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UNA BOMBA SILENCIOSA
En la Grecia clásica se creía que las arterias eran solo un medio de sostén del corazón; por eso a la arteria magna le dieron el nombre de aorta, ἀορτή aortḗ, que en griego significa “que mantiene en alto”.


En la Grecia clásica se creía que las arterias eran solo un medio de sostén del corazón; por eso a la arteria magna le dieron el nombre de aorta, ἀορτή aortḗ, que en griego significa “que mantiene en alto”. También se creía que las venas transportaban aire porque, al disecar los cadáveres, siempre las encontraban vacías. Tiempo después, Claudio Galeno (129-199 d.C.), médico griego del Imperio Romano, descubrió que las arterias conducían sangre y que no solo sostenían el corazón. Más tarde, investigadores y artistas como Leonardo da Vinci, Andrea Vesalio y William Harvey (quien en 1616 advirtió que el corazón es como una bomba que impulsa la sangre a todo el cuerpo) lograron importantes avances en el conocimiento de la anatomía y la función de los vasos sanguíneos. Sin embargo, fue en 1661, tras el descubrimiento del microscopio, cuando Marcello Malpigui se dio cuenta que los vasos capilares comunican a las arterias con las venas.

La importancia que a partir de entonces se dio a esta área de la anatomía, y a la fisiología humana en general, tuvo sus resultados: se descubrió que con cada latido del corazón bombeamos aproximadamente 70 ml de sangre; y que, calculando la fuerza que ésta ejerce sobre los vasos sanguíneos (presión arterial), podemos saber qué tan grande es el esfuerzo que debe realizar el corazón para llevarla a todo el cuerpo.

Más adelante, en 1876, el médico austriaco Samuel Siegfried Karl Ritter von Basch –jefe del hospital militar de Puebla y médico particular de Maximiliano I, Emperador de México– creó el primer dispositivo para medir la presión arterial sin tener que hacer una incisión en la arteria. Se le ocurrió la idea de ceñir al brazo un torniquete hinchable que al desinflarse registraría el pulso en el manómetro. En esa época, estos instrumentos eran muy grandes, pero con el tiempo fueron perfeccionándolos hasta que se creó el esfigmomanómetro actual (con el que se mide la presión en los consultorios médicos).

La presión arterial normal en adultos es de 120 milímetros de mercurio (mmHg) cuando el corazón late (presión sistólica) y de 80 mmHg cuando el corazón se relaja (presión diastólica). Cuando la presión se mantiene constantemente elevada (igual o mayor a 140/90 mmHg) se dice que la persona padece hipertensión arterial (HA). Esta enfermedad también es llamada “presión alta” y se considera una “asesina silenciosa” porque los enfermos regularmente presentan pocos síntomas y la dolencia pasa desapercibida en gran cantidad de personas que desconocen estar enfermas y solamente lo advierten cuando tienen una complicación incapacitante o fatal. Entre más alta sea la cifra de presión arterial, mayor daño causa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica a la HA como factor de riesgo, pues es la principal causa de mortalidad a nivel mundial, ya que afecta a un cuarto de la población global y provoca la muerte a alrededor de 17 millones personas por año. En México la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSA) de 2016 estimó que uno de cada tres mexicanos adultos la padece. La HA aumenta el riesgo de padecer enfermedades cerebrovasculares, infartos de miocardio, fallas cardiacas y padecimientos renales.

La HA es resultado de numerosos factores genéticos y ambientales que tienen múltiples efectos sobre la estructura y la función cardiovascular y renal. Algunos factores no son modificables, como la edad, el antecedente familiar y la raza, pero otros son perfectamente prevenibles, como la obesidad, las dietas altas en sodio, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el estrés y la inactividad física.

Todas las personas mayores de 20 años deben medir su presión arterial por lo menos una vez al año. El control de los factores de riesgo juega un papel crucial para evitar y controlar la HA; promover dietas saludables y realizar actividad física diaria (por lo menos 30 minutos) son medidas sencillas que todos pueden realizar para reducir la probabilidad de adquirir dicha enfermedad. Hoy la prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento eficaz de la hipertensión, a decir de la OMS, se han convertido en una prioridad mundial


Escrito por Redacción


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