Sobre la falsedad del origen “natural” de los fenómenos sociales, la historia nos ilustra
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Esto me recuerda una novela de Nathaniel Hawthorne publicada en 1850 cuya historia se sitúa en la Nueva Inglaterra Puritana del Siglo XVII, en la que Hester Prynne da a luz a una bebé de paternidad desconocida. Por este hecho se le pinta en el pecho una A de color rojo escarlata para señalarla como “adúltera” o impura a fin de que todos la juzguen, ataquen y la eviten. Pero aun así Prynne lucha y vive con dignidad en una sociedad injusta e hipócrita.
El “daño reputacional” es algo similar a la pinta de la letra escarlata, sólo que se le aplica a una o varias naciones y en vez de la A, se utiliza la R de Rusia, la Ch de China o la C de Corea del Norte. Es también algo parecido a la recomendación que se nos daba cuando éramos niños de que no debíamos levantar una paleta caída al suelo porque ya la había “chupado el diablo”. Así que no hay que tener una buena relación con Rusia, porque si no “nos chupa el diablo”.
Pero esta actitud ridícula no tan es infantil como aparenta; se trata de una acción discriminatoria totalmente meditada por el imperialismo estadounidense, que no quiere que en el mundo exista ningún contrapeso a sus intereses. Se trata de una más de sus armas en la nueva Guerra Fría, de una nueva versión del nazismo para hacerse del control del mundo y deshacerse de quienes no comparten su sangre de raza superior.
Por ello, el imperialismo estadounidense insiste en colocar a los rusos como los malos, como los abusivos que quieren apoderarse del mundo y amenazan con destruirlo lanzando misiles nucleares. Pero el presidente de Rusia no es un octogenario al que se le olviden las cosas ni confunde al presidente de Egipto con el de México ni es un defensor de los intereses de las élites capitalistas.
No, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es un hombre inteligente, sencillo (lo conozco porque estuve en la tercera fila del recinto donde un día de octubre de 2023 leyó un discurso durante el Encuentro de Parlamentarios Latinoamericanos), que tiene la encomienda de política exterior de su país de defender a la humanidad del mundo unipolar y construir un mundo multipolar.
Pero también hay que decir que con el estigma del “daño reputacional”, la nueva letra escarlata, se aplican sanciones económicas a fin de que otros países no compitan con EE. UU. (aun así, Rusia ya es la quinta economía del mundo); se prohíbe la participación de los deportistas rusos en competencias internacionales, a diferencia de los israelíes, cuyo gobierno está cometiendo genocidio contra el pueblo palestino.
Hay que decir que ni Rusia ni China quieren hacerse del mundo ni imponer su modelo político y económico; tampoco pretenden destruir al mundo con armas nucleares, aunque disponen de ellas con el propósito fundamental de defenderse de un ataque gringo, pero no para exterminar ciudades, como lo hizo EE. UU. en Hiroshima y Nagasaki en 1945.
Lo que sí proponen Rusia y China es la construcción de un mundo nuevo, multipolar. En el pueblo ruso prevalece la idea de servir a los demás, lo que puede advertirse hasta en la forma de indagar el nombre de otras personas, ya que no preguntan “¿cómo te llamas?”, sino “¿cómo te llaman?; y la respuesta no es el individualista “me llamo”, sino “me llaman”, a fin de sugerir que se está subordinado a los demás.
También hay que decir que en Ucrania el gobierno de Rusia se defiende de los ataques del nazismo estadounidense contra su soberanía y, asimismo, defiende a la humanidad entera porque el gobierno imperial de la Casa Blanca no asume la defensa de la “libertad” de los pueblos ni de la “democracia”, porque su negocio es la venta de armas, como hoy se evidencia en la guerra de Ucrania.
EE. UU. se halla inmerso hoy en el proceso electoral para renovar la presidencia y a su actual titular le urge quedar bien con los grandes consorcios que se dedican a la fabricación de armas y el famoso “Estado profundo”, que sólo entiende el lenguaje de la guerra. Por ello es inconcebible que un gobierno que ni siquiera es capaz de resolver el problema de vivienda de su población crea que puede lograr la “libertad de la humanidad”.
Según el portal BAE Negocios, en 2023 EE. UU. batió el “récord de personas sin hogar”, con 653 mil 100 ciudadanos, cifra 12 por ciento mayor a la de 2022. En el portal Barriozona el pasado 14 de febrero leímos esto: “En una sola noche de 2022 aproximadamente 582,500 personas estaban sin hogar en Estados Unidos. De ellas, seis de cada diez (60 por ciento) se alojaban en lugares protegidos como refugios de emergencia, refugios seguros o programas de vivienda de transición, mientras que cuatro de cada 10 (40 por ciento) estaban en lugares sin protección, como en la calle, en edificios abandonados o en otros lugares inadecuados para la habitación humana [1].”
En una nota del portal RT[2], leemos: “La Cámara de Representantes de Florida aprueba proyecto de ley que prohíbe a los sintechos dormir en la calle… “No vamos a dejar que Florida se convierta en San Francisco, donde las personas sin hogar están por todas partes”, declaró recientemente el gobernador local, Ron DeSantis”. No sólo no se resuelve el problema, sino que se agrava en contra de los que más sufren.
Con todo esto, como puede verse, el “daño reputacional” se halla del lado de EE. UU., cuya oligarquía imperial es el único y real peligro de que pudiera haber una catastrófica guerra mundial. Sólo unidos, los pueblos podrán parar esta intentona de empoderamiento global.
[1] Personas sin hogar en Estados Unidos, datos del informe de 2022 (barriozona.com)
[2] La Cámara de Representantes de Florida aprueba proyecto de ley que prohíbe a los sintechos dormir en la calle - RT (esrt.site)
Sobre la falsedad del origen “natural” de los fenómenos sociales, la historia nos ilustra
Por estos días, al menos 11 mil niños, ciudadanos de EE. UU., lo cual significa que nacieron en ese país mientras sus padres se partían el alma para enriquecer escandalosamente a sus patrones, están abandonados porque sus progenitores están encarcelados o fueron deportados.
La Casa Blanca puede difundir muchas cosas para generar confusión, incluso lanzar amenazas; pero la realidad se impone y el problema económico lo evidencia.
La guerra imperialista de Estados Unidos (EE. UU.) y su satélite sionista lanzada contra Irán está en pausa y probablemente el conflicto se enfríe en las próximas semanas por los altos costos económicos y militares que representa para la parte perpetradora.
Hace poco, el 26 de marzo de 2026, Noelia Castillo, una mujer de 25 años, fue asistida para terminar con su vida en Sant Pere de Rives, Catalunya.
L a economía es la base de toda la vida social, incluida la política y la guerra, y en los días que corren, el desastre de Estados Unidos (EE. UU.) en Irán confirma esta tesis y pone de relieve profundas debilidades económicas.
En un país que se reconoce y se publicita como democrático no es mucho pedir que las autoridades privilegien el diálogo y las soluciones, sobre todo, éstas últimas, a los graves problemas populares.
El imperialismo estadounidense afirma que Irán está contra las cuerdas y que no tiene salvación porque está derrotado.
El miércoles ocho de abril, el Senado de la República aprobó la reforma a la Ley Federal del Trabajo para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
El martes siete de abril, Estados Unidos (EE. UU.) e Irán acordaron un cese al fuego para abrir paso a dos semanas de negociaciones.
Hace unas cuantas horas se informó que se detenía “por dos semanas” el ataque criminal que las fuerzas armadas de Estados Unidos (EE. UU.) e Israel desataron en contra de la República Islámica de Irán.
Durante el encuentro se analizó la Inteligencia Artificial (IA) como un instrumento fundamental para potenciar la productividad y las relaciones comerciales.
La medida no será inmediata: en 2026 no habrá modificación alguna; la jornada seguirá siendo de 48 horas y disminuirá un par de horas cada año hasta llegar a las 40 en 2030.
Hablar de Rusia inevitablemente traspasa los límites de los conceptos geográficos. Rusia no es simplemente un Estado en el mapa.
Históricamente, la región del Cáucaso ha sido convulsa, debido a su ubicación estratégica, siendo un pasaje de comercio y comunicación entre Europa y Asia y un punto de encuentro entre tres grandes potencias históricas, Rusia, Irán y Turquía.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.