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No se trata de hacer justicia, se pretende reprimir a la organización popular
Pero resulta que llegó al poder en Puebla un gobernador que, junto con el poder central del país, considera un desperdicio inaudito hacer obras y servicios para la gente más humilde.
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No son nada nuevos los casos en los que el Estado ha reprimido a opositores incómodos pretendiendo aplicarles la ley en vigor para detener sus actividades. Nadie debería sorprenderse. Siempre los luchadores consecuentes que se han colocado del lado del pueblo han sido estigmatizados, perseguidos, reprimidos y hasta asesinados para proteger los intereses de quienes detentan el poder. Tal es el caso de lo que está sucediendo en el estado de Puebla con el apoyo de algunas instancias federales en contra del Movimiento Antorchista Nacional.

Los antorchistas no pertenecemos a la clase política tradicional y nunca hemos tenido padrinos políticos poderosos, nacimos y crecimos en la entraña del pueblo, algunos de nosotros, los más favorecidos por la vida, somos hijos de profesionistas modestos que vivían de su trabajo y que pudieron estudiar una carrera gracias a los programas de educación masiva y gratuita que trajo consigo la Revolución mexicana. No somos familia de políticos encumbrados que hayan pasado su vida en el servicio público ni de industriales o terratenientes.

Salvo muy raras y honrosas excepciones y momentos, los dirigentes antorchistas no hemos sido tampoco funcionarios públicos, no hemos tenido, por tanto, ocasión de obtener ni buenos sueldos ni fortunas ilícitas, hemos vivido desde hace mucho tiempo de lo que nos da la organización para sobrevivir y trabajar (un servidor de ustedes sigue haciéndolo, ya que puntualmente entrego mi dieta completa como cuota voluntaria al Movimiento Antorchista). No tenemos capitales personales que heredar a nuestros hijos, les dejaremos solamente, como dijo hace tiempo mi maestro Enrique González Rojo, nuestra cuenta de sueños corrientes.

Nuestro querido dirigente histórico, el respetadísimo Maestro Aquiles Córdova Morán, fue hijo de un humildísimo maestro rural y una campesina inteligente y abnegada quienes había días que no sabían qué les darían de comer a sus hijos. Nació y creció entre la pobreza y los pobres de la Baja Mixteca poblana y sus viejos amigos y compañeros todavía lo tutean, pues sigue siendo, como los grandes líderes, uno de ellos. Aquiles Córdova no tiene fortuna, no tiene ahorros ni cuentas bancarias grandes ni pequeñas, ni nunca las ha tenido ni en México ni en ninguna parte del mundo y el vehículo que usa y la casa que habita son de la organización a la que pertenece y todo eso lo sabe perfectamente bien el gobierno de Puebla y el gobierno de la República. Se formó en Chapingo y ahí pudo desarrollar y fundamentar sus inquietudes hondas por hacer algo duradero y trascendente en beneficio de su pueblo y de los pobres de México. Es ingeniero Agrónomo, especializado en Industrias Agrícolas, no es, por tanto, maestro de profesión, el título de Maestro se lo otorgamos sus compañeros agradecidos que tenemos muy presente aquello de que a los grandes epicúreos no los hizo la doctrina, sino la asidua compañía del Maestro.

Ahí también, en esa antigua Escuela Nacional de Agricultura, nos formamos muchos de los líderes viejos del Movimiento Antorchista y ahí, también, conocimos y desarrollamos las más modernas formas de luchar por una sociedad más justa. Entonces se formó el núcleo de lo que más tarde, bajo la dirección genial y abarcadora del Maestro Aquiles Córdova Morán sería, en sus orígenes, Antorcha Campesina. El trabajo se inició en Tecomatlán, Puebla, ayudando a hacer justicia a un campesino anciano y desvalido al que pretendían despojar de su pequeño solar urbano poderosos y peligrosos caciques que habían tenido el poder en el pueblo los últimos cincuenta años. Más tarde vendrían las gestiones para conquistar una tienda Conasupo que aliviaría un poco a las víctimas de los abusos de trato y de precio del comercio caciquil y luego una secundaria técnica que les abrió nuevos horizontes a los abandonados niños tecomatecos que ahora ya han llegado incluso a ser regidores y presidentes y, sobre todo, eficientes presidentas municipales de su pueblo.

Pero la vida planteaba un problema. ¿Cómo se iban a sufragar los gastos de la intensa labor de gestoría, los ires y venires de una oficina a otra, los incumplimientos y los nuevos plazos? Un pequeño grupo de profesionistas llenos de ideales no podría enfrentar el problema a menos que encontrara algún mecenas que financiara sus actividades; pero aquí se complicaba más el problema: el que paga manda y manda para alcanzar sus propios fines. Y esos viejos luchadores no estaban dispuestos a ser instrumento de ascenso de ningún adinerado poderoso, querían servirle legítima y honradamente al pueblo y para eso… nadie paga.

Había que buscar, pues, afanosa y creativamente la manera de tener sus propios ingresos. Al principio se separaba algún dinero de los salarios que ganaban los viejos y los nuevos integrantes como empleados de diferentes centros de trabajo oficiales y privados. Pero así no se podía llegar muy lejos, lo concentrado entre todos era muy poco. Se pensó entonces y se ejecutó la iniciativa de fundar negocios lícitos que aportaran ganancias que irían a parar a una bolsa común para financiar las actividades lícitas también, porque gestionar obras y servicios de los programas gubernamentales para que vayan a beneficiar a las clases más necesitadas, es una actividad legal que protegen las garantías sociales de la Constitución. Al amparo de las leyes vigentes, se iniciaba un proyecto nuevo y original que nadie había emprendido: una organización popular con actividad empresarial. Así fue como se inició hace 40 años el proyecto financiero del Movimiento Antorchista, que ha crecido constantemente gracias a la escrupulosísima atención que le han brindado los héroes del trabajo financiero que se han hecho cargo de él. Algún día, cuando sea oportuno y de interés, podremos publicar cómo se fueron levantando uno a uno, con sudor y lágrimas, con la colecta pública de miles de voluntarios entusiastas (desde la pequeña gasera de El Paraíso, hace 27 años), los negocios que ahora sirven, no para el disfrute de algunas personas, sino para financiar la lucha cotidiana y esforzada en beneficio de millones de mexicanos, así como lo demuestran palmariamente los cientos de miles de obras y servicios que hoy se levantan y gritan a todo lo largo y ancho del país.

Pero resulta que llegó al poder en Puebla un gobernador que, junto con el poder central del país, considera un desperdicio inaudito hacer obras y servicios para la gente más humilde y canceló todos los programas de ayuda. Y cuando Antorcha, rigurosamente fiel a sus principios y a su hondo compromiso con el pueblo trabajador, haciendo uso de sus derechos de manifestación y protesta pública le exigió al gobernador que gastara el dinero del pueblo en beneficio del pueblo mismo, el gobernador Miguel Barbosa Huerta, acorralado por el descrédito que se ha ganado a pulso y ante la proximidad de elecciones, arremetió contra el Movimiento Antorchista.

Miguel Barbosa Huerta ha usado la represión descarada ya que numerosas manifestaciones pacíficas han sido recibidas con policías equipados hasta los dientes que amedrentan a madres de familia, niños y jóvenes; ha girado órdenes de aprehensión en contra de luchadoras sociales como Rosario Sánchez Hernández, Chari, acusándola de robo de despensas, mujer que no lleva en su monedero ni la cienmillonésima parte de la riqueza de la que disfruta el funcionario; Barbosa, en connivencia con autoridades de la UIF, ha urdido bloqueos ilegales de cuentas bancarias como la del Diputado Federal, Brasil Acosta Peña; para darle uso político a sus acusaciones, ha usado la represión mediática con periodistas venales que siempre se encuentran para lanzar calumnias escandalosas en contra del Movimiento Antorchista y, apoyado por algunas dependencias federales, promueve denuncias en contra de negocios de la organización y sus propietarios. La actividad empresarial del Movimiento Antorchista como diana de Miguel Barbosa. Sin ninguna prueba, absolutamente sin ninguna prueba y sin siquiera un proceso en curso, ha movido a su prensa para que diga que esos negocios son fruto de la corrupción y de dinero mal habido. No lo ha demostrado, no lo podrá demostrar, cuarenta años de trabajo financiero, ladrillo a ladrillo, no son, no pueden ser resultado de una audaz acción corrupta. Los antorchistas de Puebla, los antorchistas de México somos un solo hombre, somos un solo ideal y así nos defenderemos.

 


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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