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Ciencia
La dependencia que frena al campo mexicano
La humanidad exige cada vez más alimentos; sin embargo, es necesario el uso de fertilizantes para producirlos.


La humanidad exige cada vez más alimentos; sin embargo, es necesario el uso de fertilizantes para producirlos. En la actualidad, éstos están considerados entre los básicos para lograr la seguridad alimentaria de un país. Por esta razón, comprender su origen, el mercado y su papel en la agricultura resulta fundamental.

Empecemos por definir qué es un fertilizante. Éste es, en esencia, un compuesto químico que nutre y mejora el suelo, generando un mayor desarrollo de los cultivos. En estos compuestos químicos encontramos tres elementos principales: nitrógeno para el crecimiento vegetativo (hojas y tallo); fósforo para el desarrollo de las raíces y flores; y potasio para mejorar la resistencia del cultivo al estrés hídrico.

La producción de los fertilizantes está ligada al acceso de energía (por ejemplo, gas), a materia prima y a tecnología. Los nitrogenados, los más utilizados en el mundo (60 por ciento del mercado), requieren aproximadamente entre 900 o mil 100 metros cúbicos de gas natural para producir una tonelada métrica de amoniaco (base de los fertilizantes). Por ello, países como Rusia, Qatar y Estados Unidos (EE. UU.) son líderes en esta producción. Los fertilizantes fosfatados derivan de la roca fosfórica, un recurso cuyo mayor depositante es Marruecos, con cerca del 70 por ciento de las reservas mundiales. Los potásicos provienen de antiguos lechos marinos evaporados, haciendo de Canadá, Rusia y Bielorrusia los dueños del mercado.

Pero no todos los países productores o dueños de las materias primas son los principales exportadores. China, India y EE. UU. consumen la mayor parte de lo que producen, por lo que los principales exportadores son Rusia, Canadá y China. Los principales importadores son Brasil, India y EE. UU., cuya intensa agricultura agota los nutrientes del suelo.

Estos datos trascienden porque el precio de los fertilizantes depende de la geopolítica, el costo de la energía y de la oferta y  la demanda. Tal dependencia se demostró con el alza de los precios cuando Rusia inició la Operación Especial en Ucrania y, en respuesta, los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) impusieron sanciones a Rusia y Bielorrusia. Estas mismas sanciones afectaron el costo de los fertilizantes, dado que Rusia es uno de los principales países productores de gas natural, lo que generó una crisis energética.

¿Cómo entra México en todo esto? Nuestro país consume cerca de cuatro millones de toneladas de fertilizante al año; sin embargo, es un productor ineficiente. Producimos sólo el 35 por ciento de lo consumido y nos vemos obligados a importar el 65 por ciento restante. Rusia es nuestro principal proveedor (38 por ciento del total en 2024), seguido de Qatar y China.

Nuestro país, en respuesta a tal vulnerabilidad, ha intentado reactivar la industria nacional. Petróleos Mexicanos (Pemex) está rehabilitando plantas y proyecta duplicar la producción de fertilizantes. En paralelo, se está implementando el programa Fertilizantes para el Bienestar. ¿Resuelve esto el problema? Habría que ver; pero los resultados de los programas anteriores son un antecedente de lo que podría suceder con esta nueva iniciativa.

Para lograr el exito de este proyecto, el gobierno debe asegurar que el equipo utilizado sea altamente eficiente, con acceso a materias primas de calidad sin interrupciones y, otro factor: acceso al gas natural. Para ello, se requiere infraestructura, tecnología y personal especializado. ¿Tiene México todo eso? El problema es que arrastramos varias décadas de rezago tecnológico e investigación en la fabricación de fertilizantes. Mientras países como Qatar o Canadá han modernizado sus plantas con los más altos estándares de eficiencia y automatización, nuestras instalaciones (como las de Pemex) llevan años olvidadas.

¿Qué debemos hacer? Se necesita una política de Estado. Se debe proveer financiamiento, garantizar el suministro de gas y crear incentivos fiscales; se debe invertir en el desarrollo de tecnología, formar ingenieros e investigadores que desarrollen soluciones adaptadas a nuestros suelos y cultivos. Eso abonaría a la reducción de nuestra dependencia de otros países, reforzando nuestra soberanía. 

 


Escrito por Bryan Alexis Domínguez López

Colaborador


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