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Reportaje
Yucatán: progresan pocos y se margina a la mayoría
El modelo turístico-inmobiliario que predomina en esta entidad beneficia en grande a unos pocos, pero golpea la calidad de vida de la mayoría de los yucatecos.


El modelo turístico-inmobiliario que predomina en esta entidad beneficia en grande a unos pocos, pero golpea la calidad de vida de la mayoría de los yucatecos. El aumento en el precio de las rentas ha desplazado a la población a la periferia de la ciudad de Mérida, mientras cae el empleo, los salarios son inferiores a los de entidades vecinas y la canasta básica se vuelve inalcanzable para la mayoría; todo esto contradice el discurso triunfal de los gobiernos, que presumen una estabilidad económica y la calidad de vida de los yucatecos que está muy lejos de ser realidad.

Las rentas en el centro histórico de Mérida se han incrementado tanto que resultan impagables y muchas familias sin vivienda propia debieron desplazarse hacia la periferia, donde no cuentan con servicios urbanos, incluido el transporte público.

Durante la pandemia de Covid-19, Guadalupe Vasconcelos, ama de casa y trabajadora de comercio, tuvo que soportar dos aumentos de renta en menos de un año; ya que su casero le explicó que “la zona se encareció” porque se construyeron edificios de departamentos para renta turística.

Gana menos de ocho mil pesos al mes; su renta pasó de tres mil 500 a cinco mil 200 pesos. Su única opción fue vivir en una lejana colonia irregular ubicada al sur de la capital, donde las calles no están pavimentadas ni el transporte es el adecuado. “Mérida es bonita, pero ya no es para nosotros”, lamenta.

La situación de Guadalupe Vasconcelos es similar a la de miles de familias yucatecas en cuya vida cotidiana chocan los bajos salarios que no alcanzan para vivir ni con el supuesto crecimiento económico promovido por el gobierno.

El costo de los alimentos, otros insumos básicos y arrendamientos han aumentado más rápido que los ingresos desde el gobierno anterior –del Partido Acción Nacional– y sigue al alza con el morenista Joaquín Jesús Díaz Mena.

Al igual que su antecesor, este gobierno municipal presume haber posicionado a Yucatán como un modelo exitoso de economía en general, seguridad, calidad de vida y atracción turística.

Pero detrás de este discurso hay una realidad en la que el crecimiento inmobiliario y la inversión extranjera han provocado un alza sostenida en el costo de bienes y servicios, mientras los salarios no marchan al mismo ritmo.

Según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi), para cubrir los gastos indispensables de los yucatecos se requiere un ingreso de 18 mil 200 pesos mensuales, cifra superior a la media nacional correspondiente a 16 mil 421 pesos, incluso a la de los estados vecinos de Quintana Roo (14 mil 500) y Campeche (13 mil pesos).

De acuerdo con estadísticas del Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 87.6 por ciento de la población yucateca vive en pobreza multidimensional (ingresos, educación, acceso a servicios, salud y vivienda). Esto significa que nueve de cada 10 personas tienen graves dificultades económicas.

Vivienda: necesidad, no lujo

El boom del mercado de la vivienda en Mérida ha elevado sus precios por encima del ingreso de la mayoría de los hogares. El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) reportó que el precio promedio de una vivienda alcanza los dos millones de pesos con incrementos de hasta 40 por ciento en los últimos años, así como el promedio de las rentas.

Por ello, no es casual que Mérida se sitúe como una de las ciudades más caras de México con un costo de vida más alto que grandes urbes como Guadalajara; sólo por debajo de Monterrey, Querétaro y la Ciudad de México, como lo constatan cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

De acuerdo con el IMEF, Mérida se halla entre las nueve ciudades con mayor incremento en el costo de inmuebles residenciales. En el segundo trimestre de 2025, el precio de los inmuebles residenciales en la capital del Estado aumentó el 10.4 por ciento, mientras que el incremento nacional promedio correspondió al 8.4 por ciento.

Por lo anterior, las familias que antes vivían en al centro de la capital ahora deben residir en la periferia, donde los servicios públicos son insuficientes y el costo de transporte representa un gasto adicional al salario.

Gabriela Cuxim, trabajadora doméstica, tiene que salir desde las seis de la mañana para trasladarse a su centro de trabajo ubicado en la zona norte de la capital, pues vive en el extremo opuesto de Mérida, es decir, en el sur.

Su historia es la misma de la mayoría de los trabajadores que todos los días debe salir desde temprana hora para llegar a sus centros de trabajo, donde ganan el salario mínimo.

Igual realidad enfrentan otros trabajadores al interior de los municipios yucatecos; es el caso de las familias humildes de la comisaría Sitilpech, de Izamal, que hasta hoy no han recibido ningún apoyo para edificar una vivienda digna.

La señora Francisca Euan Moo, quien ya cumplió varios años viviendo en la casa de sus padres, donde también habitan otras cuatro familias, narró su situación a buzos: “los apoyos, cuando llegan, se entregan a las familias que ya cuentan con dos o tres cuartos que, en muchas ocasiones, usan como bodegas; pero hasta el momento, mi familia y yo no hemos recibido este tipo de apoyo”.

Canasta básica al alza

El monitoreo de precios de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) coloca a Yucatán entre los estados con la canasta básica (huevo, pollo, frijol, leche, azúcar) más cara del país, porque su valor promedio es superior a 893 pesos.

El reporte de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), señala que, en los últimos meses, la entidad estuvo entre las más afectadas por el encarecimiento de la canasta básica con alzas superiores al siete por ciento.

Esta situación se agrava porque contrasta con los bajos ingresos laborales: el Inegi reporta que más de una cuarta parte de las personas ocupadas en Yucatán vive en pobreza extrema; es decir, sus ingresos no alcanzan para comprar la canasta alimentaria.

Las familias más humildes de Yucatán deben elegir qué comida harán porque sus ingresos no les alcanzan para hacer las tres comidas al día. “Un kilo de pollo nos cuesta 70 pesos; pero faltan las verduras; a veces gastamos 300 pesos o más, y eso sólo para el almuerzo. Si tenemos niños, luego no nos alcanza para cenar”, lamentó a buzos Francisca Euan Moo.

“Los precios han subido demasiado, el pollo, la carne, el huevo, las verduras, el arroz: toda la despensa está subiendo y no nos alcanza; cada año estos productos van creciendo y este 2026 no es la excepción”, agregó.

Salarios rezagados 

Los salarios promedio en Yucatán son bajos comparados con otras entidades. Según información de la Secretaría de Economía, sobre empleo y salarios, el ingreso promedio mensual equivale a siete mil 370 pesos; en tanto que los trabajadores en la informalidad representan el 57 por ciento, cuyos ingresos son menores y carecen de prestaciones.

La mayoría de las cabezas de familia en esta situación tienen que emplearse como leñadores, albañiles, plomeros, barrenderos o de lo que esté a su alcance, como el esposo de la señora Francisca, que gana entre 200 y 500 pesos por hacer “chambitas”.

“Así se la pasa, buscando en qué emplearse. Sale a buscar para no perder el día y tener ingresos. Luego le hablan para hacer trabajos, pero no es constante, por lo que estamos viviendo al día y de lo que genera mi esposo”, relató.

Yucatán tiene 106 municipios y la situación económica varía según el lugar. De acuerdo con encuestas del Inegi, el 23.6 por ciento, es decir, 25 municipios, presenta ingresos laborales promedio por debajo de la línea de pobreza, lo que significa que la mayoría de las personas no ganan lo suficiente para cubrir lo básico.

En 102 de los 106 municipios, 96.2 por ciento, el ingreso laboral promedio está por debajo del salario mínimo mensual; es decir, son muy pocos los municipios con trabajadores que tienen ingresos suficientes.

En el municipio de Chikindzonot, los trabajadores ganan dos mil 565 pesos mensuales en promedio, la población es campesina y la mayoría se traslada a Cancún para trabajar en las zonas hoteleras porque su ingreso no alcanza para comprar la canasta básica.

En Tahdziú, Chankom y Tixcacalcupul, municipios también rurales y pobres, el ingreso mensual oscila entre dos mil 600 y tres mil 200 pesos, ¡monto más de cinco veces menor que el ingreso promedio de 13 mil pesos de Mérida! Sólo cuatro municipios superan el salario mínimo promedio: la capital, Conkal, Progreso y Kanasín, todos colindantes al área metropolitana de Mérida.

La pobreza rural

Si bien la pobreza se genera por igual en las zonas urbanas y en las rurales, la del campo y el número de sus afectados resulta mayor. Esto se debe a que sus trabajadores dependen de la cosecha, la apicultura, el urdido de hamacas o cualquier otra actividad que les produzca ingresos.

En las áreas rurales, la pobreza afecta al 35.2 por ciento de la población, frente al 25.1 por ciento de las urbanas. En el campo, la infancia es el grupo más golpeado con 35.5 por ciento de niñas, niños y adolescentes; seguida por las personas adultas, con 26.2 por ciento, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024.

En materia de carencias, el mayor rezago deriva del educativo, con 19.7 por ciento y el de alimentación nutritiva con 14.7 por ciento.

Gabriel Moo, apicultor de Ekpedz, Tixcacalcupul, ha denunciado en reiteradas ocasiones que su producción de miel resulta afectada tanto por la sequía como por la abundancia de agua a causa de las lluvias, según la temporada.

“La situación también se complica por la falta de apoyos del gobierno estatal y la cancelación de programas como Procampo Bienestar, de los que 200 campesinos fueron excluidos. Y se suma la eliminación del programa que brinda apoyo a los apicultores, lo que agrava nuestra situación”, alertó.

Las familias de la comisaría de Xthobel, del municipio de Tixcacalcupul, en numerosas ocasiones se han manifestado y solicitado ante las autoridades del gobierno estatal y Federal que atiendan sus demandas.

Las más importantes son los apoyos de materiales para artesanos locales que se dedican al bordado de prendas de vestir y para elaborar hamacas, así como insumos agrícolas. Los costos de servicios básicos –agua, electricidad, gas y transporte– también se han elevado mucho en los últimos ciclos económicos, lo que se traduce en una mayor presión sobre los ingresos familiares.

Érika Ic, trabajadora de una popular refresquera, se levanta diariamente a las cuatro de la mañana para empezar a las seis; llega al centro de Mérida, donde el transporte se concentra para ir a todas las colonias y áreas laborales; está puntual a las cinco para tomar el transporte y ahí debe esperar a que salga la primera corrida que demora entre 10 y 20 minutos, por lo que se le acorta el tiempo para llegar a su trabajo.

“Vivo en una calle donde está negreado todo porque no hay luz; hay huecos, es una cosa imposible de caminar, sin luces ni nada. No hay servicio público de electricidad, los postes tienen faros quemados; en cada esquina, la situación es igual, ya se reportó muchas veces, ninguna autoridad hace caso”, lamentó Armín Manzano Estrada, habitante de San Camilo II del municipio de Kanasín.

¿A quién beneficia el turismo?

El modelo económico –impulsado por los gobiernos estatales con el empresariado local, nacional e internacional– privilegia las inversiones en los sectores inmobiliario y turístico: hoteles, residencias de lujo y renta de propiedades vacacionales.

Estas inversiones han dinamizado la economía de Yucatán desde una perspectiva macroeconómica; pero los beneficios se concentran en empresarios privados nacionales o foráneos, mientras que los trabajadores enfrentan todavía precariedad salarial y elevados costos de vida.

Este modelo de desarrollo ha ampliado considerablemente la brecha de desigualdad social. El gobierno de Yucatán presume su desempeño, la seguridad y calidad de vida; pero la información estadística del Coneval y el Inegi, así como los testimonios cotidianos, muestran que ese crecimiento no se traduce en bienestar para la mayoría de los habitantes.

Sin políticas públicas contundentes para regular el mercado de vivienda, controlar la especulación, elevar los salarios reales y proteger el consumo de las familias, la entidad se consolida como un territorio donde únicamente quienes tienen altos ingresos, pueden vivir con dignidad, visitar playas turísticas, comer en restaurantes, acceder a actividades culturales o de entretenimiento; pero el resto de los yucatecos, la mayoría, se conforma con sobrevivir cada día. 


Escrito por Edna Hernández

Colaboradora


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