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Si la guerra es la verificación de la política por otros medios, el ejercicio político encierra en sí elementos combativos que nos permiten reflexionar desde las estrategias y tácticas en los “teatros” de operaciones militares. Y es que el desempeño del morenismo nacional, siguiendo su ver y entender de las ocurrentes líneas de operación dictadas desde la mañanera las formas y objetivos que toman las medidas o ataques del Presidente y sus voceros, hacen recordar aquella lucha por conquistar las voluntades de los pueblos tercermundistas dirigida bajo la estrategia de hearts and minds (corazones y mentes) que proponían los colonialistas franceses e ingleses del Siglo XX.
La estrategia se aplicó bajo ese nombre en algunos de los escenarios asiáticos que querían liberarse de Inglaterra, por ejemplo Birmania, donde dio buenos frutos para el gobierno británico. Pero bajo otros nombres, también la proponían los teóricos franceses de la guerra anticomunista y contrarrevolucionaria, lideradas principalmente por David Galula y Roger Trinquier en Argelia, Indochina, etc. Las actividades que se encuadran como hearts and minds van dirigidas sobre los civiles, más que sobre los combatientes, buscando ganar sus corazones y sus mentes, es decir, una obediencia absoluta de la gente común, en favor del contrincante que trata de imponer su dominio sobre la sociedad.
La conquista de voluntades en una guerra comienza con un acercamiento pacífico o violento (según sea necesario) del interventor contra los pueblos. Una vez en ellos, de acuerdo a las circunstancias y ánimos en que encuentre la gente, debe aplicar tres tipos de medidas: las positivas, las negativas y las estructurales. El autor Christian Olsson explica que las primeras consisten en “la valorización de las acciones de las fuerzas armadas”, esto es, operaciones psicológicas edulcoradas o impregnadas de terror, con las que se induzca en la gente la idea de la superioridad inalcanzable y abrumadora del ocupante. Las negativas son el bombardeo incesante con ideas, ejemplos o discursos que logren una “estigmatización del adversario” que se traduzca automáticamente como verdad a los ojos de la gente. Por último, las estructurales son un “reformismo político, económico y social” o, léase, procurar resolver algunos problemas inmediatos de los habitantes (brindar algún servicio inexistente en la población, dar dinero, etc.). Al mismo tiempo, el conquistador mantiene siempre a mano el recurso de la violencia física (los asesinatos ejemplares, los fusilamientos, la cárcel, la tortura, etc.), que emplea a su arbitrio. En otras palabras, se trata de una guerra psicológica por legitimar mediante una distorsión de la realidad acompañada de promesas y ocasionales mejoras socioeconómicas y, por la fuerza, a un sujeto político que no es cabalmente aceptado entre la población.
Esto nos permite aterrizar en la política mexicana. Y es que el lopezobradorismo combina, acaso de manera burda o inconsciente, los elementos de una lucha de conquista de corazones y mentes en los mexicanos. Como muchos mexicanos no estamos de acuerdo con la forma personalista y arbitraria con que administra Morena, su gobierno busca moldearse, con discursos, una imagen de legitimidad absoluta para hacer y deshacer, y procura utilizar recursos positivos, negativos y estructurales, como la promoción de becas y apoyitos destinados a la gente necesitada, que en realidad solo funcionan donde hay un operador de Morena.
En el mismo sentido funciona la conferencia matutina del Presidente, que no es sino una plataforma de adulación de una “moralidad” de la “Cuarta Transformación” (4T) y de estigmatización de los “enemigos” para ensuciar su imagen ante los mexicanos, con los argumentos de que están “moralmente derrotados”, que son conservadores, mafia, corruptos, etc. Por último, la “consulta de revocación de mandato”, que como en fecha reciente reveló Lorenzo Córdova en una entrevista con Latinus, es concedida por la Constitución cuando la solicita la sociedad, pero en el momento actual es solicitada con insistencia por el gobierno porque sabe de cierto que ganará. En resumen, nos encontramos ante la fabricación de un nuevo recurso de la política de combate de Andrés Manuel López Obrador: ganar esta consulta podría ser utilizado como evidencia ideológica para la gente común y como ejemplo de que un Presidente y su proyecto elegidos dos veces (en 2018 y en 2021) –así sean ocurrentes– son legítimos y superiores.
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Escrito por Anaximandro Pérez
Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.