Pese al dolor y dimensión de la crisis, los bolivarianos se resistirán a ser el estado 51 de Estados Unidos.
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Hace algunos meses, opiné en torno al próximo Mundial de futbol que se efectuará en Estados Unidos (EE. UU.), Canadá y México, y enfaticé que a los mexicanos solamente “se nos está endulzando el oído”, porque nos inducen a creer que seremos sede de un gran evento deportivo, cuando realmente existen datos precisos de que esto representa una mentira orquestada por la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).
De los 104 partidos previstos para el Mundial, sólo 26 de ellos se jugarán en México y Canadá; en cambio, en EE. UU. se disputarán 78 partidos, incluyendo la gran final. Con esto se demuestra que, realmente, la sede de la Copa del Mundo será EE. UU., mientras que a los países vecinos solamente les compartieron “una pequeña rebanada del pastel”.
¿Por qué retomar el tema? Muchos medios internacionales de comunicación han difundido el severo estancamiento económico en EE. UU. y la preocupación por combatirla expresada por las élites gobernantes estadounidenses. La administración de Donald Trump ha instrumentado medidas como cerrar sus fronteras a la inmigración, deportar migrantes en masa, establecer aranceles más elevados para los países con los que comercia, aliados o no, y provocar guerras y violencia en diferentes países para vender armamento militar.
En esto constituyen los intentos de sostener un sistema económico decadente; y pretenden apoderarse de todos los mercados mundiales, contra lo que resisten grandes y poderosas naciones como China, Rusia y otros países aliados suyos. El mundo entero debe saber que EE. UU. libra un conflicto geopolítico, principalmente contra Rusia y China, debido a que estas naciones se disponen a competir con la superpotencia en el terreno económico, militar y tecnológico; además, han propuesto que el mercado mundial no se concentre en manos de un solo país; al contrario, han pugnado por establecer una economía multipolar con diversos centros de desarrollo; y esto afecta claramente a los intereses económicos de los gigantescos monopolios industriales, comerciales y financieros que respaldan al gobierno estadounidense.
Por estas razones, este Mundial de futbol tiene un objetivo estratégico en distintos ángulos: pretende proyectar una imagen falsa del país anfitrión y engañar a los pueblos débiles con muestras de “buenas intenciones”, sobre todo en Latinoamérica, donde el futbol es el deporte más seguido, además de fortalecer la debilitada economía estadounidense y enviar un mensaje de fuerza y poder al mundo.
No obstante, EE. UU. no es merecedor de la sede principal, sobre todo si consideramos que el supuesto objetivo fundamental del Mundial de la FIFA, como el de las Olimpiadas, es mantener la unidad, la paz y la fraternidad entre los países. EE. UU. no es un ejemplo en estos aspectos, porque después de la Segunda Guerra Mundial, ha sido la nación que más invasiones, golpes de Estado, misiones militares e incursiones armadas ha patrocinado contra naciones que no se someten a sus intereses.
Además, de los históricos bloqueos económicos, saboteos, sanciones arancelarias y robo de recursos naturales contra diversas naciones que implementan modelos económicos distintos a los impuestos por los monopolios estadounidenses, la más reciente agresión del gobierno estadounidense ocurrió la madrugada del tres de enero pasado, cuando su ejército bombardeó diversas posiciones militares y civiles en Venezuela y una fuerza de élite yanqui secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, para llevarlos a EE. UU.
Con estos actos, el gobierno estadounidense violó flagrantemente diversas disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas y quebrantó el orden internacional basado en normas. En esto están de acuerdo casi todos los analistas serios del mundo. Sin embargo, la FIFA ha omitido manifestarse al respecto, al contrario de las reacciones en 2022, tras la incursión militar de Rusia en Ucrania, y por la que la selección rusa fue sancionada y cancelados los eventos programados en su territorio.
Si la FIFA fuera consecuente con sus principios, debería retirar la sede a EE. UU. y prohibir a su selección jugar con los colores de su bandera, porque ahora es el símbolo de un Estado agresor que arriesga la paz y el equilibrio mundial. Pero no parece que sea así, el Mundial de futbol 2026 estará teñido con la sangre de las víctimas inocentes del imperialismo estadounidense, en medio de un ambiente de tensión y preocupación que invade a los países latinoamericanos, ya que los actos recientes del vecino del norte demuestran que somos vulnerables ante su política expansionista.
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El servicio deficiente que ahora brinda el STC Metro se debe a un “maquillaje” efectuado de inmediato, “de malas”, con prisa y retraso, y aún no terminan.
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La única forma de devolverle su sentido original al futbol y al deporte en general, no es boicoteando las justas internacionales, sino luchando por superar el actual sistema económico y construir una forma de organización social distinta.
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Escrito por Romel Flores Chan
Director del Instituto Deportivo Salvador Díaz Mirón.