A pesar de que el gobierno actual dice buscar un mayor reconocimiento de sus derechos, éstos viven con carencias en salud, educación y alimentación.
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“Sushi, plantas resbalosas, algo pegado a una roca…” fueron algunas de las respuestas cuando pregunté: ¿Qué sabes de las algas? Esta percepción no es extraña, pues las algas tienen un aspecto muy similar a las plantas e incluso se les conoce popularmente como “las plantas de mar”. Sin embargo, las algas pertenecen a un grupo conocido como el reino Protista (distinto al reino Plantae) y no comparten la totalidad de características y funciones con las plantas.
Las algas viven a diferentes profundidades en el mar, en aguas dulces, salobres o incluso fuera del medio acuático, pero siempre en ambientes húmedos y, también, adheridas a las rocas. Poseen una estructura simple llamada talo, que es el cuerpo del alga, el cual le permite vivir dentro del agua e incorporarla. Estos organismos pueden presentarse como micro o macroalgas. Una característica fundamental es que son autótrofas, es decir, son capaces de producir la energía que necesitan a partir de la luz del sol y los nutrientes del agua. Son, por tanto, los productores primarios del mar, la base de la cadena alimenticia acuática, una parte fundamental del ciclo del carbono del planeta y una fuente importante del oxígeno atmosférico.
El color que tienen se debe a los pigmentos que utilizan para realizar la fotosíntesis y varían en función de la cantidad de luz que existe donde viven. Las clorofitas son verdes, se desarrollan en aguas saladas y dulces a poca profundidad. Las pardas poseen un pigmento un poco más sensible a la luz que les permite vivir en aguas más profundas. Y las algas rojas o rodofitas captan la luz estando a gran distancia de la superficie.
Algunas especies de microalgas son capaces de multiplicarse exponencialmente y tener un aumento explosivo de su abundancia que recibe el nombre de floración o bloom. Aunque estas floraciones se producen de manera natural y periódica, cuando aumentan explosivamente pueden llegar a tener efectos negativos. La contaminación de aguas marinas ocasionada por la actividad humana aumenta la concentración de nutrientes y, por tanto, cambia la frecuencia, intensidad y duración de las floraciones. Desde 2014, la presencia del sargazo empezó a ser más frecuente en las costas del Caribe mexicano. Todos vimos en la prensa como esta macroalga se presentó en 2019 con una intensidad nunca antes vista y su expansión fue muy difícil de controlar. “El sargazo ha aumentado debido al incremento de la temperatura del mar por el calentamiento global y el exceso de nutrientes provenientes de los ríos, los cuales llegan al mar. Esta acumulación masiva se ha vuelto preocupante porque ya comenzó a afectar la flora y fauna de los sistemas arrecifales”, señaló la Dra. Brigitta Van Tussenbroek, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM.
Estos efectos nos recuerdan una vez más la necesidad de tomar acciones que conduzcan al equilibrio del planeta; las consecuencias son cada vez más graves para quienes habitamos en él.
Por otro lado, el uso de las algas por el ser humano inició en el Siglo XVII en Japón, formando parte de la alimentación y la medicina tradicional. Hoy en día, el cultivo de las algas se realiza en masa y tiene diferentes destinos, como es en la producción de biocombustibles, tratamiento de aguas, fines médicos, industria cosmética y alimenticia. Las algas tienen un alto valor nutritivo y escaso contenido en calorías y grasas; contienen antioxidantes, carbohidratos y aminoácidos. Son depurativas, ya que contienen ácidos que ayudan a eliminar del organismo toxinas depositadas en la sangre. Poseen altas concentraciones de minerales que promueven la remineralización y fortalecimiento de los huesos, uñas, piel y cabello. Aportan vitaminas importantes para la formación de glóbulos rojos y células que recubren el interior de algunos órganos.
Las algas resultan ideales para nuestra época, en la que los malos hábitos dietéticos, los alimentos procesados y el uso de sustancias químicas en la agricultura, desvirtúan el sentido de la nutrición y debilitan nuestro organismo. Los países consumidores de algas han demostrado que éstas nos revitalizan y rejuvenecen, porque poseen todos los nutrientes básicos que necesitamos, depuran nuestro organismo y nos ayudan a conservar la salud.
A pesar de que el gobierno actual dice buscar un mayor reconocimiento de sus derechos, éstos viven con carencias en salud, educación y alimentación.
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Escrito por Blanca Mendoza Mejía
colaboradora