Las empresas deberán cumplir con planes de producción norteamericanos para obtener el descuento arancelario.
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La comunicación es arma estratégica en un frente invisible, donde Estados y corporaciones expanden su geopolítica. En tiempos de guerra, manipular emociones y decisiones de la clase trabajadora es vital para las élites.
Además de la energía, la comunicación es el otro rubro clave que define cómo funciona y se percibe nuestra civilización. Los artífices de conflictos de alta y baja intensidad ven en la información el recurso indispensable para cohesionar el propio bando o manipular al adversario.
Los conflictos contemporáneos ya no se limitan a imponer sobre el otro la fuerza física, sino también percepciones. Con estrategia y tácticas militares, los algoritmos, datos y claves establecen y controlan los relatos que llegan a miles de millones de personas.
Ése es el frente invisible que se libra en este momento de la historia, donde la información es tan letal como los misiles, bombas y torpedos. Así lo anticipó, desde 1998, el vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias Militares, general Vladimir Slipchenko: “Es claro que la confrontación informativa es un factor cuyo impacto será determinante en el futuro de la guerra en su origen, curso y resultado”.
Hoy que las resistencias en Cuba, México, Yemen, Congo, Irán, Rusia, Venezuela, Bolivia, Colombia y otras naciones enfrentan los abusos del imperialismo corporativo, las agencias de inteligencia operan en frentes invisibles, espionaje, entidades privadas financieras y comerciales, creando relatos contra el interés de las mayorías.
La información ya es tan trascendente en la vida cotidiana que es un bien capitalizable y negociable. Por ello cotizan tan bien en las bolsas de valores las tecnológicas de la comunicación y las agencias “de noticias”.
Su tarea en las guerras mediáticas es subir la tensión, crear incertidumbre o temor. Cuanto más se viralizan las narrativas, se producen más alianzas ideológicas, mayores ganancias o se manipula más, refiere el estudio de la hispana Universidad de Estudios Estratégicos.
Es así como en los conflictos neocoloniales en la Palestina ocupada, Venezuela e Irán, la mayoría de los usuarios de redes sociales recibieron contenidos diseñados para crear en ellos percepciones afines al interés imperial.
Y en un contexto de analfabetismo político se aspira a que audiencias desinformadas y manipuladas consientan la barbarie y la normalización de la violencia en la apropiación de territorios, que los invasores desplacen a millones de sus hogares, y que avalen el Apartheid y el racismo neofascista.
Ésos son los mensajes que reciben los trabajadores, mujeres y hombres del mundo en desarrollo, diseñados por los estrategas del poder desde ThinkTanks, medios y tecnológicas de la comunicación, para modelar su comportamiento hacia los conflictos en curso.
Si escandaliza la sistemática masacre sionista en Palestina, se exhibe a las víctimas como “bárbaros”, se viralizan antiguos videos de bodas o fiestas religiosas como si fuesen en vivo y se afirma que es Hamás, Hezbolá o iraníes celebrando ataques contra objetivos “civiles” en Israel u objetivos estadounidenses o de las monarquías del Pérsico.
Esa estrategia ya pasó de las noticias falsas a la alteración de imágenes y audios con Inteligencia Artificial (IA) e, incluso, de videojuegos.
Pero la intención neocolonial quiere más que esos contenidos viralizados. Los estrategas estadounidenses combaten en la campaña global de contrapropaganda y su objetivo es frenar la asertiva política de contrainformación de Rusia, Cuba, China e Irán.
Así lo revela un cable diplomático filtrado a los medios en la segunda semana de abril, firmado por el secretario del Departamento de Estado Marco Rubio el 30 de marzo y dirigido a embajadas y consulados en el exterior para que emprendan una “Campaña global de contrapropaganda”.
La Unidad de Operaciones Psicológicas del Departamento de Estado, célebre por desplegar tácticas no convencionales de comunicación, coordinará las Actividades de Comunicación Internacional (ICA). El objetivo de esa campaña es, según el cable: “Promover la política exterior de EE. UU. como la más segura y confiable del mundo”.
Y para crear esa narrativa en la propaganda que las embajadas estadounidenses diseminen por el mundo, el radical político Rubio pidió a sus diplomáticos: “cooptar a influencers, académicos y líderes comunitarios”, según el cable que publicó The Guardian.
Para operar esa campaña de contrapropaganda, el Departamento de Estado necesita a personas con habilidades tecnológicas. Y, sobre todo, sin reparos éticos para implantar ese pensamiento mediático en naciones y fuerzas antihegemónicas.
Su misión es construir la narrativa imperial y neutralizar las críticas a EE. UU.
Por ello, Marco Rubio instruyó a sus diplomáticos para aplicar todo un plan de reclutamiento de técnicos, académicos, influencers, que construyan esas narrativas imperiales. Ésta es una de sus consignas: “Sé un pensador estratégico y hábil comunicador”.
Así, ya operan en el frente invisible de la tergiversación esos mercenarios que no llevan uniforme, que tienen cuentas verificadas y miles de seguidores, explica el investigador Santiago Navarro.
Rubio, fiel servidor de las tecnológicas, sugirió herramientas de software intrusivo. Se trata de Community Notes de X –que da contexto a contenidos–; Northstar, para vigilancia masiva de redes, pues procesa hasta un millón de publicaciones diarias y StateChat, para redactar narrativas personalizadas.
En la coyuntura global, la intención imperial es moldear el relato para seducir o confundir. Lo hace con dinámicas como: el poder suave (soft power), el poder duro (hard power) o el más penetrante: poder filoso (Sharp power).
En los conflictos, el poder filoso vincula a la geopolítica con la comunicación, que se proyecta en todo cuanto se lee y escucha en los conflictos.
El ejemplo es la retórica de Donald Trump: parece cambiante, pero sigue un patrón: con la amenaza abierta, va la promesa de negociación, exalta el poder militar y apela a acuerdos de negocios. Tal oscilación esquizofrénica no es incoherente: es funcional a una estrategia que combina coerción y consenso, intimidación y seducción, describe el filósofo y experto en comunicación, Fernando Buen Abad.
Desde el conflicto en Ucrania se expandió la desinformación con IA, porque esa herramienta permite crear falsificaciones de mayor calidad a menor coste.
En la ofensiva contra Irán se distorsiona la naturaleza del conflicto: se llama Guerra en Irán, sin caracterizarla como Guerra contra Irán. Y es el primer conflicto bélico donde esa herramienta crea en millones una percepción negativa del sistema político y la sociedad iraní.
Esta situación escaló desde el 28 de febrero, tras el avieso ataque israelí-estadounidense; cuando Trump confirmó la ofensiva, ya circulaba en redes una imagen falsa del líder supremo iraní Ayatola Ali Jamenei entre escombros, generada con IA.
También manipuló la IA el premier israelí Benjamín Netanyahu al simular que hablaba farsi en el audio de un video y mentir a los iraníes, denunció la editora de noticias de la Unión Europea de Radiodifusión, Mahsa Aminolahi.
Esos engaños persisten por auspicio de gobiernos y un débil marco ético de las plataformas, aunque excepcionalmente los sancionan. Recientemente, el jefe de Producto de X, Nikita Bier, anunció que suspendería la monetización de cuentas de videos sobre conflictos armados que no adviertan que usaron IA.
Sostuvo: “En tiempos de guerra es fundamental que las personas accedan a información auténtica sobre el terreno”.
La mentira favorece a muchos. Es la “Evolución de la desinformación”, como la denomina el Observatorio Ibérico de Medios, que evidenció la narrativa de Washington de cambio de régimen o derrocar a dictadores para crear la percepción de legitimidad en sus agresiones en Venezuela e Irán.
Ni medios ni redes ofrecen información veraz de contexto a lectores y usuarios de redes: hoy nadie llama dictador a Franklin D. Roosevelt, cuya presidencia duró más de 12 años (1933-1945); tampoco al propio Netanyahu, con 16 años en el cargo; o a Paul Biya, presidente de Camerún desde 1974.
En su control del relato, esa prensa acusa al presidente de Rusia, Vladimir Putin, de liderar un “régimen autoritario” pese a haber sido electo y reelecto conforme a la constitución. Lo mismo se descalifica al presidente de Asuntos de Estado de Norcorea, Kim Jong-un, así como a Alexander Lukashenko y Daniel Ortega.
Desde que existe el conflicto ha existido la difamación del enemigo, tanto para cohesionar al propio bando como para debilitar al contrario. Hoy, esa manipulación usa la táctica del poder punzante (Sharp power) a través de contenidos difundidos en las redes y los medios convencionales e institucionales.
Si en la guerra la mejor defensa es el ataque, hoy el imperialismo atribuye a fuerzas antihegemónicas el uso del poder punzante. Acusa a “regímenes autoritarios o actores no estatales hostiles” de usar esa táctica para desestabilizar a sociedades democráticas, analiza el politólogo Luis Francisco Martínez Montes.
Sin embargo, el poder filoso es clave para el aparato militar de Occidente. Opera en Riga, capital de Letonia, el Centro de Excelencia sobre Comunicación Estratégica –el Stratcom COE– de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Encubre su tarea desestabilizadora con el objetivo de “combatir las amenazas híbridas” y “defender la democracia” incorporando cada vez más la desinformación, en sus acciones al interior de países del G-7.
Lo mismo hace el Centro de Compromiso Global de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al “contrarrestar” la propaganda y desinformación extranjera que socave su seguridad.
Como resultado, vemos a la emisora alemana Deutsche Welle (DW) propagar que Irán “rechazó el alto al fuego”; o como publicó la BBC el 1º de abril: “Cómo la amenaza de Rusia impulsa a Alemania a romper un tabú tras la era nazi, para crear la fuerza militar más poderosa de Europa. ¡Se atribuye todo lo negativo al otro!
Esas mentiras se realizan en medio de un hito histórico: ya vivimos la Quinta Revolución Industrial, con el dominio de la tecnología de aceleración exponencial, basado en el control informativo y la computación cuántica.
Por tanto, es un ámbito portador del futuro con la IA, concluye el Centro de Defensa Hemisférica William J. Perry
El impacto socio-político de esta revolución se anunció desde 1980, cuando Anthony Smith detalló el creciente poder de medios privados en formar opinión. Esa hipótesis es realidad 46 años después, cuando miles de millones dependen de prejuicios o alabanzas que transmite un puñado de agencias de noticias.
Ese discurso tiene sentido colonial, como cuando en 1988, Gregorio Selser denunció que la persuasión mediática convenció a millones de la supuesta amenaza comunista, para que respaldaran la guerra de baja intensidad en Centroamérica.
Si en 1990 el discurso de la niña kuwaití Nariya fue una trampa mediática que condujo a la guerra de EE. UU. en Irak, en Nuestra América persiste la intención de generar inestabilidad con intrigas por Internet creadas desde el Departamento de Estado.
Ahí están: el plan de Zunzuneo en Cuba y la guerra cognitiva contra Venezuela, que apuestan a la polarización, aunque la clave está en el poder de viralización y penetración de las redes sociales, explica la analista Carme Colomino.
El conflicto ucraniano fue el laboratorio donde los actores midieron sus fuerzas para configurar el relato. De un lado el modelo estadounidense de Silicon Valley –con el poder de Telegram y TikTok– midió fuerzas contra lo que el analista prooccidental Timothy Snyder califica de tecnoautoritarismo de Rusia y China.
Con esa estrategia, EE. UU. intentó reflejar en tiempo real las amenazas, miedos, heroicidades y devastación del campo de batalla. Tergiversó toda información e implantó su propaganda, que desnaturalizó el Apartheid neonazi del régimen ucraniano sobre la población rusa.
Esa combinación oscureció la realidad y logró la hibridación del conflicto. Por ello, en 2014 el mundo sólo supo del Maidán y de la “apropiación” rusa de Crimea, pero no del Golpe al presidente Viktor Yanukovich.
Fue entonces que el de Ucrania fue el primer conflicto donde la interconexión digital transformó los equilibrios de poder. Se mostró como lucha entre el bien (Occidente con Kiev) y el mal (el Kremlin), pero ocultó a millones que el partido derechista impulsó el Golpe y que la unidad Berkut de la Policía lideró la violencia.
También se encubrió que el senador demócrata Chris Murphy se jactó de que detrás de ese golpe estuvo EE. UU., como denunció el periodista Branko Marcetic.
En su sistemática descalificación al presidente de Rusia, Vladimir Putin, la prensa occidental lo acusa de obsesionarse por controlar los antiguos Estados de la URSS con “tácticas inspiradas en la tenebrosa KGB”, denuncia el analista Alastair Sloan.
Ese control del discurso cambió cuando medios como Russia Today (RT) llevaron al mundo la voz e imágenes del Sur Global. En 2011, aterrada, la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton alertó al Congreso de que EE. UU. perdía la “guerra de información”.
El nuevo frente se consolidó con el canal chino CCTV y la cobertura de Al Jazeera en las primaveras árabes. Mas medios y contenidos veraces llegarán, desde y hacia las naciones, para retratar su realidad y denunciar las mentiras imperiales en frentes invisibles.
Engañar por redes es la vía expedita para manipular impunemente. Circulan en TikTok ataques al gobierno de la Revolución Islámica de Irán, reclamos al gobierno mexicano por no romper relaciones con esa nación, repiten las mentiras sobre “armas nucleares”, el asesinato de funcionarios, pero no condenan el bombardeo de Israel y EE. UU. sobre el pueblo iraní ni el desplazamiento forzoso de millones por la masacre imparable de Washington y Tel Aviv.
Bajo un análisis del discurso, esto coincidiría con la estrategia Actividades de Comunicación Internacional que el Departamento de Estado de EE. UU. ordena a sus mercenarios de la comunicación. Esa táctica emotiva de victimizarse sustituye a las fuentes (documentales o testimoniales) que apoyen la versión, tal vez confiando en que sus seguidores le creerán sin confirmar la veracidad de sus afirmaciones.
El tecno-magnate David Sacks, denuncia la manipulación: la guerra en Ucrania se basa en mentiras sobre cómo empezó, cómo va y cómo terminará.
Nos dicen que Ucrania va ganando cuando está perdiendo. Nos dicen que la guerra fortalece a la OTAN cuando la debilita. Nos dicen que el gran problema de Ucrania es la falta de fondos del Congreso de EE. UU., cuando Occidente ya no puede producir más munición.
En cambio, nos dicen que Rusia está sufriendo mayores bajas cuando, en realidad, Ucrania se está quedando sin soldados, problema que el dinero no puede resolver.
Nos dicen que el mundo nos apoya cuando la mayoría cree que la política de EE. UU. es una auténtica locura. Nos dicen que no hay oportunidad de lograr la paz cuando, en realidad, hemos rechazado múltiples oportunidades para una solución negociada. Nos dicen que si Ucrania sigue luchando, mejorará su posición negociadora cuando las condiciones sólo empeorarán.
Pero las mentiras prolongarán la guerra, el Congreso asignará más fondos, Rusia ganará más territorio. Ucrania movilizará a más jóvenes que servirán a la masacre.
El descontento aumentará. Al final habrá una crisis en Kiev y el gobierno de Zelenskiy será derrocado.
Y cuando se haya perdido la guerra, se haya impedido toda alternativa y el país esté en ruinas sobre la pira que ellos crearon, los mentirosos dirán: “bueno, lo intentamos”.
Se habrá difamado de “títere del enemigo” a todo el que dijo la verdad. Afirmarán que habríamos tenido éxito de no ser por la quinta columna de apologistas de Putin, que apuñalaron por la espalda a los ucranianos.
Y tras eludir su responsabilidad y darse palmaditas en la espalda, pasarán alegres a la siguiente guerra, como con Ucrania tras sus desastres en Afganistán e Irak. Las mentiras son exhaustivas, pero funcionarán.
Las empresas deberán cumplir con planes de producción norteamericanos para obtener el descuento arancelario.
El estrangulamiento energético y la amenaza de un ataque militar para devastar a Cuba, sumados a un bloqueo comercial, político y psicológico por más de medio siglo, sólo tienen un nombre: terrorismo genocida de Estado.
De acuerdo con el diario Business Recorder, tanto Rusia como China han mostrado disposición a respaldar la solicitud pakistaní.
El pontífice condenó las advertencias de Trump y calificó la situación como una “guerra injusta”.
El número de personas que padecen hambre en el mundo podría aumentar de 45 millones a la cifra récord de 673 millones, lo que representa 1395.6% de incremento.
Teherán plantea restricciones al tránsito marítimo en la región y, ante amenazas, endurecerá su postura.
El imperialismo estadounidense ha intentado convencer a la opinión pública mundial que el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, ejecutado por las fuerzas armadas de Estados Unidos (EE. UU.), fue un acto de “justicia internacional”.
La serie incluye 30 imágenes en blanco y negro.
El aumento de la temperatura, la disminución de la precipitación en forma de nieve y su ubicación son las principales causas de extinción del glaciar.
Tres mil 600 niños han sido deportados desde el 20 de enero de 2025 a la fecha.
Pese al cerco policial, los manifestantes aseguraron que la movilización fue “exitosa”, al demostrar su disposición a continuar reclamando mejores condiciones.
De acuerdo con el jurado de la organización, estas imágenes conforman un retrato urgente del mundo actual.
Más de 96 mil personas permanecen a la espera de intervenciones quirúrgicas debido a la falta de electricidad.
El Ministerio iraní de Salud reportó 220 menores y 257 mujeres fallecidos.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.