Hoy vivimos un episodio más de una larga historia de agresiones contra Cuba por saqueadores de todo pelaje.
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En 1867, Carlos Marx publicó El Capital, el libro de crítica a la economía política, un libro de estudio del modo de producción capitalista. En él recopiló también reportes sobre el trabajo de los niños en las fábricas en Inglaterra, hace 160 años:
Guillermo Wood, de 9 años, “tenía 7 años y 10 meses cuando comenzó a trabajar”. Se dedicó a transportar al secadero las piezas acabadas y devolver al taller las formas vacías. Entra todos los días, menos los domingos, a las 6 de la mañana y abandona el trabajo a las 9 de la noche aproximadamente. “Trabajo todos los días de la semana hasta las 9. Llevo así, por ejemplo, 7 y 8 semanas”. Resultado: ¡15 horas de trabajo diario para un niño de siete años! J. Murray, de doce años, declara: “entro hacia las 6, y a veces hacia las 4 de la mañana. Ayer trabajé toda la noche, hasta las 8 de la mañana de hoy. No me metí en la cama desde la noche anterior. Conmigo trabajaron toda la noche 8 o 9 chicos más. Todos, menos uno, han vuelto a entrar al trabajo hoy por la mañana”.
En 2021 el diario El País publicó, con base en datos de la UNICEF, un trabajo que se llama “160 millones de niños explotados”. En éste dice lo siguiente:
Hay niños trabajando para nosotros ahora mismo. Por todas partes. Exactamente 160 millones en cifras oficiales. Las extraoficiales se desconocen. Un total de 97 millones de niños y 63 millones de niñas que cada mañana no agarran sus carteras y se van a la escuela. No. Acuden a las fábricas, a las minas, a los campos, a los mercados, a los talleres textiles, a los prostíbulos… A veces, ni se desplazan. Viven en ellos. Menores de edad, entre 5 y 17 años, con oficio; sin nombre, muchas veces. Sin infancia siempre. Es uno de cada diez en el mundo. En los países ricos apenas los vemos; se esconden o disimulan. Pero en aquellos en vía de desarrollo, en los más pobres, se encuentran por doquier.
En México, el 30 de abril se celebra el día del niño, pero la situación de ese sector de la población también es dramática en el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) de 2022:
Se encontraba 3.7 millones de niños y adolescentes en condición de trabajo infantil: se identificó una mayor presencia de niños, con 60.2 por ciento (2.2 millones) respecto a 39.8 por ciento (1.5 millones) de las niñas. El mayor porcentaje de la población en trabajo infantil estaba dentro del grupo de 15 a 17 años, con 48.9 por ciento. Siguió la población de 10 a 14 años, con 40.4 por ciento y, por último, la de cinco a nueve años, con 10.8 por ciento; en cuanto a su derecho a la educación, tres de cada 10 niñas, niños y adolescentes en trabajo infantil no asistían a la escuela. El porcentaje aumentó entre niños, pues 32 por ciento no lo hacía. Entre las niñas, 27 por ciento estaba en esta condición: en cuanto a sus condiciones de trabajo el 33.5 por ciento laboró hasta 14 horas por semana, 18.1 por ciento cumplía una jornada de 14 a 28 horas, 14.7 por ciento tenía una jornada laboral semanal de más de 48 horas, 12.4 por ciento, de más de 36 a 48 horas, y 13.7 por ciento no tenía horario regular de trabajo. Según sexo, se observó que los niños cumplían jornadas más largas, 28.9 por ciento trabajó más de 36 horas por semana, en contraste con 22.7 por ciento de las niñas que trabajaron más de 36 horas. Asimismo, 48.4 por ciento de los niños laboró hasta 28 horas semanales. En las niñas, el porcentaje fue de 59.7 por ciento. Cabe mencionar que 14.9 por ciento de los niños y 10.6 por ciento de las niñas no tuvieron un horario regular de trabajo.
Los reportes mostrados por Marx y los datos mostrados por la UNICEF y ENTI 2022 evidencian que a pesar de los avances legales y sociales en casi dos siglos el problema persiste. Los relatos recopilados por Marx reflejan condiciones inhumanas que, aunque hoy están prohibidas en la mayoría de los países, se repiten en formas modernas, pues millones de niños siguen sometidos a jornadas extenuantes en sectores como la agricultura, la minería, el comercio informal e incluso la explotación sexual. Además de que la globalización y las cadenas de suministro internacionales se han servido del trabajo de niños para reducir los costos de producción en países menos desarrollados.
La cuestión más interesante es por qué la explotación de niños persiste y cómo todo el sistema legal y social constituidos hasta el día de hoy son incapaces de salvaguardar los derechos de los niños a vivir vidas dignas.
Una causa principal de la persistencia es la relación que se establece entre pobreza y trabajo infantil. Cuando las familias son incapaces de proveerse de las necesidades básicas, la urgencia de incrementar los ingresos lleva a que sean también los hijos los que se integren al mercado laboral. Es así que los datos de niños trabajando es consistente con los datos de una población en pobreza, es decir, a mayor pobreza mayor cantidad de niños trabajando. El Coneval reportó en 2022 que el número de pobres era de 46.8 millones (36.3 por ciento de la población total del país), 9.1 millones (7.1 por ciento) vivían en pobreza extrema y 37.7 millones (29.3 por ciento) estaban en pobreza moderada, es decir, que dado el alto número de pobres en México, se puede entender fácilmente que son precisamente sus hijos los que se ven en la necesidad de integrarse al mercado del trabajo a pesar de las precarias condiciones en las que laboran.
Pero la explicación más profunda habría que buscarla en la existencia de un sistema social que vive de la explotación del trabajo y que concentra la riqueza social producida en unas cuantas manos. Ésta es la causa principal que condena a millones de seres humanos a vivir en pobreza. Es así como se explica que haya millones de niños trabajando en las minas para extraer metales que sirven a la cadena de suministro de producción de celulares, computadoras, autos, etcétera. Una producción que está orientada a producir para vender para obtener las mayores ganancias posibles. Esta causa de fondo es lo que ha llevado a la existencia del capitalismo globalizado que ahora se conoce en el mundo, esto ha profundizado también las diferencias entre los países ricos y pobres y explica por qué grandes empresas de países ricos creen una estructura de producción en los países pobres, donde se emplean niños, para reducir sus costos de producción y, así, aumentar sus ganancias. Ejemplos de ello son África occidental, donde trabajan 1.5 millones de niños en minas o los millones que trabajan en la industria textil en los países asiáticos que maquilan a Nike u otras marcas importantes.
Con esto quiero llevar a reflexionar que las condiciones de miseria y explotación de los niños en México y el mundo no son un accidente, sino una condición estructural que le permite al modo de producción capitalista abaratar sus costos y así aumentar sus ganancias. Esta condición es la que también nos permite ver que, dado que no es un accidente, sino un modus vivendi, las políticas sociales o las leyes que buscan “proteger” a los niños siempre resultan insuficientes, dado que la dinámica económica tiene la necesidad de reducir los costos, buscará proteger a toda costa la supervivencia de la ganancia capitalista, sacrificando incluso a los niños. De no ser así, no se encuentra otra explicación razonable al hecho de que a 160 años de lo recopilado por Marx, persistan las condiciones de explotación de los niños. ¿Acaso no ha transcurrido suficiente tiempo ya para que la sociedad “civilizada” en la que ahora vivimos hubiera podido erradicar la explotación infantil?
Por lo anterior, es urgente que todo mundo comprenda que la explotación de los niños tiene una causa profunda: el modo de producción capitalista. Y que vista la magnitud del problema, sin dejar de luchar por hacer efectivos los derechos que se han conquistado con lucha social en el capitalismo para los niños, los seres humanos debemos ponernos como meta superar un sistema de explotación inhumano por uno que priorice al hombre sobre la ganancia.
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Escrito por Rogelio García Macedonio
Licenciado en Economía por la UNAM.