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La llegada del ferrocarril impulsó una verdadera Revolución Industrial al favorecer el rápido contacto con el resto del país, así como el transporte de mercancías, que anteriormente circulaban a lo largo de las dilatadas terracerías del Camino Real, aquella reliquia sobreviviente de la Conquista española.
Las glorias pasadas de una primigenia era industrial basada en el hierro y el ladrillo son bastante visibles todavía alrededor de la antigua Cervecería.
Con todo y las sucesivas remodelaciones que han dejado casi irreconocibles los viejos edificios, se sigue respirando aquí un aire de industria pesada, de engranajes de hierro, de maquinaria textil, de fermentos cerveceros, de molinos al alto vacío, de adobe y cantera, de tejados de zinc y de carros de mulas, de nostalgia…
El tendido de la vía férrea a fines del Siglo XIX fue el detonante para el desarrollo de la industria en Chihuahua.
En esta capital, a partir de entonces, la zona aledaña a la estación del ferrocarril, a ambos lados del río Chuvíscar, por la avenida Juárez y en la margen norte del río, por el barrio de Santo Niño, se definió como de intensa actividad económica, comercial y fabril.
Resulta muy revelador conocer que, con una población de 30 mil 405 habitantes que había en la ciudad en 1904, tan sólo dos fábricas establecidas en la vieja zona industrial: la Compañía Cervecera y La Paz (fábrica de textiles), ocupaban entre ambas a 680 operarios. Con el cálculo de cinco personas por familia, la población que dependía económicamente de las dos factorías mencionadas llegaba a tres mil 400 individuos, lo que equivalía al 11 por ciento de los habitantes de la capital del estado.
El centro de la zona industrial, como se dijo, era la estación del Ferrocarril Central Mexicano, línea que conducía de la Ciudad de México a Ciudad Juárez y cuyo tramo desde Chihuahua a la frontera quedó inaugurado formalmente el cinco de febrero de 1882.
Pues bien, junto a la estación del Central se estableció también la terminal de aquellos curiosos y legendarios tranvías que iban en varias direcciones de la entonces pequeña ciudad. Y además, enseguida también de la estación, había otra estación terminal del ferrocarril mineral de vía angosta que venía de la Fundición de Ávalos y de la población minera de Santa Eulalia.
Todo tenía que estar necesariamente cerca del ferrocarril, y así se sabe que los transportistas, que los comisionistas, los mensajeros y una cantidad impresionante de negocios de toda laya estaban establecidos en la avenida Juárez, si no es que dentro de la mismísima estación ferroviaria. La llegada del ferrocarril impulsó una verdadera revolución industrial al favorecer el rápido contacto de Chihuahua con el resto del país, así como el transporte de mercancías que anteriormente se hacía a través de las dilatadas terracerías del Camino Real, aquella reliquia sobreviviente de la Conquista española.
Algunos de los negocios que se establecieron en la estratégica avenida Juárez, con toda la intención de participar en el auge económico que se detonó desde fines del Siglo XIX y que continuó hasta entrado el siglo XX, fueron los de la siguiente lista, por cierto, muy incompleta, pero que puede dar idea de la importancia de este polo de desarrollo:
* San Francisco, fábrica de sodas, extractos, jarabes y aguas minerales (Juárez No. 3108).
* La Paz, fábrica de ropa (Juárez No. 809).
* Cía. Cervecera de Chihuahua (Juárez No. 3313).
* La Industrial Fronteriza, fábrica de pastas (Juárez No. 3104)
* La Estrella, fábrica de galletas (Juárez No. 3333)
* La Favorita, fábrica de medias (en Rinconada Juárez)
* Ing. Alberto V. García, (Juárez 3106)
* Lavandería Moderna, (Juárez No. 2708 y 2710)
* El Metate, molino de nixtamal, (Juárez No. 903)
* La Aurora, Cía. Harinera de Chihuahua, (Juárez No. 3333)
* La harinera del señor Luis Osollo, (Juárez No. 3309)
* Alberto Goldsmith, oficina de ensaye metalúrgico, (Juárez No. 3108)
* Y una multitud de negocios que no se mencionan aquí por favorecer a la brevedad.
Destacaba, por su importancia y su enorme edificio, La Paz, S.A, fábrica de ropa ubicada en la avenida Juárez número 809, con una inversión inicial de un millón de pesos. Su gerente fue Benito Martínez y su presidente el magnate Federico Sisniega. A fines de los 1800, Chihuahua sorprendía de cuando en cuando con el anuncio de apertura de nuevos negocios, como sucedió en 1890, con la inauguración de La Paz.
Según el anuncio oficial realizado con el engolado y obsequioso lenguaje que engrandecía los méritos de la vieja clase terrateniente que, sin mediar conflicto social alguno, y a la manera de la crisálida que deviene en mariposa, se convirtió en la nueva clase burguesa industrial, se describía la creación de esta fábrica de la siguiente manera: “La Paz… uno de esos bellos nombres que producen armonía… fue óptima en sus frutos porque en poco tiempo, sus operaciones fueron de cuantía, que constantemente ha venido aumentando hasta formar la situación bonancible del día”. ¿Y la lisonja para el inversionista? Hacer la barba sin navaja, pues. Sin falta: “Al rendir un voto a la justicia, creemos oportuno aquí llamar la atención acerca de una personalidad cuyo nombre ha esparcido varias veces en esta obra (se refiere el redactor al libro México y sus progresos. Álbum-Directorio del estado de Chihuahua, terminado en abril de 1904), la del caballeroso señor Federico Sisniega, cuyos talentos, actividades y dineros los ha prestado siempre a disposición de todo lo que sintetiza trabajo e inteligencia, y así es como ha sido creador e impulsador de brillantes centros que hoy ocupan distinguido lugar en el progreso del estado”.
Volviendo a La Paz: muy sobresaliente fue el hecho de que muy pronto hubo de necesitar para sus trabajos de casi 400 operarios, entre hombres, mujeres y ¡niños! Sí, niños, recuérdese que en los tiempos del porfirismo, antes de que se redactara la Constitución actual y la Ley Federal del Trabajo, derivada del Artículo 123o, era común (y socialmente aceptable) tratar a la infancia como al resto de los trabajadores. “… que, en sus amplísimos y alumbrados salones, presentan interesante aspecto (siguen las lisonjas del redactor) dedicados a atender sus respectivos aparatos que obedecen a una fuerza de 150 caballos producida por gas, gasolina y electricidad. La capacidad de la manufactura es grandiosa, pues alcanza la cifra de dos mil piezas diarias. En La Paz se fabrica ropa de todas clases y estilos: fina y corriente, así como camisas de las que elabora el más completo surtido. Respecto al mérito de la labor, baste decir que La Paz ha sido premiada en cuantas exposiciones se ha presentado, como las de Guanajuato, Durango, Búfalo, habiendo obtenido en Guanajuato y Durango, los primeros premios”.
En avenida Juárez 3104 se encontraba La Industrial Fronteriza S.A. (teléfono 268, apartado postal número 5), compañía manufacturera de pastas y polvos alimenticios. Su presidente y director general era el señor Aurelio Sánchez Aldana. En aquella entonces majestuosa avenida Juárez se levantaba su edificio nuevo “de sencilla y simétrica fachada blanca”, como la describieron sus promotores. Ahí se explotaba la industria, novedosa para Chihuahua, de la fabricación de fideos, pastas, tallarines, macarrones y polvos también alimenticios, “todo de calidad irreprochable”.
La casa contaba con una completa y magnífica maquinaria movida por vapor. En el departamento alto se encontraba el trigo, que hacían bajar por gravedad hacia los subterráneos. Arriba también se encontraban dos cilindros y cuatro bancos de Nordyke and Mormon Cía., y sencillos e ingeniosos aparatos para llenar rápidamente la costalera. Más elevados, se localizaban los limpiadores de trigo y un cernidor rotativo para separar las clases de grano y purificar la harina. En el departamento bajo se ubicaron las prensas para la fabricación de pastas. Acá, la operación era de una simpleza genial, pues solamente se depositaba por un lado la pasta o masa, y por el otro lado salía ya el fideo (o macarrón, o tallarín, la forma precisa), ya labrado, listo para la siguiente etapa, pues el producto pasaba a los secadores, amplios y perfectamente ventilados.
Hoy en día, la industria de Chihuahua es otra diferente, pero en la vieja zona industrial se pueden encontrar todavía importantes fábricas operantes, vigentes, como la de la Avena No. 1 (ésta ya fue relocalizada), la Harinera El Globo, la Papelera de Chihuahua, la fábrica de embutidos Chimex, el recientemente sustituido Rastro Municipal, el mismo ferrocarril y sus estructuras que atraviesan el barrio, así como negocios de compra-venta de desechos metálicos, y otras tantas instalaciones.
La sola visión de las moles imponentes de los conjuntos fabriles a ambos lados del Chuvíscar, entre la avenida Colón y la Junta de los Ríos, traslada al espectador en espíritu a otras épocas que, por pasadas, no son ni peores ni mejores que la actual; simplemente son etapas diferentes del desarrollo de la ciudad.
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Escrito por Froilán Meza
Colaborador