez) un exempleado de los dueños de la casa donde se efectúa la boda, llega a la fiesta por la urgente necesidad de obtener un préstamo, dado que a su esposa le harán una operación en el corazón que costará 200 mil pesos. La madre de Marian, Pilar (Patricia Bernal) es la primera que escucha a Rolando y piensa que este hombre se irá satisfecho porque ella logra juntar 35 mil pesos. Enfadada al ver que él insiste en que se le preste una cantidad mayor, se retira. Al darse cuenta de que el exempleado sigue ahí, Marian le pregunta que le ocurre; al saber su situación, ella decide pedirle dinero a su hermano, Alán (Darío Yazbek Bernal), pero éste, prácticamente solo intenta correr a Rolando. En su desesperación por apoyar a Rolando, Marian va a sacar dinero de su caja fuerte; pero con profundo enojo descubre que su madre ha cambiado la clave para abrirla. Marian, por último, recurre a Daniel, pero éste también se niega a apoyar. Marian, al saber que Rolando se ha marchado ya, le pide al chofer de la familia, Christian (Fernando Cuautle) que la lleve al domicilio de Rolando. Cuando ella ya salió de su casa, el estallido social ha comenzado, los amotinados llegan a la casa de la familia de Marian y los mismos sirvientes de esa familia comienzan a robar todo lo que pueden. Hay una despiadada venganza; los pobres les dicen a los adinerados “putos ricos”. Uno de los sirvientes mata a Pilar después de que abre su caja fuerte. En las calles hay saqueos e incendios; el Ángel de la Independencia está casi en ruinas, los puentes vehiculares de la ciudad tienen barricadas. El ejército sale a controlar el levantamiento, impone un “toque de queda” y da un golpe de Estado.

En el domicilio de Rolando se encuentra Marian, pero la casa es visitada por un pelotón del ejército y ella es secuestrada junto a decenas de personas ricas–, Marian y todas las mujeres cautivas son violadas por los militares; todos los secuestrados son torturados. Franco nos presenta a un México que se parece a las dictaduras militares del Cono Sur de los años setenta y ochenta del siglo pasado. A Franco recientemente se le cuestionó en una rueda de prensa el por qué en sus cintas hay una defensa de los whitexicans, y él respondió que este término también está lleno de racismo (un racismo a la inversa, en el que los mestizos e indígenas desprecian a los blancos). A mi parecer, amigo lector, la derecha y la ultraderecha mexicanas tienen a sus cineastas, los cuales expresan los miedos, las fobias, el odio clasista y racial de las élites adineradas. Por eso en Nuevo orden, los pobres son muy violentos, extremadamente peligrosos, etc. Sin embargo, a contrapelo de lo que indica el filme de Franco, López Obrador y su “Cuarta Transformación” –y en eso se equivoca rotundamente el cineasta– lejos de hacerle daño a las élites del dinero, ha logrado mantener el orden social que permite siga operando la concentración descomunal de la riqueza en unas cuantas manos. López Obrador quiere un régimen dictatorial que cancele los derechos de los mexicanos y está dando un “golpe de Estado” progresivo para eliminar las libertades y derechos de los mexicanos.


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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