Va a iniciar la quinta semana de ataques de Estados Unidos (EE. UU.) y su socio Israel a la República Islámica de Irán y el conflicto está empedernido.
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El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Joseph Biden, a quien la prensa atlantista gusta de llamar Joe para denotar familiaridad y estima, mediante una transmisión en vivo desde la Casa Blanca, se dirigió a los norteamericanos para darles a conocer sus decisiones acerca de la brutal agresión que lleva a cabo el ejército del gobierno sionista de Israel en contra de la población civil palestina en la Franja de Gaza. Cabe recordar que la presencia y la ferocidad de grupos de oligarcas asesinos en la región del Medio Oriente es sólo una parte de las necesidades de expansión del imperialismo que se generalizaron en el mundo a fines del Siglo XIX. Recursos naturales, vías de comunicación, obreros, consumidores y puntos terrestres y marítimos estratégicos para conservarlos y ampliarlos, marcaron la política rapaz de los explotadores del mundo y la consecuente tragedia de los pueblos.
Joseph Biden también se ocupó de hablar de la guerra en Ucrania. Esa otra desgracia de los seres humanos pacíficos se explica de manera similar. Son los mismos intereses y los mismos explotadores del mundo los que la causan y mantienen. Por lo menos desde la caída de la Unión Soviética, los imperialistas de EE. UU., sobre todo, han intensificado sus acciones para destrozar a Rusia, someter a su pueblo y apoderarse de su territorio y de sus inmensos recursos naturales. Prometieron no expandir a la OTAN y la llevaron hasta las fronteras de Rusia, impulsaron una perversa campaña de financiamiento y propaganda en favor de los fascistas ucranianos a quienes apoyaron activamente para que tomaran el poder por la fuerza en 2014 y luego los aventaron a embestir militarmente y expulsar a los habitantes de origen ruso de la región del Donbás; la ocupación de las tierras árabes de Palestina les servía de modelo. Sólo que aquí, los rusos de Rusia, encabezados por Vladimir Putin, decidieron defender a sus hermanos y ahora, el régimen títere de Ucrania, encabezado por Volodymyr Zelensky, se está desmoronando.
Por todo eso, como representante de los explotadores y los imperialistas, habló Joseph Biden desde la Casa Blanca. Dijo que EE. UU. sigue siendo “un faro para el mundo entero”. Los barcos de la antigüedad –ahora ya se guían con satélites– se dirigían hacia los faros y los veían con alegría para llegar a la costa, que era su salvación. Ahora, realmente, sólo añoran entrar y vivir en EE. UU., “el faro del mundo”, habitantes de países empobrecidos y sufrientes precisamente por las acciones de EE. UU.. Como el nuestro. En el que un candidato que les sirve como pocos, timó a su pueblo diciéndole que los pobres serían su principal mortificación y, tan pronto como pudo, precisamente con dinero del pueblo engañado, se puso a edificar aeropuertos, trenes para el gran turismo y productoras de combustibles para las fábricas enormes y las inmensas flotillas de transportes que desbordan las carreteras. A los pobres, además de hacerlos creer que no son víctimas sino héroes, les concedió ayudas diminutas para que no protestaran ni lucharan por una verdadera justicia social.
Joseph Biden dijo también en su mensaje que garantizar el éxito de Israel y Ucrania es vital para la seguridad nacional de EE. UU.. ¿Sí? Sólo que “la seguridad nacional de EE. UU.” consista en mantener y engordar las increíbles fortunas de sus magnates. Para inicios de julio, el índice de millonarios de Bloomberg reportó que nueve de las 10 personas más ricas del mundo son de EE. UU. y una más es de Francia. Ésos son los defendidos de Biden. Ésas, sus preocupaciones y prioridades.
No lo son los del extremo opuesto. Vaya un ejemplo dramático que por supuesto no es considerado de relevancia para “la seguridad nacional de EE. UU.”: “En los últimos cinco años, el estado de Misisipi, considerado el más pobre en EE. UU., ha registrado un aumento del 900 por ciento en el número de bebés nacidos con sífilis congénita”, informó NBC News el pasado mes de enero; eso, en los gloriosos tiempos de la inteligencia artificial es, indudablemente, una consecuencia de la pobreza y la ignorancia extremas que existen y crecen en “el faro del mundo”.
Conozcamos en la versión de una destacada integrante de la Cámara de Representantes el pliego petitorio de los plutócratas de EE. UU. para sus guerras imperialistas. Marjorie Taylor Greene publicó en su cuenta de X lo siguiente: “Joe Biden quiere: 61 mil 400 millones de dólares para Ucrania, 14 mil 300 millones de dólares para Israel, 14 mil 450 millones de dólares para la frontera sur, 2 mil millones de dólares para el Indo-Pacífico, 10 mil millones de dólares para ayuda humanitaria (Israel, Gaza, Ucrania, frontera) ¡Voy a votar NO por dinero para defender las fronteras de países extranjeros y si Joe quiere hacer algo con respecto a nuestra frontera, entonces que ponga una moratoria a la inmigración y deporte a todos los ilegales que dejó entrar! ¡El pueblo estadounidense ya no puede permitirse el lujo de financiar las guerras extranjeras de Joe!”.
Se entiende que la mujer esté escandalizada porque ya la deuda del gobierno de EE. UU. asciende a 31.38 billones de dólares y equivale a aproximadamente el 22 por ciento más del valor de todos los bienes y servicios que se producirán este año de 2023. Dinero para “las guerras extranjeras de Joe”, mientras en EE. UU. no existe el acceso universal gratuito a la sanidad y, por tanto, según datos oficiales, en 2018, 27.5 millones de personas, entre ellas, más de cuatro millones de niños, vivieron sin seguro social. Item más. Sólo en ese año de 2018, los estadounidenses gastaron 535 mil millones de dólares en medicamentos, un 50 por ciento más desde el año 2010 y, el año pasado, sólo de sobredosis de fentanilo, es decir, sólo los que consumieron cantidades excesivas y sólo de una droga, sobrepasaron las cien mil personas muertas.
Me llama poderosamente la atención que ante la espantosa matanza y expulsión de sus hogares de más de un millón de palestinos, muchos de ellos con sus hijos destrozados en brazos, numerosos medios de comunicación, hayan pasado a “interiores” u omitido por completo los reportes de esa realidad espantosa. Colaboro, modesta, pero decididamente a informar a mis posibles lectores del genocidio que se lleva a cabo en la Franja de Gaza, mientras, Joseph Biden, fiel a sus intereses y prioridades, exige más dinero para matar a inocentes de Gaza y el Donbás. “Una inversión inteligente”, dijo cínicamente. Muy inteligente: “Más de mil niños y niñas han muerto en las dos semanas de ataques aéreos israelíes sobre la Franja de Gaza, lo que equivale a uno cada 15 minutos, informó la organización humanitaria Save The Children” (La Jornada, 22 de octubre). Amigo, amiga: La cantidad está seguramente subestimada, pero ¿y si fuera el suyo? ¿y si fuera el mío? Torturar, herir, someter, explotar, matar, son las prioridades del imperialismo. No lo olvidemos.
Va a iniciar la quinta semana de ataques de Estados Unidos (EE. UU.) y su socio Israel a la República Islámica de Irán y el conflicto está empedernido.
El pueblo de Quicayán, perteneciente al municipio de Tecomatlán, es un enclave pequeño en los márgenes de los ríos Acateco y Mixteco.
En este momento no suena exagerado decir que en el curso de su historia la humanidad presencia una ruptura estructural que desde hace al menos cinco décadas se anunciaba.
La economía mexicana no crece. O más exactamente, “crece” de manera insignificante y preocupante.
En su obra Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík revela que el mundo puede construirse a partir del pensamiento común, la práctica utilitaria y la “fijidez” de las formas.
Las guerras no sólo se libran con misiles o tanques; también se libran en el plano económico y a costa del bolsillo de los más pobres del mundo.
La ideología dominante promueve la falsa creencia de que las guerras obedecen a causas subjetivas: ideológicas, religiosas o a desarreglos mentales de sus promotores.
“La espantosa guerra actual (sería) sólo el anuncio de nuevos conflictos internacionales todavía más mortíferos y (conduciría) en todos los países a nuevos triunfos de los señores de la espada, de la tierra y del capital”.
La XXII Espartaqueada Deportiva Nacional, celebrada en Tecomatlán, Puebla, no ha sido una simple competencia atlética de alto rendimiento, sino un auténtico derroche de energía, buena disposición, espíritu competitivo, euforia y convocatoria de las juventudes antorchistas.
Recientemente fue aprobada una iniciativa que modifica el Artículo 123 constitucional, relacionado con los derechos laborales, impulsada por el gobierno en turno con el respaldo de representantes sindicales, patronales y de grupos de la sociedad, según reportes periodísticos.
Entre los numerosos textos del siglo XIX que seconcibieron como instrumentos para la emancipación del proletariado, ninguno alcanzó un grado de legitimidad comparable al de la obra de Karl Marx.
Del siete al 15 de marzo, Tecomatlán, la Atenas de la Mixteca, se vestirá de gala y alegría recibiendo a miles de compatriotas que participan en el evento deportivo más importante de México.
La sección uno del primer tomo de El capital es clave para entender la obra de Marx y su método.
La situación es complicada y el tiempo apremia, ya que otras economías del mundo, señaladamente la China, producen mucho más y mucho más barato.
Los comerciantes, que poseen vasta experiencia en su oficio porque venden en numerosas ferias de la región y el país, hicieron comentarios muy reveladores.
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Escrito por Omar Carreón Abud
Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".