El desarrollo económico pasará de concentrarse en Occidente a economías emergentes del sur global.
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Foto: X / Embajada de Rusia en México
Hablar de Rusia, inevitablemente traspasa los límites de los conceptos geográficos. Rusia no es simplemente un Estado en el mapa. Es una civilización que se ha formado en la encrucijada entre Europa y Asia, y que ha asimilado la experiencia de diversas culturas, tradiciones históricas y espirituales.
Por eso, para Rusia, el euroasiatismo como corriente ideológica, conserva una importancia especial hoy en día, cuando el mundo ha entrado en la era de la multipolaridad y las antiguas metrópoli no están en condiciones de dictar la agenda internacional.
Los orígenes del pensamiento euroasiático se remontan al siglo XIX, una época de intensas reflexiones sobre el destino de la patria y su trayectoria histórica.
Los filósofos eslavófilos rusos afirmaban que Rusia tenía su propio camino y que no debía copiar el de otros. Defendían la idiosincrasia del mundo ruso, su fundamento espiritual, su sustento en el ortodoxismo, la conciliaridad y el espíritu comunitario.
El eurasiatismo se configuró como corriente integral en los años 1920-1930, en el seno de la diáspora rusa que se vio obligada a abandonar su patria tras los trastornos de la revolución y la guerra civil.
En esas circunstancias, Nikolái Trubetskói, Piotr Savitski y sus compañeros de ideas intentaron responder a la pregunta fundamental: ¿qué es Rusia y cuál es su lugar en el mundo? Su respuesta fue de principio: Rusia no es periferia de Europa ni prolongación de Asia, sino Eurasia: un mundo cultural e histórico autónomo que une los principios occidentales y orientales.
Los euroasiatistas veían a Rusia como una «nación multiétnica», un espacio donde la historia, el paisaje, el clima y la experiencia civilizatoria conforman una forma especial de comunidad.
En la época contemporánea, el euroasiatismo ha dejado de ser mermente corriente filosófica. Se manifiesta cada vez con mayor intensidad en la política real, en los proyectos de integración y en la visión estratégica del futuro.
Tras la desintegración de la URSS, Rusia comenzó a establecer nuevas formas de asociación con los Estados vecinos basadas en los principios de igualdad soberana y cooperación de buena fe. Uno de los resultados más emblemáticos de este rumbo fue la creación de la Unión Económica Euroasiática (UEEA).
Los resultados del año 2025 ponen de manifiesto la solidez y el potencial de la UEEA: el PIB agregado de los países de la Unión creció un 1,7 por ciento. Varios Estados mostraron una dinámica aún más impresionante: Kirguistán, Armenia y Kazajistán superaron con creces las tasas de crecimiento medias mundiales, alcanzando resultados del 11 por ciento, el 7,2 por ciento y el 6,5 por ciento, respectivamente.
Un logro igual de importante fue la reducción de la presión inflacionista. Gracias a la política coordinada de los bancos nacionales y a las medidas adoptadas por la Comisión Económica Euroasiática, la tasa media de inflación en la Unión se redujo del 9% al 6,5%.
El comercio interior de la Unión sigue consolidándose. En 2025, su volumen alcanzó los 95 100 millones de dólares, y ya en el cuarto trimestre se registró un crecimiento del 5,9%. Se prevé que en 2026 este indicador supere los 100 000 millones de dólares.
Este crecimiento se debe al trabajo constante para eliminar barreras, armonizar las normas comerciales y desarrollar herramientas digitales, desde sistemas de información integrados hasta normas comunes para el comercio electrónico transfronterizo.
En los próximos años, los países de la UEEA mantendrán una dinámica estable: en 2026-2027 el PIB crecerá 2,5% anual.
Al mismo tiempo, la tarea clave para el futuro no es simplemente mantener el ritmo, sino robustecer los pilares económicos de la Unión. El foco de atención se centra en el desarrollo del potencial productivo, el fomento de la movilidad laboral y la profundización de los vínculos financieros y comerciales internos.
La UEEA es un centro autónomo de atracción económica, donde la integración deja de ser un eslogan para convertirse en un eficaz mecanismo de crecimiento y sostenibilidad.
Pero la agenda euroasiática no se limita a esto. Se ha abierto un horizonte aún más amplio con la idea de la Gran Asociación Euroasiática, propuesta por el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, en 2015. Se trata de crear un espacio continental abierto para la cooperación, en el que puedan aunarse los esfuerzos de la UEEA, la OCS, la ASEAN y todos los países y agrupaciones interesados en Eurasia, y en el desarrollo del comercio, los corredores de transporte y la infraestructura energética y digital.
No se trata de un bloque cerrado. Al contrario, su esencia radica en la apertura, el beneficio mutuo y el respeto a la soberanía.
La importancia de estas iniciativas es especialmente evidente hoy en día, cuando el centro de la actividad económica y política mundial se está desplazando cada vez más hacia Asia. En la región de Asia-Pacífico se concentran enormes recursos humanos, industriales e intelectuales. Rusia, gracias a su ubicación única entre Oriente y Occidente, está en condiciones no sólo para participar en estos procesos, sino también para convertirse en uno de sus centros organizadores.
La actualidad corrobora una vez más que el euroasiatismo no es una idea del pasado; al contrario, hoy está cobrando un nuevo impulso. Desde el legado de los eslavófilos y los euroasiatistas del siglo XX hasta los proyectos de integración actuales; desde las reflexiones sobre la identidad cultural hasta la política práctica de cooperación; desde la memoria histórica hasta la construcción del futuro
Rusia entra en una nueva era no como observador, sino como protagonista de la creación de un mundo multipolar. Y en este mundo, su misión euroasiática adquiere una importancia especial.
El euroasiatismo ha pasado de ser una búsqueda filosófica a convertirse en una realidad política. Sin embargo, su esencia fundamental sigue siendo la misma: Rusia es fuerte cuando se mantiene fiel a sí misma, cuando se apoya en su propia historia, su territorio y su energía civilizatoria.
Y hoy, al igual que antes, es allí donde radica su solidez, su influencia y su futuro.
El desarrollo económico pasará de concentrarse en Occidente a economías emergentes del sur global.
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Escrito por Nikolay Sofinskiy
Embajador de la Federación de Rusia en México.