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América Latina es la región más desigual del mundo. A poco que pensemos en esta declaración, seguramente advertiremos que somos un continente que genera mucha riqueza. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) observó que el 10 por ciento más rico acumula casi el 80 por ciento de la riqueza de la región, mientras que 50 por ciento de la población más pobre sólo concentra uno por ciento de esa fortuna. América Latina emergió como unidad de análisis para las ciencias sociales a mediados del Siglo XX. La producción teórica ha sido fecunda y en ella han transitado tal cantidad de autores y corrientes, que ahora resulta necesaria la presencia de una guía, a riesgo de no llegar nunca a ningún sitio.
Por eso es importante la teoría marxista de la dependencia como afán de pensar la especificidad de las sociedades latinoamericanas. Dentro de sus representantes se encuentran Vania Bambirra, Theotonio Dos Santos y Rui Mauro Marini. La tesis fundamental planteada consistió en establecer el subdesarrollo no como una fase del desarrollo capitalista, sino como el resultado de la expansión del capitalismo central. Esta tesis implicó el reconocimiento de relaciones de dominación entre países centrales y periféricos, así como al interior de estos entre clases sociales.
Esta propuesta teórica sólo se edificó a partir de la teoría marxista, así como de la teoría clásica del imperialismo. Visto así, su mérito consistió en complementar, desde otro ángulo, los ciclos económico-político establecidos por Marx y Lenin.
Dos Santos estableció tres características centrales de la teoría de la dependencia. Las economías de los países periféricos se articulan con el sistema internacional y los aspectos nacionales, estableciendo una doble dependencia al interior de las sociedades periféricas, la generada por los países centrales y la determinada por la burguesía nacional, que configuran un entramado de relaciones de clase. Este modo de articulación se concretó no por el atraso de las economías, sino por la imposición de tres tipos de dependencias: la comercial-exportadora; la financiero-industrial, ambas consolidadas a finales del Siglo XIX; y la dependencia tecnológico-industrial. El acelerado progreso técnico llevó a exportar maquinarias y equipos obsoletos desde los países centrales a los países dependientes, de tal manera que cada avance de la industria latinoamericana reforzaría su dependencia económica y tecnológica.
Un segundo elemento común radica en que la dependencia debe ser entendida en el marco de la teoría del imperialismo. El carácter imperialista del sistema económico capitalista involucra, además del carácter económico del fenómeno, la supremacía de los países imperialistas a partir de la combinación de hegemonías (imposiciones culturales, ideológicas) y coerción (a partir de las instituciones y la fuerza militar). No hay capitalismo sin imperialismo.
La tercera es la caracterización de la fase contemporánea vinculada a la presencia cada vez mayor del capital monopólico en las sociedades dependientes. El dominio de los grandes monopolios provoca, en cantidad nunca antes vista, que el valor generado en los países periféricos fluya hacia el centro a partir de la producción agraria, minera, manufacturera.
El mecanismo de articulación arriba descrito nos permite recordar la utilidad de la teoría de la dependencia: América Latina tiene un problema histórico de transferencia de valor que, según los periodos del ciclo económico, se atenúa o agudiza; pero siempre está presente.
Al interior de la teoría marxista de la dependencia se plantea la necesidad de luchar por la instauración del socialismo como único camino para una lucha política de liberación de la dependencia capitalista y antiimperialista. Ahora que el mundo se convulsiona por la crisis del capitalismo neoliberal, las clases oprimidas del mundo deben conformarse como una sola fuerza mediante su organización y politización para implementar un nuevo ordenamiento económico, y político mundial y nacional. No hay duda de que ésa es la tarea, tal como Vania Bambirra señala: “las burguesías nacionales no pueden defender los intereses de la nación independientemente de los intereses del capital extranjero, pues ellas están asociadas a éste en calidad de socias menores”.
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Escrito por Eneas Sánchez
columnista