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Brújula
La mujer y la manzana
No habrá un mundo seguro para ellas mientras el capitalismo patriarcal mantenga las mismas reglas y las siga explotando y envileciendo al igual que a los trabajadores varones.


Las estructuras de poder observan a la mujer como una fábrica de hacer niños y con la obligación de cuidarlos. La condena bíblica dictada contra ella hace miles de años sigue presente en la vida cotidiana actual por haber dado a probar al hombre “la manzana del bien y del mal”. No habrá un mundo seguro para ellas mientras el capitalismo patriarcal mantenga las mismas reglas y las siga explotando y envileciendo al igual que a los trabajadores varones. Las historias de maltrato a las mujeres son expuestas en la prensa cotidianamente y, en la mayoría de los casos, la violencia extrema queda a sólo un paso del feminicidio, sin que hasta ahora los funcionarios de los gobiernos prevengan o sancionen los ataques y maltratos a las mujeres, y con eso los consideran como algo normal. Por tal motivo, los días ocho de marzo de cada año, las organizaciones feministas salen a marchar a las calles y plazas para exigir respeto a sus derechos y para detener la violencia física contra ellas.

Las mujeres deben y pueden emanciparse. Para el filósofo e historiador político alemán Federico Engels era claro que la única forma en que las mujeres pueden liberarse de la sujeción varonil es mediante la ejecución de actividades productivas fuera de sus hogares y relegando las domésticas. Hoy en día esto sucede muy lentamente debido, en parte, a que tienen menos escolaridad y, por tal motivo, menor acceso al trabajo calificado; y también a que hay actividades como la minería y la agricultura que son demasiado pesadas. Durante su incorporación a labores fuera del hogar, las mujeres debieron aprender que su empoderamiento respecto a su par masculino no las exime de la explotación ni del maltrato laboral; que pueden ganar menos que un hombre a pesar de realizar trabajos semejantes; que pierden cuando compiten con un varón por una misma plaza de trabajo y que en un país subdesarrollado como el nuestro, que no puede captar toda la mano de obra disponible, su inserción al sector productivo resulta limitada.

Las mujeres en México también deben reflexionar en que su incorporación representa una ventaja para el capitalista; ya que en el pasado reciente con el trabajo de un miembro se mantenía una familia; y ahora, para que esto ocurra, deben trabajar prácticamente todos los adultos y en no pocos casos hasta los niños, porque el enorme ejército de desempleados existente en gran parte de la República ejerce una enorme presión contra los salarios de quienes ya trabajan, que además deben enfrentar el riesgo del despido en cualquier momento, porque pueden ser sustituidos rápidamente. Sí, es en este escenario perverso creado por los patrones en el que las mujeres deben aprender a “resistir”.

Es más que aleccionadora la historia de muchas mujeres que aun con leyes y jueces en contra han logrado instruirse y “saltar” de sus hogares rurales para emplearse en medios urbanos; pero eso no es suficiente, porque la emancipación integral o plena surgirá cuando brinden una misma lucha política para tomar las riendas del país y cambiar las reglas del juego junto a sus pares masculinos. Porque, aunque de cara a las elecciones federales, los oligarcas nos venden la idea de que las cosas cambiarán porque por primera vez tendremos una mujer presidenta, sea Xóchitl o Claudia, lo cierto es que estas señoras representan a la clase de los privilegiados y hasta ahora no han dado ningún indicio que favorezca a las mujeres o que realmente les interesen los derechos de su género; pero esto lo veremos muy pronto. 


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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