Se trata de un análisis del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, una pérdida asombrosa para la humanidad.
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El personaje central de esta novela es un “ser supremo” al que la clase media elige para liderear a su país hacia el logro de sus grandes proyectos políticos, económicos y el dominio de Europa del Este y el mundo. En esta ambiciosa empresa Kobes cuenta con el apoyo de un hombrecillo –el ascensorista del edificio donde habita–, quien se apellida Sand, “no Kant” y dice ser filósofo; el de un general del ejército experto en propaganda, quien es guapo, pero al que su “boca de tiburón” afea el rostro; y el de una gran empresaria monopólica.
Ubicado a finales de los años 20 del Siglo XX en Berlín, Alemania, el relato empieza con la muerte a balazos de Sand, disparados por un agente de seguridad justo cuando iba a celebrar el triunfo electoral de Kobes. Sigue con la mención de su enorme habilidad para convencer a las masas sobre la viabilidad de sus planes a través de la radio y los mítines; y, sobre todo, el de su conversión en la figura mítica de una “nueva religión” gracias a la práctica de las dotes más comunes, humildes e inherentes al pueblo alemán.
Estas expresiones son muestra de sus rasgos sociales, políticos e ideológicos: “Tengo pensamientos sencillos y metas sencillas. No soy nadie distinguido, no entiendo de política. Soy comerciante activo, símbolo de la democracia alemana. Nadie me conoce. Soy Kobes… Kobes no se da banquetes, Kobes no bebe, no baila. Kobes no fornica. Kobes trabaja 20 horas al día… Hay que Acaparar, yo y vosotros, hombro con hombro, y la economía mundial se convertirá en algo completamente privado. El Orbis pietus es nuestro… Yes, dijo el compañero, firmemente decidido”.
“La armonía humana entre la junta directiva y la masa, que entre el antiguo Estado patriarcal se daba por sí misma, se encontraba en el eslabón más alto jamás alcanzado. El alma del trabajador había sido comprendida. Había pasado el tiempo del profundo materialismo. La propaganda es esencialmente el reconocimiento del alma; su comprensión como fin de una mayor productividad humana”.
Con estas líneas, media docena de personajes con nombres ficticios y varios sucesos históricos, Heinrich Mann no tuvo necesidad de mencionar a Adolfo Hitler (Kobes); de invocar el enfermo alter ego de éste a través del ascensorista Sand; a su jefe de propaganda Joseph Goebbels con el “general trompudo”; a la gran burguesía alemana, inglesa, francesa y gringa con la “hábil Señora”; y a los electores de clase media que en 1933 lo eligieron como primer ministro con los ciudadanos manipulados mediante el uso del primer gran medio de comunicación masiva (radio).
Mann (Lübeck, Alemania, 1871-Santa Mónica, California, 1950) fue autor de medio centenar de novelas y libros de ensayo; militante socialista que con frecuencia recurría al marxismo, como lo evidencian sus dichos de que “la literatura y la política tienen la misma meta: modificar el mundo” y que “sólo el socialismo puede erradicar la guerra”. Entre sus novelas resaltan Profesor Unrat (llevada al cine con el título El ángel azul), El súbdito, Los pobres y La cabeza (La trilogía denominada la Tragedia del imperio). Fue hermano mayor de Thomas Mann, autor de La montaña mágica y Muerte en Venecia.
Se trata de un análisis del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, una pérdida asombrosa para la humanidad.
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Fue también editor especialista en la Dirección General de Publicaciones de la UNAM y es autor del célebre manual Cómo presentar originales y corregir pruebas para su edición.
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Escrito por Ángel Trejo Raygadas
Periodista y escritor.