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El nueve de junio, las elecciones al Parlamento Europeo evidenciaron la protesta del electorado a la guerra y contra las múltiples carencias sociales, acentuadas por el envío de cuantiosos recursos a Ucrania. Sobre Alemania, Sputnik consigna: “De acuerdo con un artículo publicado en The American Conservative y titulado Europa votó contra el conflicto en Ucrania, una encuesta interna del partido Alternative für Deutschland dejó ver que el conflicto en Ucrania era la principal preocupación de los votantes y eso se vio reflejado en las elecciones. Los partidos pacifistas, la AfD y la Alianza Sahra Wagenknecht, obtuvieron el 16% y el 6% de los votos, respectivamente, mientras que los socialdemócratas, en el gobierno que ha apoyado a Ucrania (…) apenas alcanzaron el 14%, y Los Verdes, el partidario más vociferante del conflicto en Ucrania, cayeron al 12% desde el 20.5% de las elecciones de 2019” (Sputnik, 14 de junio). Olaf Sholz admitió: “El apoyo del gobierno alemán al régimen de Kiev es una de las razones del fracaso del partido gobernante SPD (…) hay muchos ciudadanos que no están de acuerdo con nuestro apoyo a Ucrania, que tampoco están de acuerdo con las sanciones que hemos impuesto contra Rusia” (RT, 24 de junio).
En Francia, Emmanuel Macron, vociferante bisnieto de Ares, sufrió una rotunda derrota: “su partido obtuvo menos del 15% de los votos, mientras que el derechista RN obtuvo el 31% ‘El terremoto electoral del domingo fue una respuesta a la preocupación de los votantes por el peligro de que el conflicto de Ucrania se convierta en un conflicto europeo’. La revista británica The Spectator publicó recientemente que la fuerte derrota de los partidos gobernantes en Francia y Alemania ‘hacen difícil ver cómo Macron o Scholz pueden ser más audaces en sus posiciones proucranianas en los próximos meses” (Sputnik, 14 de junio).
El triunfo de Marine le Pen, de RN, es significativo, pues ha manifestado anteriormente simpatía por Rusia y su presidente, incluso lo ha visitado. Dice Alasdair Sandford en Euroviews (19 de abril de 2022) “¿Cuál es la postura de Marine Le Pen sobre Rusia y Vladimir Putin? La candidata a la presidencia de la República francesa ha tratado de edulcorar sus relaciones con el Kremlin tras la invasión de Ucrania (…) Sin embargo, ha expresado abiertamente su admiración por el líder ruso en el pasado y ha defendido constantemente la política exterior de Moscú”. Recientemente declaró que, “de ganar, su partido podrá impedir el envío de tropas a Ucrania” (RFI, 27 de junio). ¿Mantendrá su posición?
En Inglaterra habrá elecciones esta semana, y las cosas pintan mal para otro pendenciero: Rishi Sunak. “Un récord de 75% de ciudadanos británicos tienen una opinión negativa sobre el primer ministro, reveló una encuesta de la empresa YouGov” (Sputnik, 21 de junio). Todo le augura un desastre: “… las encuestas pronostican ‘una inevitable derrota electoral’ al partido del primer ministro (…) ha perdido más de la mitad de su apoyo (…) escribe The Guardian”.
Y destaca Sputnik que: “… muchos británicos tradicionalmente conservadores, al decepcionarse con el gobierno actual, optan por el derechista Partido Reformista, liderado por el euroescéptico Nigel Farage (quien) declara que Occidente provocó el conflicto en Ucrania (…) en algunos sondeos ha alcanzado cerca del 20% de intenciones de voto y a mediados de junio hasta superó a los conservadores. Según la empresa global de investigación en línea YouGov, para este 1º de julio el Partido Reformista cuenta con un apoyo del 16% de los votantes, mientras los conservadores reciben un 20%” (RT, dos de julio de 2024).
Farage, ciertamente un derechista, se opone a la guerra, y gana votos. Sunak le acusa de “hacer el juego a Putin”, ante lo cual “(Farage) declaró que Occidente provocó el conflicto en Ucrania: “Como he dejado claro en múltiples ocasiones, si pinchan al oso ruso con un palo, no se sorprendan si responde. Y si no tienen ni los medios ni la voluntad política para enfrentarse a él, pinchar a un oso no es obviamente una buena política exterior (…) en una entrevista con la BBC expresó que la expansión de la OTAN hacia el Este le dio a Rusia una ‘razón’ para iniciar la Operación Especial Militar” (RT, 23 de junio).
Sunak paga también por el desastre social de su gobierno. Según Sir James Ratcliffe (segundo hombre más rico de Reino Unido): “Los costes del consumo de energía (en Europa) son cinco veces superiores a los de Estados Unidos. El gas es cinco veces más caro que allí. La electricidad es cinco veces más cara. Así que cualquier actividad que implique costes energéticos es poco competitiva en Europa (…) En el Reino Unido, por ejemplo, apenas queda industria química. Está acabada. Creo que nuestras autoridades no piensan en la importancia de la energía” (InfoDefense). Mas no sólo al Reino Unido: a todos los europeos les lacera la guerra, la desatención a sus propias necesidades agravada por el desvío de recursos hacia Ucrania y la elevada inflación provocada por sus gobiernos, que, sometidos a Estados Unidos, rechazan la compra de petróleo y gas barato rusos y prefieren el carísimo gas licuado norteamericano.
Las elecciones en Estados Unidos muestran una tendencia similar a la arriba descrita. Es de antología el fiasco de Joe Biden en el debate y la caída en su nivel de aceptación, por su deteriorada capacidad, pero en el fondo por la insatisfacción social. Según encuesta de CBS News, 72 por ciento de los encuestados considera que Biden no tiene salud mental y cognitiva suficiente para reelegirse. Trump le aventaja, pero no olvidemos que esencialmente ambos candidatos son iguales, aunque, mientras Biden atiza la guerra contra Rusia, Trump ha convertido en leitmotiv de su discurso terminarla y frenar la expansión de la OTAN y el apoyo a Ucrania. ¿Lo hará? Difícil saberlo, lo cierto es que el electorado aprueba esa política.
Y en Europa cae la imagen de Estados Unidos. Según un estudio del Pew Research Center: “… la percepción positiva de EE. UU. en Alemania pasó de 57% en 2023 a 49% en 2024. En el caso de Francia pasó de 52% a 46%, en Países Bajos, de 58% a 48%” (Sputnik, 12 de junio). Con su política guerrera, los halcones están hundiendo a su país, y eso preocupa a muchos políticos norteamericanos.
E igual que en Europa, aumenta la pobreza: “los estadounidenses compran menos productos alimenticios, revela Financial Times (…) En los últimos años, los consumidores estadounidenses han adquirido miles de millones menos de alimentos que antes de la pandemia de Covid-19, consumiendo menos, sobre todo en los hogares con menores ingresos. Según el medio, lo hacen en respuesta a la subida vertiginosa de los precios de los alimentos, así como de otros productos básicos como la vivienda y los seguros” (Sputnik, 23 de junio). Otra nota, muy elocuente: “… una encuesta revela que el 27% de los ciudadanos se salta comidas para ahorrar dinero debido a los precios de los alimentos en alza (…) el 28% de los estadounidenses dejó de pagar el alquiler u otras facturas para poder hacer la compra. Otro 18% considera solicitar cupones de alimentos y el 15% depende o se plantea ir a comedores sociales. El 80% reconoció que su mayor gasto es la compra de la comida…” (Fuente: Food and Wine, @elOJOen).
En conclusión, podría ser que los políticos emergentes con discurso antibélico buscaran una salida negociada a la guerra –aunque es muy incierto–; pero lo harían porque Ucrania ya está derrotada en el campo de batalla y a la OTAN se le terminan las armas; sin embargo, no deben cifrarse las esperanzas en sus promesas. Lo que sí es claro es que, al votar por ellos, los pueblos expresan su rechazo a los halcones que los gobiernan, y eso en sí mismo es alentador; apunta en el sentido correcto, hacia la búsqueda de una convivencia pacífica con Rusia y de bienestar para los pueblos. Mas no olvidemos que la solución definitiva, la conquista de un mundo de paz y armonía, sólo será alcanzable cuando en todos los países gobiernen los trabajadores. La guerra es inmanente al imperialismo y los gobiernos a su servicio deben acatarla; así que los pueblos necesitan poner su propia, verdadera y definitiva solución: la toma del poder político en sus propias manos.
Vladímir Medinski, el asesor del presidente de Rusia, Vladímir Putin, esperaba que hoy se firmara al menos un acuerdo ya discutido, sin embargo, la parte ucraniana se llevó todos los documentos para estudiarlos.
La propaganda de Estados Unidos sobre un posible ataque nuclear de parte de Rusia, es una muestra de que EE. UU busca "argumentos adicionales para la confrontación", denunció Putin.
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La consulta ciudadana del próximo 10 de abril no se hará realmente para “revocar” el mandato del Presidente, sino para que sea “ratificado” o avalado por sus seguidores y que continúe alimentando su megalomanía en lo que resta del sexenio.
Este 19 de enero inicia el periodo conocido como intercampaña, y concluirá el próximo 29 de febrero.
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Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.